La morosidad en la Argentina es un drama que se multiplica. La socióloga e investigadora de la UBA en cuestiones de endeudamiento familiar, Luci Cavallero, sostiene que hay que pasar de la mora involuntaria a la voluntaria y cuenta cómo las personas con economías arrasadas y sobrepasadas por las deudas ya están empezando a organizarse frente a sus deudores, pero también frente al Gobierno. Este martes formará parte en la Legislatura porteña de la presentación del proyecto de ley para crear el Programa de Desendeudamiento Popular junto al legislador Alejandro “Pitu” Salvatierra con La Poderosa, Movida Ciudad y la economista Mercedes D’Alessandro. Justamente desde Movida Ciudad, entidad que Luci integra, reciben reclamos y situaciones de cada familia en el correo [email protected].
–¿Cómo se están organizando con esta problemática?
–A las personas que nos contactan les damos una primera respuesta y luego puede derivar en un asesoramiento, pero de manera militante. Aclaramos que no estamos dando soluciones financieras ni educación financiera, sino acumulando una serie de saberes sobre cómo renegociar mejor las deudas y cómo desarmar la forma de chantaje que hacen las empresas. Por ejemplo, hay empresas que llaman y hostigan a las personas como si hubiera una sentencia judicial cuando en realidad son situaciones de mora absolutamente normales, que no tienen consecuencia judicial. Relevamos los pocos recursos institucionales que quedan vigentes, hacemos derivaciones y organizamos la escucha. Esa primera escucha es muy importante porque las personas llegan muy angustiadas, con mucha sensación de culpa. A veces no lo cuentan a sus familiares y nos lo cuentan a nosotros y a nosotras. El primer trabajo es ordenar la situación, bajar un cambio, darle a esto una dimensión colectiva y estructural, para entender que es algo que le está pasando a muchísimas personas. Hay un padecimiento fuerte, una angustia fuerte. Y después las acompañamos en los casos en que tienen que renegociar deudas con los bancos: tenemos una serie de documentos para que puedan presentarse a la entidad y no caer en los tiempos del acreedor, que trata de hacer sentir que la situación es límite o que impone renegociaciones que en muchos casos son más onerosas que la deuda original y terminan en otra situación de impago.
–¿Lograron resultados concretos?
–Sí. A partir de saberes acumulados fuimos detectando formas en que la renegociación es mucho más beneficiosa para la persona. Hay deudas que conviene renegociar cuando llegan al estudio jurídico y otras que conviene renegociar antes. Eso lo tenemos mapeado. El resultado de hacer una renegociación asesorada colectivamente siempre va a ser más beneficioso que hacerlo vos sola, en tu casa, pensando que es un problema tuyo y hostigada por la entidad acreedora, que muchas veces se aprovecha de tu soledad, de tu aislamiento, de saber que vos esto no lo estás contando, entonces te hostiga. Cuando ya tenés un par de personas detrás que te dicen “tranquila, esto se puede resolver así, no hay embargo, no hay juicio”, ya vas plantada de otra manera. Incluso llegamos a acompañar gente a los bancos.
–El Banco Nación lanzó propuestas de refinanciamiento ante el aumento de la mora. ¿Cómo lo ven?
–Nos parece una tomada de pelo. Las tasas para clientes del Banco Nación son casi iguales a las que ya está pagando la persona endeudada. Además, la gente está endeudada con billeteras virtuales y eso no lo incluye. No viene a solucionar nada. Son formas de salvar sus propios balances. Más allá del problema estructural —si los ingresos no le ganan a la inflación y no hay una política de ingresos fuerte y de regulación de precios este problema va a tender a repetirse—, se podrían establecer quitas, condonaciones, períodos de gracia que permitan que las familias tomen un poco de aire. Nada de eso está contemplado.
–¿Esas serían entonces las propuestas concretas?
–Sí, quitas y condonaciones sobre todo. Para tener tiempo de seguir luchando por el cambio estructural. La deuda afecta a la organización política: hay trabajadoras y trabajadores que dejan de participar activamente en sus sindicatos porque están endeudados y tienen que extender la jornada laboral. Los sindicatos se están dando cuenta de que, además de luchar por paritarias salariales, hay que luchar por desendeudar a los trabajadores y a las trabajadoras. Es hoy una demanda que tiene que ser politizada. Son importantes las propuestas legislativas, pero también es importante la organización, generar un conflicto con este mundo financiero que está aprovechándose de una situación de precariedad generalizada para hacer negocios.
–¿Las personas que reciben el acompañamiento después se mantienen organizadas políticamente?
–En algunos casos sí: se acercan a militar con nosotros o se acercan a alguna de las instancias más colectivas. En otros casos no, pero siempre está la invitación y siempre está la aclaración de que somos una organización colectiva que le da un contexto político. Y en algunos casos esa gente se suma a otras instancias.
–¿Y si esa imposibilidad de pagar se hiciera voluntaria y organizada? ¿Qué pasaría?
–Eso es exactamente lo que venimos discutiendo. La mora ya es una forma de impago. Pero si esa imposibilidad de pagar se hiciera voluntariamente y organizadamente, qué pasaría. Porque incluso se puede pensar como país: Argentina con el FMI. Discutiendo las deudas de la vida cotidiana se politiza un proceso que puede terminar, con un trabajo político intenso, cuestionando la propia deuda con el FMI, que además está orgánicamente relacionada a la deuda de los hogares. Este gobierno no solo siguió al pie de la letra el programa del Fondo, sino que lo radicalizó. Entonces, la presencia del FMI también explica la deuda de las familias. Hay que entrenarnos en la desobediencia financiera: no se puede pagar y no se paga, porque además no es legítimo tener que endeudarte. Hay quienes se están endeudando porque el Estado les cortó prestaciones para personas con discapacidad. ¿Qué deuda le podés exigir a alguien que se endeuda porque le sacaron una prestación que necesita para cuidar a un hijo con discapacidad?
Cómo empezó todo
“Esto no empezó ahora, pero hay tres medidas de Milei que lo incrementaron –sostiene Luci–. La primera es la desregulación de los precios principales de la economía doméstica —alquileres, servicios públicos—. La segunda es la liberación de las tasas de interés: en este momento se elimina la tasa de referencia del Banco Central y las tasas no tienen marcos de referencia. Y la tercera es la política activa del gobierno para planchar los salarios y los ingresos populares por debajo de la inflación. Eso corrió la frontera del endeudamiento, que es lo que vemos ahora con la idea de mora. Es un sistema que está llegando a un límite”.
Demanda por sobreendeudarlo irresponsablemente
Las personas están empezando a accionar contra bancos y entidades de crédito. El mayor ejemplo lo dio en los últimos días un retirado de las Fuerzas Armadas que vive en Misiones: presentó una demanda acudando a bancos (Santander, Nación, IAF), Mercado Pago y una agencia de cobranzas de sobreendeudarlo «irresponsablemente».
Empezó con un préstamo UVA de un millón y medio en enero de 2024 y terminó con deudas que superan los $150 millones: él cobra menos de 1.500.000 de pesos de retiro por mes. Y empezó a tomar nuevos créditos para pagar los anteriores.
Ahora pide la nulidad de las cláusulas abusivas (principalmente el UVA) y, como alternativa, su propia quiebra como persona humana no comerciante.
Aducer que los bancos le siguieron prestando pese a que era evidente que no podía pagar. «En lugar de evaluar solvencia real, lo empujaron a una espiral de refinanciaciones que terminó en desastre», manifestaron especialistas. Un caso, como otros miles, que expone que el llamado “crédito responsable” está muy lejos de serlo en la práctica.