Hubo veranos en los que los tiempos del fútbol argentino eran menos urgentes, con amistosos y puestas a punto en las que los equipos incluso probaban jugadores durante los mismos partidos, posibles refuerzos que, ante la falta de videos para constatar su real calidad, eran examinados en vivo, como ocurrió con Lumumba en River.
De aquellas largas pretemporadas estivales de décadas pasadas ya queda poco o nada: el 2026 acaba de comenzar pero, con un calendario exprimido por el campeonato de 30 equipos y la inminencia del Mundial de selecciones, el torneo Apertura arrancará en breve, el jueves 22 de este mes. Mientras tanto, el fútbol que no se detuvo en otros lugares del mundo ya regaló una imagen reivindicatoria en las tribunas: una estatua viviente de Patrice Lumumba, el líder anticolonialista que independizó a la República Democrática del Congo, en 1960, y que rápidamente sería depuesto de su cargo de primer ministro y asesinado al año siguiente por agentes de Estados Unidos y Bélgica.
Su “reaparición” en los estadios ocurrió en la Copa Africana de Naciones 2026, que se juega en estos días en Marruecos, a través de un artista congoleño, Michel Kuka Mboladinga, que se disfrazó de Lumumba y permaneció inmóvil, sobre una tarima en medio de los hinchas, durante todos los partidos de la selección congoleña. Las imágenes del “Lumumba hincha”, que se cambió de traje en las diferentes presentaciones de la República Democrática del Congo pero que siempre estuvo impecable, a imagen y semejanza del héroe de la independencia de su país, se viralizaron y refrescaron la trascendencia política del líder de cuyo asesinato -a sus 35 años- se cumplirán 65 años este sábado, el 17 de enero.
Se estima que millones de personas consultaron en Google sobre Lumumba y su legado, al tiempo que se abre una duda: la RD Congo jugará en marzo el repechaje para clasificar al Mundial de este año. En caso de un triunfo, ¿el artista que lo imita viajará a Estados Unidos? ¿Recibirá una visa? ¿Qué dirá el organismo de Gianni Infantino, que supuestamente no mezcla política con fútbol pero le acaba de dar el premio FIFA de la Paz a Donald Trump? En todo caso, únicamente los especialistas en datos olvidados del fútbol argentino recordaron que un Lumumba -también- jugó en River.
Ocurrió en un partido jugado en los primeros días de otoño, el 27 de marzo de 1964, aunque todavía en el marco de los amistosos previos a la espera del comienzo del campeonato oficial, programado aquel año recién para el 26 de abril, en medio de una reestructuración general. En un triunfo 4 a 1 de River contra Belgrano, en Córdoba, Lumumba jugó a prueba, a la espera de que el entrenador y los dirigentes del club de Núñez le comprobaran condiciones para contratarlo. No se trataba, claro, de un futbolista congoleño sino brasileño, goleador del Gremio, entonces de 27 años, que por su parecido físico al líder africano era llamado Lumumba, fiel también a la tradición brasileña de nombrar a sus mejores jugadores por un apodo y no por su apellido.

Aquel River de 1964 era un equipo desorientado: había ganado su último título en 1957 y la maldición, que llegaría a 18 años sin vueltas olímpicas hasta 1975, empezaba a tomar forma. Entre enero y febrero de 1964 llegaron varios refuerzos, entre ellos Roberto Matosas y Hugo Orlando Gatti -también debutó Oscar Más-, pero el equipo no funcionaba. El desorden era tal que Lumumba -que efectivamente tenía rasgos físicos similares al líder nacionalista africano- jugó en un River dirigido por un entrenador que no llegaría a debutar oficialmente: Enrique Fernández Viola asumió en enero y, tras un desastre en los torneos de veranos -perdió 4 a 0 ante Boca-, fue despedido en abril, pocos días antes del comienzo del campeonato.
En su síntesis del Belgrano 1-River 4, el diario Crónica no se refirió a Lumumba por su apodo sino por su nombre y apellido de nacimiento, Paulo Otacílio de Souza, que ingresó en lugar de Ermindo Onega en el segundo tiempo, cuando River ya justamente con dos goles del número 10 -los otros dos fueron convertidos por Luis Artime-. River formó aquella noche con Hugo Gatti; Horacio Troche, Mario Bonczuk (Roque Ditro); Carlos Sainz, Matosas, José Manuel Ramos Delgado (Vladislao Cap), Luis Cubilla, Onega (Lumumba); Artime, Esteban Pando y Juan Carlos Lallana (Delem). No hay, en cambio, fotos de Lumumba con la camiseta de River en acción.
En oposición a su fugaz paso por River, el centrodelantero brasileño era garantía de gol. Había convertido 30 tantos en 66 partidos en el Sao Paulo entre 1959 y 1961, y luego fue una referencia ofensiva del Gremio de los 60: sumó 55 goles en 146 encuentros entre 1961 y 1968, o sea en medio de su prueba a River. Lumumba, sin embargo, no pasó la prueba para sumarse al fútbol argentino: Fernández Viola y los dirigentes creyeron que no aportaba un diferencial respecto de lo que ya daban y podían dar Artime, Ermindo y el joven Más, que efectivamente se convertiría el segundo máximo goleador de River.
Aunque el apodo del brasileño se debía a una cuestión física, está claro que también había un reconocimiento implícito al liderazgo político del congoleño: su gesta patriótica y su posterior asesinato todavía estaban frescos. Otro futbolista brasileño de los ’60, aunque defensor -con muchos partidos en Flamengo y Fluminense-, también fue bautizado Paulo Lumumba. Si no resultan conocidos para los argentinos es porque entonces el fútbol brasileño era más regional: recién en 1971 comenzó a jugarse el Brasileirao tal como se lo conoce en la actualidad.
Tras la prueba fallida, el Lumumba de River volvió a Gremio, donde construyó lo mejor de su carrera: en 1962 perdió la final del campeonato del sur de Brasil contra el Santos de Pelé y fue cinco veces campeón del torneo gaúcho. Su prueba a River, a inicios de 1964, se originó después de que en 1963 había sido el goleador del estadual. Tras su retiro, era una figura tan querida en Gremio que siguió como entrenador de juveniles. Murió en 2010, lógicamente sin que nadie reparara en su paso por River. En todo caso, la figura del Lumumba original acaba de ser viralizada en el verano de 2026, gracias al fútbol como caja de resonancia.