Cinco días demoró la Unión Industrial Argentina (UIA) en manifestarse sobre las duras críticas del presidente Javier Milei al titular del Grupo Techint y patriarca del sector, Paolo Rocca.

La manifestación se produjo el viernes, no a través de un comunicado oficial difundido desde los canales institucionales de la entidad, sino escamoteado en una columna de opinión firmada por el presidente de la entidad, Martín Rappallini, y publicada en el diario Clarín.

La diferencia es significativa, porque de haber sido un comunicado oficial, la respuesta sería representativa del amplio espectro de industrias representado por la tradicional gremial empresaria.

Una versión dice que los industriales eligieron hacerlo de esa manera para no sumar tensión negativa a la espiral de furia cruzada de la última semana, que terminó con Rocca duramente castigado.

Otra versión indica que la propuesta de redactar un comunicado firmado por la UIA chocó contra la interna de la central industrial, que está dividida entre los que apuestan al éxito del ajuste del gobierno libertario y los que subsisten pese a la destrucción planificada.

Las críticas de los segundos tienen como centro, en buena medida, a Rappallini, quien asumió la presidencia de la entidad hace menos de un año con respaldo de, entre otros, Paolo Rocca.

A Rappallini, que proviene de la jefatura de la UIA en la Provincia de Buenos Aires, sus detractores le reprochan falta de determinación o indiferencia para denunciar la caída de la actividad, el avance importador y los cierres de empresas bajo la administración libertaria. Los que lo defienden destacan su perfil dialoguista y su muñeca para equilibrar la relación con un gobierno de temperamento impredecible, que siempre tuvo a la industria en los arrabales de su agenda.

Desagravio sin fuerza

En la nota que publicó en Clarín, Rappallini reivindicó a Rocca como paradigma del industrial comprometido con la producción nacional y defendió tener “una burguesía moderna integrada” como condición básica para el progreso: “los países exitosos entendieron hace décadas que el desarrollo tiene líderes con nombres y apellidos”, señaló tras varios días en los que el presidente Milei descalificó a Rocca sin nombrarlo o aludiendo al empresario por medio de provocaciones.

El mensaje terminó siendo un acto de desagravio al titular de Techint, aunque sin la fuerza de un pronunciamiento institucional ni vestigios de animosidad contestataria contra Balcarce 50.

Encuentro de caballeros

El mismo día, con esa suerte de bandera blanca publicada en el diario de Héctor Magnetto, socio de Rocca en la poderosa Asociación Empresaria Argentina (AEA), Rappallini se dirigió a la Secretaría de Industria y Comercio para asistir a una reunión pautada un mes atrás con su titular, Pablo Lavigne.

Según las crónicas del encuentro, se habló de consumo, impuestos, contrabando y también sobre temas de comercio interior, como el dumping, lo que podría indicar que el asunto de los caños de la discordia fue parte de la conversación.

No trascendió si hubo alguna referencia a lo sucedido con Rocca, si el funcionario abordó el tema por su cuenta o si Rappallini lo propuso en representación del empresario. Lo que trascendió fue un relato de armonía con el gobierno que contrastó fuertemente con la verborragia petardista que soltó Milei de lunes a jueves.

En un encuentro de caballeros, los industriales habrían repasado sus demandas, Lavigne habría comprometido esfuerzos para revertir la situación del consumo y se habría coordinado una reunión cercana con el ministro de Economía, Luis Caputo.

Una semana de furia

El cruce empezó el lunes, cuando se supo que Techint perdió contra la empresa india Welspun una licitación para proveer tubos para la construcción de un gasoducto que unirá Vaca Muerta, en Neuquén, con el Golfo de San Matías, en Río Negro.

La novedad generó conmoción en un medio acostumbrado a que ese tipo de compulsas no se le escapen a Techint, el holding más grande del país, una de las de mayor proyección internacional y una de las más influyentes en el Estado nacional.

La compañía de Rocca reaccionó con una protesta en nombre de la industria nacional y con una amenaza de denuncia de un presunto caso de dumping.

El gobierno (que a través de YPF integra SESA, la empresa que llamó a la licitación y la definió a favor de los indios) se metió para acusar a Techint de haber ofrecido los tubos un 40% más caros que los ganadores.

Los días siguientes, con el tema en la cresta de la ola, Milei arremetió a fondo contra Rocca, a quien aludió irónicamente con el mote de “Don Chatarrín de los tubitos caros”. La ocurrencia ridiculizó a Rocca, disparó la masividad del debate y dejó un tendal de industriales en estado de shock.

Envalentonado y afanoso por arrinconar, como el boxeador al adversario sorpresivamente grogui, Milei acusó a Rocca de haber conspirado contra su fuerza política en las últimas elecciones legislativas, y llegó a fantasear con la quiebra de los industriales, una suerte de castigo del mercado por “hacer negocios turbios con el Estado” y por “destruir a la sociedad” con productos caros y de mala calidad. El viernes sonó la campana y hubo reposo, pero la pelea sigue.

Techint, como las pymes

La definición de Paolo Rocca como “Don Chatarrín” movió a risa a más de uno, pero a la alta dirigencia de la UIA la dejó pasmada y trabada en un debate áspero sobre los pasos a seguir.

La presión por un pronunciamiento crítico se hizo sentir desde diferentes lugares. El presidente de la Unión Industrial de Santa Fe (UISFE), Cristian Fiereder, manifestó su “profunda preocupación” por la política oficial para el sector y vaticinó que la dirección compromete el futuro de la clase media.

El presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, consideró que la pérdida de la licitación de los tubos dejó a Techint en las mismas condiciones que las pymes industriales y anticipó el inicio de un efecto dominó sobre los proveedores de la empresa en todo el país.

El presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (ADIMRA), Elio del Ré, lamentó que el gobierno “ignora la necesidad urgente de políticas industriales, las mismas que aplican otros países para defender a la industria nacional frente a las importaciones”.