Hay películas que no se filman solamente con una cámara. Se filman con la calle, con el barro de los barrios, con la respiración de quienes todavía creen que la vida puede torcer su rumbo. La lucha, la esperanza, un camino, el documental dirigido por Daniel Waisberg junto a Sebastián Marcote, pertenece a esa clase de obras donde la realidad no es materia prima sino corazón palpitante.

El film, que se estrena el 8 de julio en la Sala Norita Cortiñas de CABA, recorre provincias enteras —Jujuy, Mendoza, Entre Ríos, Neuquén, Buenos Aires, Tierra del Fuego— como si trazara una cartografía emocional del país. Pero no lo hace desde la mirada distante del observador, sino desde la voz de quienes lo habitan y lo transforman.

“Yo le propuse a Sebastián encararlo juntos —cuenta Waisberg— y empezamos a pensar cómo hacerlo. Era imposible abarcar las 16 provincias de la organización, por costos y tiempos. Entonces decidimos elegir puntos cardinales, como norte, sur, centro. Y ahí fuimos armando el recorrido”.

El resultado no fue un mapa administrativo, sino una constelación de voces. Más de treinta entrevistas que se entrelazan en un relato coral. “No queríamos un documental con dirigentes —explica el director—, queríamos que hablara la organización misma. Una polifonía donde cada uno cuenta una parte de la historia”.

En esa decisión estética hay también una ética: correr el foco del héroe individual y entregarlo a lo colectivo. “Es más fácil mostrar lo colectivo en el documental que en la ficción. Acá el protagonista es la organización”, dice Waisberg, casi como una declaración de principios.

El movimiento Ni Un Pibe Menos x la Droga aparece así no como objeto de estudio sino como sujeto narrador de su propia experiencia. Jóvenes que fueron parte del problema y hoy son parte de la respuesta. Jóvenes que dejaron de ser estadística para convertirse en relato.

"La lucha, la esperanza, un camino": el documental sobre Ni Un Pibe Menos x la Droga que recorre seis provincias

El documental se detiene en una pregunta central: ¿qué ocurre cuando el Estado se retira y los barrios quedan librados a su propia intemperie? Waisberg no duda en señalar la tensión: “Cuando hay menos acceso a salud, a trabajo, a educación, todo se vuelve más complejo. Y en ese vacío, el consumo problemático encuentra terreno fértil. El problema es cuando el único proyecto de vida disponible es el que destruye”.

La organización, en ese contexto, aparece como una construcción de resistencia cotidiana. “La lucha contra la adicción es construir un proyecto de vida”, resume el director. Talleres culturales, deportivos, oficios, acompañamiento médico y psicológico: una trama de contención donde la prevención y el tratamiento no se separan, sino que se abrazan.

Pero el documental no se queda en la denuncia. Busca también una forma de esperanza concreta, material, casi artesanal. “El acceso a la droga está siempre disponible —dice Waisberg—, pero lo que falta es lo otro: el acceso a una vida posible. Ir al cine, tener un trabajo, proyectar algo. Cuando eso se vuelve lejano, todo se complica”.

En su relato, la salud mental aparece como otro eje central, atravesado por estigmas persistentes. “Si tenés cáncer nadie te culpa. Pero si tenés una adicción, mucha gente te hace responsable. Y eso es un error profundo”, señala.

El director también reflexiona sobre el propio lenguaje del cine documental. “El principal insumo es la realidad”, afirma. Pero no una realidad ingenua, sino una que se construye, se edita y se interpreta. “Tiene algo de verdad que la ficción a veces no puede alcanzar. Esa sensación de autenticidad, aunque también puede ser engañosa si no se trabaja con cuidado”.

En su mirada, el documental tiene una potencia particular: la de romper el molde del héroe y dejar que lo colectivo respire en pantalla. “En la ficción casi siempre necesitás un protagonista. En el documental no. Podés contar una historia donde el protagonista sea un nosotros”.

"La lucha, la esperanza, un camino": el documental sobre Ni Un Pibe Menos x la Droga que recorre seis provincias

Ese “nosotros” atraviesa toda la película como una respiración compartida. Mientras el país atraviesa tensiones culturales y políticas, Waisberg no elude el contexto: “Estrenar en este momento es difícil. Hay ataques a la cultura, al cine documental. Pero también es necesario. Porque muestra lo que pasa cuando el Estado y la organización social trabajan juntos”.

En su voz no hay grandilocuencia, sino una convicción construida en el rodaje: la de que el cine puede ser también una forma de intervención, una manera de mirar lo que muchas veces se quiere invisibilizar. El estreno no es un cierre sino una apertura. El propio director lo deja claro cuando habla de sus próximos proyectos: otro documental en proceso sobre juicios de derechos humanos y responsabilidad empresarial, y la búsqueda constante de narrar el presente mientras sucede. “Me interesa contar lo que está pasando ahora, no solo rebobinar el pasado”, dice.

En esa frase se condensa quizá su poética: el cine como crónica viva, como testigo en movimiento, como forma de no dejar que la realidad pase sin ser mirada. “Cuando el Estado se retira —dice Waisberg—, lo que queda es la organización. Y ahí aparece algo fundamental: la posibilidad de un proyecto de vida. Porque sin eso, todo lo demás se vuelve más difícil”.

Y en esa idea, sencilla y enorme a la vez, se sostiene este documental: no como una respuesta cerrada, sino como una pregunta abierta que sigue caminando entre barrios, provincias y voces. Una pregunta que, más que responderse, se acompaña.

"La lucha, la esperanza, un camino": el documental sobre Ni Un Pibe Menos x la Droga que recorre seis provincias

En paralelo al documental sobre Ni Un Pibe Menos x la Droga, Daniel Waisberg cuenta que se encuentra filmando otra película que también se construye en tiempo presente, casi como una crónica en desarrollo. “Ahora estoy haciendo un documental sobre un exjefe de policía del ’77 —explica—, que está siendo juzgado como presunto cómplice en la desaparición de al menos tres obreros de una planta de Avellaneda”.

El proyecto, según relata, se apoya en testimonios de familiares de las víctimas y trabajadores de la fábrica, reconstruyendo no solo los hechos sino también la memoria viva del lugar. “Estoy entrevistando a trabajadores, a gente que estuvo ahí, y es fuerte porque se reactiva la memoria colectiva”, señala.

El eje del film gira en torno a un juicio que abre una discusión más amplia sobre la responsabilidad empresaria y civil en los crímenes de lesa humanidad. “Este sería uno de los primeros casos donde se juzga a un jefe de personal, a un directivo de empresa —dice Waisberg—. Hay una discusión sobre la cadena de responsabilidades. No es solo lo que pasó fuera de la fábrica: en este caso, los tres trabajadores fueron sacados desde adentro”.

También menciona otro proyecto en curso vinculado a un centro clandestino de detención asociado a la Noche de los Lápices, donde trabaja con sobrevivientes y testigos. “Tengo casi todas las entrevistas hechas, pero quiero incorporar escenas ficcionadas, incluso una secuencia de danza dentro del lugar. Para eso necesito financiamiento”, explica.

En su mirada, estos trabajos comparten una misma búsqueda: construir cine desde la tensión entre memoria y presente, entre lo documental y lo que todavía está en disputa. “Me gusta esa idea de no saber cómo termina la película mientras la estás haciendo”, resume, como si cada proyecto fuera también una forma de abrir preguntas antes que cerrarlas.

La lucha, la esperanza, un camino

Documental dirigido por Daniel Waisberg y Sebastián Marcote que se estrenará el 8 de julio a las 17 en la Sala Norita Cortiñas, Moreno 2654.