¿Cómo opera el neofascismo de la era de Javier Milei? ¿Cuáles son sus zonas públicas y oscuras? ¿Y los niveles de éxito de las políticas de la crueldad en una sociedad atomizada, librada a la desazón, a la desconfianza y a la supervivencia (del más apto)?
Los interrogantes están en un flamante libro del docente de Filosofía, investigador y ensayista cordobés Luis Ignacio García: Fascismo cosplay. Crónicas del desconcierto en el laboratorio argentino (Caja Negra editora). Un libro que tomó Instagram por asalto para existir. ¿De qué manera?
Lo dice la contratapa: los 160 fragmentos de este libro “se escribieron como posteos en Instagram entre inicios de 2024 y fines de 2025. Partieron del desconcierto generado por el triunfo de Javier Milei”.

Así, en esta “crónica virtual”, Luis Ignacio García busca “usar las redes sociales explorando sus límites y aprovechando sus contradicciones. Al efectismo de las opiniones virales y el fanatismo oscurantista” opone “claves de comprensión frente a la aceleración desquiciada de los acontecimientos”.
Pero señala algo clave: “Ese desconcierto no es signo de una anomalía electoral, sino de una mutación profunda de la que el gobierno de Milei es síntoma”.
Y allí entra el concepto de “fascismo cosplay”, que no estructura el libro pero le da identidad y rostro final.
¿De qué se trata? Se lee: “A diferencia del fascismo clásico, que era sinónimo de verdad totalizadora, el devenir cosplay del fascismo le permite abandonar la rígida topología moderna, otorgándole una movilidad táctica para entrar y salir de la democracia y destruirla por dentro”.
Escribe Luis Ignacio García, de 47 años, en la página 140: “Es gracias al escudo autoparódico que despliega a su alrededor con astucia cosplayer y ética troll que el fascismo entra mucho más fácil en nuestro mundo escéptico, fluido y veloz”. Si el fascismo era “sinónimo de rigidez”, ahora “la parodia deja de ser involuntaria y pasa a ser deliberada, lo que les da mucho mayor dominio sobre el campo de efectos de su performance”.
Así, hoy Argentina es el laboratorio “de una nueva ultraderecha posdemocrática en expansión internacional”.
Ante esta circunstancia, Fascismo cosplay explora -en sus 224 páginas- “las energías convulsivas que las derechas han sabido capitalizar y propone herramientas estratégicas que asuman las ruinas del neoliberalismo como posibilidad y terreno en disputa”.
Luis Ignacio García es doctor en Filosofía, profesor en la UNC e investigador del CONICET: trabaja en los cruces entre estética, teoría política y filosofía contemporánea y desde Córdoba señala: “Este no es un libro para convencer a los convencidos, sino para abrir el diálogo”.
Fascismo cosplay “tampoco es un libro para los que creen que los votantes de Javier Milei son dementes -dice García-. Es para los que creen que Milei es una pésima respuesta a un muy buen conjunto de preguntas y que el ascenso de las ultraderechas no debe ser ya motivo de indignación: es la realidad que debemos enfrentar y que sancionar un conjunto de transformaciones que ya nos constituían desde antes”.

Fascismo cosplay “es menos un libro sobre las ultraderechas que sobre esas transformaciones que las hicieron posibles y que exceden lo político: que marcan una muy fuerte crisis de la transmisión en todo nivel”.
¿A qué se refiere? “A cómo nos comunicamos con nuestros estudiantes, con nuestros hijos, con las militancias de los ’80 y ’90 y con las militancias nuevas.
Esa fractura no es un problema partidario ni para indignarse respecto de nada”, dice García.
“Tenemos que construir nuevas agendas que sean nuestras y que no dependan del diagnóstico que la derecha hizo de nuestra crisis: nuestras banderas tienen que estar en alto. El problema fue la defección de nuestras banderas en los últimos gobiernos, no las banderas mismas”.
Y piensa “en qué lenguajes vamos a afrontar estos desafíos: ¿En qué lenguaje para la academia? ¿Para el periodismo? ¿Para hablar con nuestros hijos? Ese es el problema del libro Fascismo cosplay: cómo recomponer una fractura generacional para pensar una salida democrática a los desafíos de este presente”, capta García. ¿Y qué más ve en Fascismo cosplay? “Yo creo que lo más efectivo que hace el gobierno de Milei es la enorme sintonía con la época: es como si viniera a legitimar, y, ahora con este plan de reformas laborales, legalizar lo peor del estado de cosas contemporáneo”.
Porque “para el trabajador, para el votante, el mundo del que habla Milei es el mundo tal cual es -analiza García-. Y el discurso progresista empezó a hablar de lo que debía ser el mundo, mientras que el mundo ya era otra cosa”. ¿Esto que implicó? “Por un lado, desde el progresismo se le perdió la pista al sentir popular. Y, por otro, el progresismo se puso en un lugar de superioridad moral, el cual fue denunciado por la ultraderecha».
Ésta, en cambio, dice que lo que necesitamos es adaptar el conjunto institucional, judicial y administrativo del Estado a eso que para muchos es el mundo en el que ya viven: la ley de la selva”.
Entonces “hubo una sintonía muy fina, por parte de Milei, respecto de la descomposición del mundo del trabajo, y de los derechos, que lo puso en sintonía con el ser, y al progresismo lo puso en cada vez mayor tensión frente a lo que debería ser. Todo eso, al progresismo, lo vuelve un blanco fácil de la ultraderecha”, observa García.
A lo largo de Fascismo cosplay “hay un esfuerzo muy grande para dar una disputa respecto de qué hacer al respecto”. ¿Y qué se establece? “Existe una distancia enorme entre la autocrítica que los progresismos debemos afrontar y entre admitir la crítica que la derecha construye acerca de nosotros”.

La ultraderecha “intenta pasar por encima de la renovación de la política que implicó toda la posdictadura -establece García-. Pero lo que los progresismos lograron construir como militancia en los últimos cuarenta años no se puede reducir a lo que las ultraderechas llaman lo ‘woke’: los derechos humanos, los feminismos, el ambientalismo y la lucha de los pueblos originarios, por ejemplo. Todo eso construye un gran paquete progresista y quieren que lo tiremos a la basura. Pero yo no estoy dispuesto a hacerlo”.
Para García “una de las tareas fundamentales es ‘desminorizar’ ese conjunto de militancias que la ultraderecha quiere que sean vistas como luchas de nichos o de minorías».
«Pero ni el feminismo ni los derechos humanos son luchas de nichos o de minorías. Entonces, una de las tareas fundamentales del presente es reconstruir los vínculos entre esas luchas supuestamente identitarias y su carácter estructural de crítica al capitalismo contemporáneo”, concibe. “Se trata de preservar el legado de nuestra postdictadura”.
Otra discusión que habilita Fascismo cosplay tiene que ver con la tecnología: “Hay que hacer un diagnóstico aggiornado para pensar en qué sentido la transformación técnica no desemboca en un gobierno cibernético y post-político como el que se plantea ya sea desde el modelo chino, o desde las democracias occidentales tentadas por el modelo chino».
Es decir, ¿por qué la cibernética no debe tener como destino el fin de la democracia? ¿De qué manera pensamos la disrupción técnica en la sociedad en un sentido democrático?”.
Luis Ignacio García recuerda los 160 posteos de Instagram -de 2024 a 2025- que unificó para el libro y se enfoca ahora en el concepto que le da título: “Fascismo cosplay remite por un lado al diagnóstico histórico y, por otro, a la irrupción de lo fake, de la posverdad, etc.
Fascismo cosplay se hace una gran pregunta: si el fascismo era un totalitarismo de la verdad única, ¿cómo es que el fascismo prospera en la posverdad? Esa es la gran pregunta del libro. Este hilo conductor toma a Javier Milei como síntoma y busca que la pregunta del fascismo nos haga interrogar las condiciones contemporáneas de su posibilidad”.
Frente a la ley de reforma laboral de La Libertad Avanza, que recorta históricos derechos sociales y que fue aprobada por el Congreso de la Nación con la connivencia de un gran sector del peronismo, Luis Ignacio García hace un cruce con Fascismo cosplay: “Esta ley -con la anuencia de la realpolitik- expone una crisis de la sociedad salarial. O sea, del salario como organizador de la vida. Uno de los temas del libro tiene que ver con eso cuando se habla de la sociedad como casino: el modelo que hoy organiza la relación entre el hacer y las expectativas es la apuesta, ya sea la online o la financiera”.
Es decir: “Ya no podemos contar con la sociedad salarial como la instrumentadora de mediaciones entre el trabajo y las expectativas de vida en relación con ese trabajo -explica García-. Así, Javier Milei viene a sancionar una crisis de la sociedad salarial que excede a la realidad argentina».
«La crisis de la sociedad salarial es un caso específico dentro de las crisis de las mediaciones, que es un gran tema dentro del libro: Milei es un líder populista porque prescinde de las mediaciones. Son su persona y su propia cuenta de Instagram, las que traccionan. No son un partido ni un ideario. En definitiva, siempre se trata de él”. «
Lenguas y fractura
Luis Ignacio García publicó distintos textos sobre arte y memoria, duelo y pandemia, discursos de odio y ascenso de las ultraderechas. Dirigió diversos proyectos de investigación y se involucró en distintas iniciativas editoriales y curatoriales. Editó los libros La hora del diamante. Diario de un duelo (2023), La comunidad en montaje. Imaginación política y postdictadura (2018), entre otros, y las compilaciones La Babel del odio. Políticas de la lengua en el frente antifascista (2021) y La imaginación política. Interrogantes contemporáneos sobre arte y política (2017).
“Las devoluciones sobre Fascismo cosplay vienen siendo muy gratas -cuenta García-. Me produjo satisfacción lograr, no sé si bien o mal, un cruce entre lenguas no académicas y lenguas académicas, para poder mostrar en ambos territorios que nos necesitamos mutuamente. Esa es una fractura que también hay que recomponer: la fractura entre las lenguas de la universidad y de la academia y las lenguas de la calle, de los medios y de las redes. Que este libro haya surgido desde Instagram no es indiferente”.
Humanidades
“Sin ser estrictamente un libro académico ni un ensayo político, Fascismo cosplay intenta preguntarse sobre todo ‘¿qué pasa con las Humanidades en este contexto?’ -abre el juego Luis Ignacio García-. Se suele escuchar la posición ‘nos están recortando presupuestos universitarios’ y creo que nosotros también tenemos que hacer un esfuerzo por encontrar formas más inteligentes de intervenir en la actualidad en contra de esa realidad”.
¿De qué manera? “Más allá de la posición defensiva en contra de la reducción de recursos, hay que demostrar por qué hay que mantener las Humanidades, y en esa demostración hay que pensar la academia en su esfuerzo por compenetrarse con las lenguas públicas de una época”. En definitiva, “volver a alzar las banderas progresistas de una manera explícita y militantemente post-identitaria».