Todavía sorprendido por haber recibido la Beca Guggenheim 2026 para su proyecto La música crea tiempo, el compositor argentino Marcelo Toledo, radicado desde hace 35 años en Nueva York, se propone mostrar “la multitemporalidad de la música”. Un concepto complejo, aunque no más que la mayoría de las cosas que componen la vida orgánica, que por la familiaridad con la que se presenta en el cotidiano de los pueblos y culturas parece tan simple como decir que el sol sube o baja, cuando se trata de movimientos de astros y objetos en el espacio.
“Me presenté a esa beca algunas veces más en el pasado, pero no la obtuve. Esta vez sucedió. Y me sorprendió, realmente me sorprendió”, señala con alegría el autor, entre otros, de Para el encuentro en los abismos (2003) y de De qué modo en lo anónimo (2002), ópera radiofónica sobre textos de Juan José Saer. “No creo que el proyecto tenga mucha influencia en las decisiones”, dice respecto de la búsqueda que propone. “Creo que ven el trabajo hecho y el proyecto, por supuesto, pero no es un proyecto lo que ellos, digamos, eligen. Creo que eligen el trabajo hecho.”
Y en ese trabajo no hay forma de evitar la obra que hizo a partir de Horacio Quiroga, el gran cuentista uruguayo: la ópera imaginaria La selva interior (2006). “Tiene una conexión con esa obra, que es sobre el momento en que Horacio Quiroga se suicida. Eso ocurre en Buenos Aires, en el Hospital de Clínicas; sin embargo, su mente, su espíritu y todo su ser están instalados en Misiones: él está compenetrado con ese espacio del que tuvo que salir por su enfermedad.”
En esa obra, Toledo recrea lo que él imagina como “la selva interior” de Quiroga. “Es la conciencia de Quiroga, es ese espacio. Este proyecto, de alguna forma, retoma el mismo espacio, pero en vez de ser en relación con un caso específico, como es el escritor uruguayo, tiene que ver con la multiplicidad de historias, de eventos, de tragedias, de movimientos, de acciones de todo un mundo que vive en esa zona, la zona guaraní. Es el mismo territorio, pero más amplio; un problema mucho más cósmico, más grande. Intento explorar múltiples temporalidades en el mismo espacio. Cosas que ocurrieron posiblemente 10.000 o 20.000 años antes, hasta el presente e incluso hasta el futuro. Dejar que el espacio suene y que se manifieste.”
Grande, en este caso, no es sinónimo de cantidad. Después de todo, como de vez en cuando nos recuerda Charly García, en el espacio interestelar no hay música. “Claro, porque no hay aire y otros elementos que permiten propagar el sonido.” Y además, el llamado ruido ambiente tiene una innumerable cantidad de referencias sonoras y silencios que despiertan una imaginación diferente de la visual, tan fomentada por las tecnologías de la modernidad. “Yo quiero generar en la música una especie de grado cero. Un grado cero en el cual cualquier tipo de sonido puede ser parte de una trama musical. Escuchando La Selva Blanca identificaste situaciones que te hicieron relacionar con sonidos de ambiente, con ruidos de diferentes tipos y capas de diferentes tipos de rumores ambientales.” En esa pieza, que compone La selva interior, “Quiroga está en el hospital, con los ojos cerrados; esto obviamente nadie lo sabe, es lo que yo imaginé, y escucha qué escucha una persona en una situación extrema como la de Quiroga antes de suicidarse: qué escucha, qué es el mundo para él desde el sonido”.
Y eso sucede, según Toledo, porque “la música te introduce a una temporalidad diferente”, que no es la “domesticada, cronológica, del día a día”. “Yo digo que la música en realidad no existe en el tiempo, sino que cuando ocurre la música se genera un tipo de tiempo que es diferente al tiempo ordinario. Por eso cada uno se fascina con la música. La música que sea. Permite salirse de ese espacio ordinario que es el tiempo cronológico. La mente empieza a viajar. A cada uno nos pasa que entramos a otra dimensión y empezamos a percibir el tiempo de otra manera. Nos transporta a otro estado de percepción y a otro estado de existencia. Yo considero todo eso cuando escribo música, por eso trato de crear la cosa de cero. Porque para volver a pensar la música hay que olvidar las convenciones de la música, porque apenas entramos en las convenciones lo único que hacemos, en mayor o menor medida, es reproducir lo que ya existe.”

Es que ese tiempo ordinario es también el tiempo del orden. “Es un tiempo prefabricado, que ya está moldeado. Y al someternos a esa rigidez y a esa estructura prefabricada, nuestros pensamientos tienen que amoldarse a esa realidad temporal. En cambio, el arte, cualquier tipo de manifestación artística; por ejemplo, la lectura de una novela. Cuando uno lee una novela entra en otro tiempo, entra en otra dimensión temporal, habita un mundo y un tiempo multitiempos que no corresponden a la vida de uno.”
Colaborador de ensambles de música contemporánea como Intercontemporain, Klangforum Wien, SWR Vokalensemble Stuttgart y CEPROMUSIC, Toledo afirma que “nuestra imaginación, como todos los aspectos de nuestra vida moderna, está cada vez más domesticada: hay una tendencia a imaginar lo mismo, a gustar de lo mismo, a pensar de la misma manera”. Para él, “el arte, el arte real, digamos, tiende a romper con todas las convenciones de todo lo que pensamos, de lo que gustamos, de las formas convencionales en que nos han enseñado y domesticado”. Y en ese sentido, es precisamente la experiencia de la música contemporánea la que ofrece “la fricción entre el imaginario y los mecanismos de representación”. En esa fricción “se pone en duda el aparato de representación que se ofreció para escribir música: construís a partir, no de cero, pero sí de otras experiencias de otra gente que también pensó en la representación seriamente y expandió el mundo de lo que puede ser escrito y representado”.
El misionero que estudió en la Universidad de Columbia dice escribir “una música que no se remite a un espacio como si fuera un regionalismo: el territorio guaraní aparece como materia cósmica”. “Un espacio que suena y puede narrar sin texto. Y sin embargo no me olvido nunca de dónde nací y quién es mi gente.”
Marcelo Toledo
La música crea tiempo. Premiada con la Beca Guggenheim 2026 para una obra centrada en la producción de multitemporalidades.