“Venían de Marruecos. Quince personas perdieron la vida el 6 de febrero del 2014, cuando intentaron alcanzar a nado las playas de Ceuta. Pero fueron repelidas violentamente por la Guardia Civil. Otras 23 fueron devueltas de forma colectiva y sumaria al país africano. Doce años después, la llamada Masacre del Tarajal sigue impune, sin haberse esclarecido judicialmente lo ocurrido y, lo que es más grave, sin que las familias de las víctimas hayan recibido ni verdad, ni justicia, ni reparación”.

Para profundizar sobre una de las matanzas más terribles, así como sobre las políticas de la Europa Fortaleza, entrevistamos telefónicamente a Helena Maleno Garzón, referente de la Organización Caminando Fronteras.

-¿Qué simbolizó esta brutal represión ocurrida en las playas de Ceuta, como hito en la batalla por el derecho migratorio?

-Para nosotras y todas las familias de las víctimas, y para muchas organizaciones de los derechos de los migrantes, el 6 de febrero debería ser el “Día de las víctimas de las fronteras Europeas”. Así se lo hemos pedido a la Unión Europea, pero no hemos obtenido respuesta. Supuso un antes y un después en el trabajo con las familias. No se reconocían las víctimas en las fronteras porque muchas de esas víctimas terminaban desapareciendo en el mar. Pero tampoco se reconocía ante el ahogamiento en el mar. Las familias de las víctimas del Tarajal nos enseñaron que habían familias detrás. Nos enseñaron el camino de la lucha de esas familias. Que, como ustedes los argentinos sabéis por historia, es muy necesaria cuando hablamos de “macro-victimización”, cuando estamos hablando de “macro-desapariciones” que es lo que pasa en estas fronteras. Esas fronteras que son fronteras de muerte.

Helena Maleno Garzón: “Hay un nuevo colonialismo atroz, voraz, que destruye territorios y personas”

-Hay una práctica que se naturaliza en estas fronteras y en otras de Europa, que es la devolución en caliente y las expulsiones exprés.

-El 2025 ha marcado y ha visibilizado esa normalización. Han visibilizado que las fronteras no están solamente en esas líneas denominadas fronteras, sino que pueden estar dentro de los territorios y una policía como el ICE, en Estados Unidos puede detener a una persona dentro de su casa y deportarla a países de donde ni siquiera vienen. En esa línea, la UE está aplicando varias directivas. En estos momentos se están votando disposiciones para afianzar ese tipo de políticas. Y poder crear, como ha hecho Meloni, “centros de detención” o “centros de estadía” para poder ingresar a Europa a la espera de la autorización. Esas fronteras ya no están en un límite físico sino, incluso, en el cuerpo de las personas.

-Desde la Masacre del Tarajal, las organizaciones (particularmente “Caminando Fronteras”) exigen justicia y luchan por la memoria contra la impunidad.

-Lo hemos hecho con esa investigación a través de los años. Las familias también hacen una conmemoración y les recuerdan junto a otras víctimas. Lo que queremos es que no queden impunes. Todos los crímenes de frontera quedaron impunes. Lo más perverso es que los españoles no recogieron ninguno de los cadáveres que flotaban. Los cadáveres que llegaron a España lo hicieron por efecto de la marea. Hoy siguen enterrados en tumbas sin nombres, 12 años después. Las víctimas se podían identificar porque sus compañeros estaban allí. Los familiares volcaron toda su información para identificar sus cuerpos, pero siguen siendo fosas comunes, tumbas sin nombres.

-Con el devenir de la crisis de este actual proyecto civilizatorio capitalista y el crecimiento de la extrema derecha en la UE se da un proceso de contagio de las consignas y de las agendas migratorias, tanto en fuerzas conservadoras como hasta en partidos socialdemócratas, en un giro a posiciones xenófobas o de extrema derecha.

-Ya no es baladí que el racismo se utiliza para identificar las vidas que son desechables. También en el genocidio al pueblo palestino se ha marcado un antes y un después. Hay vidas que son desechables, hay vidas que se pueden dejar morir. Las sociedades viven sobre la gestión de los recursos naturales. Esa concepción extractivista también sobre las vidas humanas. Es un momento de crisis terrible: incluso las izquierdas tienen miedo a decir que son antirracistas. Un momento en muchos sentidos parecido a ese período entre el fin de la primera guerra mundial e inicios de la segunda. Las consignas de la República de Weimar, el pensamiento fascista que está calando en todas las instituciones que se llaman democráticas.

-Lo paradójico es que ya no es solo el colonialismo histórico, tras la Conferencia de Berlín a fines del siglo XIX cuando las potencias coloniales europeas se dividieron el continente africano como si fuera una tarta, sino que el neo-colonialismo está apropiándose de las riquezas del África, expoliandolas, generando las condiciones para el éxodo. El cruce del Mediterráneo a como dé lugar.

-Lo dices muy bien. Es un neo-colonialismo extractivista y África es la zona donde más recursos naturales necesarios se encuentran, incluso para la “descarbonización ecológica”, en donde más conflictos latentes y en desarrollo existen. Hoy África es el territorio de mayor concentración de guerras tanto formales como informales, con grupos paramilitares. Nos encontramos con jóvenes que huyen de sus territorios; son los que intentan cruzar el Mediterráneo en pateras o cayucos y en muchos casos mueren ahogados. Es evidente que el capitalismo ha generado una guerra por los recursos naturales y África es uno de los continentes con mayores recursos a expoliar. Lo estamos viendo por las políticas de Trump y su intervención por el petróleo de Venezuela. Y los recursos minerales de las tierras raras de Groenlandia. En África, en la República Democrática del Congo, las corporaciones van por el coltán, como insumo necesario para la industria tecnológica y de los automóviles eléctricos. Lo que estamos observando es la existencia de un nuevo colonialismo atroz, voraz, que destruye territorios y personas.