Había que verlo a Javier Milei malcantando “Amor salvaje” junto al Chaqueño Palavecino en el Festival de Doma y Folklore de Jesús María, como un rockstar de cabotaje. Y luego, en Asunción, destratando a Lula da Silva cuando la presidenta de la Comisión  Europea, Ursula von der Leyen, celebró el liderazgo del brasileño para la concreción del Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea y, en lugar de aplaudir, como el resto de los jefes de Estado, se plantó en un gesto displicente.

Las diferencias entre el exlíder metalúrgico y el economista ultraliberal son previas a que ambos llegaran a tener que verse cara a cara en encuentros regionales. Y tienen un carácter meramente ideológico. Basta con recordar que en la asunción del 10 de diciembre de 2023 Milei invitó a Jair Bolsonaro y no al presidente en ejercicio de Brasil. Gestos que se siguieron en estos dos años en una difícil convivencia de vecinos incómodos.

Las últimas: el presidente argentino, siempre el primero en levantar la mano ante las decisiones de Donald Trump, celebró el ataque a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro, recordando un discurso en la cumbre de diciembre donde se intercala una foto de Lula con el presidente venezolano.

Lula, viejo zorro de la política, no la podía dejar pasar y retiró la representación de Argentina en Venezuela, una situación que se arrastra desde la ruptura de relaciones entre Buenos Aires y Caracas, en julio de 2024. Luego armó una minicumbre con Von der Leyen y el titular del Consejo de Europeo, António Costa, en Río de Janeiro. Desde el gobierno nacional se quejaron del desplante brasileño, que se expresó este sábado en la capital paraguaya, donde Lula tuvo la precaución de no asistir.

Milei, a todo esto, tiene un fin de semana de gloria en los términos en que espera ser recordado. Y lo será, aunque no necesariamente para bien. Tanta obsecuencia con la Casa Blanca tuvo un premio adicional al salvataje económico-financiero del 2025, que lo hizo salir airoso de las elecciones de medio término. Así, este viernes Donald Trump anunció que Argentina formará parte del Board of Peace (Junta de Paz), una organización que busca -eso dice el empresario inmobiliario- “promover una paz duradera en el mundo”. Otros socios de ese club son Albania, Canadá, Paraguay y Turquía. El primer lugar en que se plantea la intervención es en la segunda fase del acuerdo de Sharm el Sheikh para un alto el fuego en Gaza, no respetado por Israel, por cierto.

Si un paso faltaba para el alineamiento automático de esta Argentina de Milei con la Casa Blanca de Trump seguramente es este, por el cual el país se corre del tradicional espacio de neutralidad que lo caracterizó históricamente para seguir sumisamente los dictados que vienen del norte. “Cómplices callados del verano”, dice el tema que Milei cantó con Palavecino. 

Lo discordante en este esquema es el acuerdo regional con la UE. Resultaría difícil no inscribir esta aceleración final para la firma de un pacto muy resistido en Francia e Italia al embate de Trump contra Groenlandia y su paso al costado en Ucrania. Este espacio de comercio de más de 700 millones de habitantes no debe ser del agrado de Donald I, que si por él fuera reeditaría el ALCA enterrado en Mar del Plata en 2005. Pero la realidad manda, en todos lados, incluso en la Casa Rosada, que no puede darse el lujo de prescindir las relaciones con China. Y tampoco con Brasil.