Bill Dubuque, el creador de Ozark, vuelve a hacer lo que mejor sabe: tomar una estructura conocida -la del ascenso criminal- y empujarla hasta que se vuelva una espiral de decisiones cada vez más desesperadas. M.I.A., la nueva serie de Paramount+, no inventa nada demasiado nuevo, pero sí administra con oficio un tipo de relato que depende más del pulso que de la originalidad.
La protagonista es Etta Tiger Jonze, una joven arrasada por la violencia que destruye a su familia vinculada al narco en los Cayos de Florida. A partir de ese punto de quiebre, la serie la empuja hacia Miami y hacia un territorio donde la supervivencia deja de ser pasiva: hay que tomar partido, negociar con el miedo, y eventualmente convertirlo en herramienta. La pregunta no es tanto qué le pasó, sino en qué se convierte cuando ya no queda nada por perder.

Dubuque organiza la historia como una cadena de escaladas. Cada episodio sube la apuesta un poco más, y el mundo de Miami aparece menos como escenario que como una maquinaria de poder en movimiento constante: traiciones, alianzas frágiles, jerarquías que se reacomodan. No hay demasiada pausa para la introspección; la serie confía en el vértigo como forma de narrar. A veces eso juega a favor, porque mantiene la tensión alta. Otras veces deja la sensación de que los personajes funcionan más como engranajes que como personas.
Shannon Gisela sostiene el centro de la serie con una mezcla de fragilidad y dureza que evita el trazo único de la “heroína implacable”. Su Etta no domina el mundo criminal: lo aprende a los golpes, y eso le da una textura más interesante que la típica figura de venganza sin fisuras. Alrededor suyo, el elenco construye un ecosistema de sospechas permanentes, donde casi nadie parece del todo confiable, pero tampoco completamente caricaturesco.
En términos de puesta en escena, M.I.A. apuesta por un Miami estilizado, luminoso y al mismo tiempo amenazante. La ciudad no es solo un decorado de neón, sino una extensión del estado mental de los personajes: exceso, calor, velocidad, peligro. Hay un gusto evidente por la superficie brillante del género, aunque por momentos esa estética se vuelve un poco uniforme, como si todo debiera sostener el mismo nivel de intensidad.

Lo más discutible quizá sea su familiaridad. El recorrido de la protagonista -pérdida, caída, aprendizaje, ascenso- ya fue contado muchas veces, y la serie no se esfuerza demasiado en torcer esa línea. Pero dentro de ese molde reconocible, encuentra su eficacia en el ritmo y en la claridad narrativa: no hay ambigüedades innecesarias ni desvíos caprichosos.
M.I.A. no busca reinventar el thriller criminal televisivo, sino reafirmar su funcionamiento clásico: una protagonista empujada al límite, un mundo sin reglas estables y una progresión de violencia que ordena todo lo demás. Es una serie que se deja ver con facilidad, incluso cuando uno advierte sus costuras. Y en estos casos, a veces, eso alcanza.
M.I.A.
Creación: Bill Dubuque. Protagonista: Shannon Gisela (Etta Tiger Jonze). Elenco principal: Wynn Everett, Tracey Reynolds, Chabely Ponce, Dawn Noel, Alyssa Jirrels, Ilana Kohanchi, Cary Elwes, Alex Livinalli. Episodios: 9 (primera temporada). Por Paramount+.