El artista escénico y gestor cultural Marcelo Allasino, que se define como queer, provinciano, mestizo y periférico, cumple 40 años con el arte. “El momento más impresionante para mí tiene que ver con lo que me pasó a los 16 años, cuando vi una obra de teatro por primera vez en mi vida”, recuerda hoy sobre cómo y qué despertó su deseo por el teatro.

“El teatro no formaba parte de mi universo ni de mi familia, en San Rafaela, Santa Fe. Tuve la fortuna, porque eso realmente es una suerte, de que desde la escuela secundaria nos llevaran a ver una obra de teatro y que esa obra estaba buenísima. Se llamaba La Pálida y era una obra montada por un elenco local, protagonizada por un gran actor de aquí, de Rafaela: José ‘Pepe’ Fanto, a quien años más tarde tuve el honor de dirigir en muchas piezas como parte de ese grupo”.

En esa suerte, Allasino rescata a un sujeto fundamental. “El rol del Estado habilitando el acceso a la cultura, en los primeros años de la democracia, cuando se sentía la potencia que podía tener un Estado que habilitara esas experiencias. Y eso que acontecía delante de mis ojos generó una fascinación, además de divertirme y generarme preguntas”.

Marcelo Allasino: “Hay que sostener el teatro en este contexto de intemperie absoluta”
0615, una de las obras de Allasino que se presentan estos días.

Preguntas que se siguen desplegando hasta hoy, y que en el camino generaron otros clics como el de aquella vez durante el secundario. “Lo mío fue un recorrido de adaptación permanente en 40 años de un país que cambió muchísimo -intenta resumir tamaña trayectoria-. En Rafaela y en su zona de influencia no había espacios académicos donde formarse en aquel momento y, para mí, hijo de una clase trabajadora, era impensable irme a vivir a Buenos Aires. Entonces, cuando empecé a laburar, empecé a invertir en mis vacaciones”, señala Allasino.

“Viajaba a Buenos Aires a tomar clases, a estudiar con un artista muy importante para mí, que fue Alberto Félix Alberto, mi maestro de dirección. Cada 15 días hacía 600 kilómetros en una noche para tomar una clase y, a la noche siguiente, volver. Recuerdo que Alberto Félix me invitó a ser asistente en el Teatro Colón, y yo en ese momento, en ese punto de inflexión, decidí que lo mío era producir desde Rafaela. Veía las dificultades de mis compañeros tratando de constituir una compañía, todo el tiempo tentados por la maquinaria del mercado. Y yo en Rafaela no tenía ese problema: los actores y las actrices con los que trabajaba estaban más que felices de colaborar en nuestro proyecto y no había otras tentaciones artísticas ni profesionales”.

En la década siguiente a su debut empezaron a llegar los reconocimientos. El más relevante, por entonces, fue para la primera obra que escribió. “Noche de ronda se llamaba, y tuve la fortuna de ganar en una bienal muy importante que se hizo en la ciudad de Córdoba en 1993.”

Así llegaron años de perfeccionamiento, que incluyeron contacto con técnicas y personalidades en “el mundo estético, el mundo post-art, que marcaron mi trabajo; fue también como un antes y un después”. Y un hecho icónico en la escena local: la creación del Centro Cultural La Máscara. “Un proyecto comunitario en una casa prestada, en la que el público se sentaba en cajones de verdulería para poder ver las obras: no teníamos plata ni para comprar sillas. Hoy es una de las salas más hermosas y con mayor trayectoria en el país.”

Marcelo Allasino: “Hay que sostener el teatro en este contexto de intemperie absoluta”
No yo, otra de las piezas con las que Allasino celebra 40 años de teatro.

Allasino es de los pocos que, como se dice, estuvo en los dos lados del mostrador: la producción y realización teatral, y la gestión cultural. “La gestión cultural vino de la mano de la necesidad. Yo tenía una compañía con la que queríamos hacer teatro en una ciudad muy pequeña, donde las condiciones de laburo y las formas posibles eran muy pocas. Entonces nos lo teníamos que inventar todo. La falta fue el gran motor para que yo encarara todo lo que hice en mi vida. Nos tuvimos que inventar un espacio donde pudiéramos laburar cómodos y hacer el tipo de teatro que nos interesaba; nos tuvimos que inventar un público, espacios para dialogar con colegas. Así empezamos a gestionar ciclos, festivales, clases. Y empecé a traer a Rafaela artistas que hoy tienen mayor reconocimiento a nivel nacional, pero que en su momento eran colegas con los que necesitaba dialogar”.

La falta como motor impulsa siempre, pero, se sabe, nunca alcanza. Acaso por eso tiene esa fuerza. Y entre las cosas que aún faltan y sobre las que no piensa descansar para que sucedan, Allasino rescata: “Hay que sostener el teatro que hacemos en este contexto de intemperie absoluta. En estos 40 años pude ver cómo la situación ha sido tan cambiante: de tener un Estado súper presente, con políticas y legislación pensadas para generar acceso a la cultura, a un presente que es la antítesis de eso. Lo importante es poder resistir y sostener proyectos artísticos que intentan darle voz a lo que nos suena. Hay un teatro hegemónico que tiñe cada vez más la escena argentina, y el teatro público también se está tiñendo de eso, de lo que regula el mercado; el teatro independiente también. Se está rigiendo por la diversión liviana, el poco trabajo, el éxito asegurado. El teatro tiene que garantizar un espacio para el pensamiento y la diversidad. Y en ese sentido van estas obras que estamos compartiendo: No yo, 0615 y Mis palabras. Van en contra de todo aquello, sin por eso sacrificar la idea de entretener y divertir: también nos interesa conmover y hacer pensar.”

Marcelo Allasino: “Hay que sostener el teatro en este contexto de intemperie absoluta”
Otra imagen de 0615, que se presentará los sábados de abril.

Marcelo Allasino presenta 40 años de creación teatral

No yo: sábado 28 de marzo a las 22:30.

0615: sábados 4, 11, 18 y 25 de abril a las 22:30.

Mis palabras: domingos 7, 14, 21 y 28 de junio a las 17.

En El Excéntrico de la 18ª, Lerma 420.