Los miembros de la Asamblea Jáchal No Se Toca, ese terco puñado de vecinos del departamento Iglesia, en San Juan, a poco más de 300 kilómetros río abajo de la mina Veladero, pueden afirmar sin sonrojarse que traen noticias desde el futuro: “La megaminería persigue a los que se atreven a dar un dictamen contrario a lo que dispone el poder empresarial y político. Jáchal fue la prueba piloto. La contaminación que genera la mina, con la afectación directa de nuestros ríos, se va a ver reproducida a lo largo de toda nuestra Cordillera, gracias al RIGI y a la reforma a la Ley de Glaciares”, avisa Saúl Zeballos, uno de los protagonistas de ese movimiento social nacido para resistir los sucesivos derrames contaminantes de Minera Argentina Gold SRL, la empresa subsidiaria de la canadiense Barrick Gold y la china Shandong Gold.
Hace unos días, el fiscal Alfredo Aballay, de la UFI del Norte, desestimó la causa iniciada de oficio por la aparición de peces muertos en el Dique Cuesta del Viento el pasado 3 de noviembre, en la cuenca del río Jáchal que, casualmente, recibe las aguas que bajan de la mina Veladero.
El fiscal Aballay concluyó que no se había logrado constatar la existencia de un delito penal ambiental pese a los resultados de los análisis encargados por la misma Municipalidad de Jáchal a la Universidad Nacional de Cuyo (UnCuyo) y al laboratorio SGS que habían confirmado la presencia de metales pesados y cloro en el agua.
En detalle: en las muestras analizadas se encontraron niveles de arsénico 106 veces mayor al límite estricto establecido para la vida acuática. Además, el aluminio detectado superó 1480 veces el valor de referencia.
“Por la ordenanza de agua segura, obligamos al intendente de Jáchal, Matías Espejo, a que haga más análisis, lo que terminó detectando cloro en todos los puntos de muestreo del Dique Cuesta del Viento y en el río La Palca. Sabemos, porque lo reconoció la abogada de la Barrick Gold luego del derrame de 2015, que la mina arroja hipoclorito de sodio al agua para neutralizar el cianuro tras una fuga. El fiscal nunca se preguntó de dónde vino ese cloro, y si se lo preguntó, seguro le dieron muchas razones para dejar de preguntárselo”, se lamenta Zeballos.
Desligar a la mina Veladero de cualquier responsabilidad se decidió mucho antes de la resolución del fiscal. Luego de la viralización de las imágenes de los pejerreyes muertos en el Dique Cuesta del Viento, y ante el enérgico reclamo de los asambleístas, la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de San Juan se apuró en informar que un estudio encargado al laboratorio del Parque de la Biodiversidad concluyó que la mortandad se debió a un fenómeno natural. “Niveles bajos de oxígeno disuelto —una condición conocida como hipoxia— provocados por la acumulación de materia orgánica y la escasa circulación del agua en algunos sectores costero”, explicó.
Los estudios de la UnCuyo desmintieron la hipótesis oficial al constatar “niveles superiores a 7 mg/l de oxígeno disuelto”, lo que se traduce como un ambiente acuático sano, al menos en lo que respecta a la cantidad de oxígeno.
Gran engaño, poco empleo
El cierre de la causa de los peces muertos en Jáchal implica otro daño ambiental relevante sin responsables penales. En septiembre de 2015, una falla en la válvula de una tubería de la pila de lixiviación liberó millones de litros de agua con cianuro y metales pesados, contaminando al menos cinco ríos, lo que se convirtió en el peor desastre ambiental minero de la historia de Argentina. La empresa fue multada por el gobierno provincial y pagó 10 millones de dólares. A más de diez años, ningún directivo o funcionario provincial resultó condenado: sólo ocho empleados de menor rango fueron procesados por negligencia e impericia.
“Jáchal fue la prueba piloto –insiste Zeballos– para ver cómo se metía la megaminería, cortándonos todas las fuentes genuinas de trabajo; acá cerró la única fábrica de dulces y conservas que había; nunca se volvió a abrir la planta de faena del matadero municipal. Si querías trabajar, tenías que trabajar en la mina y eso es lo que desde la Asamblea vemos que se quiere imponer en la actualidad. El que quiera trabajar que vaya a mendigar los pocos puestos que da la megaminería; porque engaña a muchos, pero da muy poco empleo. Nosotros somos 25 mil habitantes en Jáchal y habrá, como mucho, 60 personas trabajando en Veladero”.
“En noviembre de 2025 –concluye– también hubo un derrame con muertes de peces en el Congo y el ministro de Minería suspendió a la mina, de origen chino, por tres meses. Acá, en la misma fecha, hubo una mortandad de miles de peces en la cuenca de río Jáchal por contaminación de la Barrick Gold y Shandong Gold en la mina Veladero y nadie ha hecho nada. Con Milei de presidente estamos peor que en el Congo”.
Comunidades que viven con derrames tóxicos
Las comunidades a lo largo del río Jáchal han soportado al menos cuatro derrames tóxicos de la mina Veladero entre 2015 y 2022. En junio de 2022, especialistas de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) de Mendoza analizaron el agua y encontraron niveles de mercurio, aluminio, manganeso, arsénico y plomo por encima de las normas para el consumo humano de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de los propios estándares de la Argentina.
En detalle, los niveles de arsénico superaban 33 veces los de la OMS, los de plomo 16 veces y los de aluminio 485 veces. Estos niveles eran, incluso, más altos que los registrados en el derrame del 2015.
A pesar de las protestas de las organizaciones sociales y asambleas de vecinos, la empresa continúa negando que se haya producido un nuevo derrame.