El presidente Javier Milei se subirá al avión presidencial el próximo domingo 19 de abril para iniciar el vuelo que lo llevará hasta la ciudad de Tel Aviv. Viaja para participar de la ceremonia del día de la independencia de Israel. Milei será el primer mandatario extranjero en la historia que formará parte del ritual de encendido de antorchas que se hace cada 21 de abril en el Monte Herzl, en Jerusalén. Allí está el cementerio en el que están enterrados los soldados y el panteón de los héroes nacionales israelíes.

La carga simbólica y política del gesto es gigante. Milei ubica a la Argentina en una posición en la que no está prácticamente ningún país de Occidente, excepto por Estados Unidos. Los países de Europa -parte de la OTAN- han asumido una posición distante y crítica del gobierno de Benjamín Netanyahu. Francia, Alemania, Irlanda, entre otros, han dicho que acatarán la decisión de la Corte Penal Internacional que el 21 de noviembre de 2024 pidió el arresto de Netanyahu por crímenes de guerra en Gaza.          

Milei es el mismo presidente que el 9 de julio del año pasado decidió no viajar a Tucumán por el día de la independencia argentina. La excusa fue que había mal clima para el vuelo. Su vicepresidenta, Victoria Villarruel, con quien se sabe que está en guerra, lo dejó off side en esa ceremonia. Se subió a un avión de línea y voló a Tucumán sin inconvenientes.

Para la independencia de Israel, Milei está dispuesto a volar a una región en la que hay mucho más que un par de nubarrones. El cielo está cruzado por misiles balísticos hipersónicos que se tiran desde Irán a Israel y viceversa. ¿Por qué comparar estas decisiones? Porque para el presidente argentino es mucho más importante la fiesta nacional israelí que la argentina. Y eso no tiene nada de malo en sí mismo, si es que no fuera el presidente.

Milei viajó a Madrid y Budapest a mediados de marzo. En esa gira dijo que “Europa estaba en peligro” y cuestionó lo que todavía queda en pie del estado de bienestar del viejo continente. Habló con la soberbia que lo caracteriza sobre una región del mundo en la que hace sólo 80 años se mataban unos a otros y ahora han creado un bloque político que permite que millones de personas crucen las fronteras todos los días por distintos motivos.

En Israel Milei jamás criticaría al gobierno de extrema derecha por tener un presupuesto público que equivale al 44% del PBI. De hecho, en la España del soviético Pedro Sánchez el gasto total del Estado es del 45% del PBI, casi igual al de Netanyahu. El gobierno de extrema derecha israelí invierte más en educación que el socialismo español. Vuelca el 6,5% del PBI mientras que en España es 4,5 por ciento. ¿Para qué estas comparaciones? Para ilustrar hasta qué punto el presidente tiene una actitud patriótica respecto de Israel. Puede dejar de lado los dogmatismos que en la Argentina repite día y noche y que están llevando al país a un nuevo cataclismo.

Parte de un sentimiento patriótico es que la defensa de la casa común esté por encima de los dogmas. Milei es capaz de encontrar dentro de sí mismo esa emocionalidad, sólo que no lo tiene respecto de la Argentina. Cada persona siente por el país en el que nació lo que su historia, su educación, sus gustos, lo que sea, le permitan. Millones de personas cambian de país y nacionalidad por múltiples motivos. Y está muy bien. El tema es que en este caso se trata del presidente. ¿Por qué los argentinos votaron a un jefe de Estado que no ama a su país? Quizás fueron demasiadas décadas de los sectores dominantes repitiendo que este era “un país de mierda”. Quizás sea otra cosa. Lo cierto es que al final del camino sin patria no hay nada. Y por eso es que se acerca un nuevo cataclismo.   «