Milei: cosecharás tu siembra

Por: Demián Verduga

El presidente no ha logrado nada que beneficie a la población. Todo está peor.

Faltan 21 días para que los argentinos vuelvan a las urnas y la principal batalla política que se libra es la del presidente Javier Milei contra sí mismo.

El gobierno se enfrenta a los efectos de una política económica que ha fracasado en varias ocasiones en la Argentina. Produce beneficios para los especuladores financieros y algunas empresas de servicios públicos mientras el resto del país se hunde.

El presidente pelea también contra la construcción política que lideró su hermana Karina, una mujer que al igual que su hermano no tenía ninguna experiencia política. Los Milei no habían gestionado ni un consorcio y se hicieron cargo del octavo país más extenso del mundo. Es el gobierno más improvisado desde la restauración democrática. Al lado del corso a contramano que es La Libertad Avanza, el menemismo estaba formado por Winston Churchill, Felipe González y Francois Mitterrand. Era gente con conocimiento, aunque al servicio de un proyecto de desguace nacional.

Un encuestador que está midiendo la intención de voto en Neuquén describía la situación: “Se desplomaron. Estaban primeros y ahora van a pelear el segundo puesto. Arriba está la lista del gobernador (Rolando Figueroa)”.  El diagnóstico se repite en casi todas las provincias, excepto en las que lograron acuerdos con los mandatarios provinciales, Mendoza, Entre Ríos, Chaco.

Las listas “violetas puras”, estrategia de Karina y los primos Martín y Lule Menem, tienen el componente de llevar candidatos desconocidos. Milei debe haber creído que era un fenómeno como el de Nayib Bukele en El Salvador, un populista de derecha que logró bajar los asesinatos callejeros de 105 cada 100 mil a menos de tres y sobre esa base consiguió una popularidad excepcional. Se reeligió por el 80% de los votos en febrero de 2024. Es la única forma de prescindir de las alianzas políticas. Hay que arrasar en las urnas.

Otro consultor, que mide la provincia de Buenos Aires, retrataba la situación del siguiente modo: “Todos los indicadores del gobierno están peor que antes de la elección del 7 de septiembre (cuando perdió por 14 puntos en PBA). La imagen de Milei, la aprobación de gestión, todo está para abajo”. Luego tiró un dato lapidario: “José Luis Espert tiene 60% de imagen negativa en la Provincia”. 

Milei no ha logrado nada que beneficie a la población. Todo está peor. Su “éxito” sería el índice de inflación mensual, que está en discusión porque no pondera bien los servicios públicos. Desde que asumió Milei la canasta de servicios públicos subió 526% y eso no está reflejado en su real magnitud en el IPC.

Sólo en ese extraño mundo que el presidente crea para sí mismo hay 12 millones de pobres menos y él es el “constructor de un milagro”.

El gobierno pelea contra las consecuencias de su gestión económica y de su construcción política. Esto incluye las derrotas una tras otra en el Congreso por absoluta incapacidad de negociación. Quizás Milei y Karina no lo sabían, pero la política es negociación en todas las democracias del mundo.

Mientras tanto, el peronismo está en modo zen. Deja que el gobierno implosione por sus propias contradicciones. Las tensiones entre Cristina y Axel Kicillof siguen y seguramente continuarán. Se mezclan aspectos políticos y personales porque político siempre es personal. Son tiranteces manejadas con una prolijidad sueca. La interna peronista al lado del aquelarre mileísta parece una reunión para tomar el té y hablar de las diferencias sin elevar la voz. Es la etapa del peronismo sueco. Bienvenido. Hace mucho que al peronismo le costaba estar a la altura de las circunstancias. Ahora no es así. Este momento necesita un peronismo sueco.

A la compleja reconstrucción que demandará la destrucción mileísta se suma una deuda en dólares impagable. Hará falta un equilibrio muy preciso entre audacia, sabiduría y valentía. La Argentina se subió al Delorean creado por el doctor Emmett Brown en la película Volver al futuro y viajó en el tiempo a una situación comparable con la que recibió Néstor Kirchner hace más de 20 años. En esa experiencia del pasado está el sendero que hay que seguir en el futuro. «

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