El domingo 1 de marzo de 2026, Javier Milei volvió a demostrar que su relación con las redes sociales no es un simple pasatiempo, sino un campo de batalla político, en el cual ya no reconoce límites.

En la red social X, el presidente replicó un mensaje que pedía explícitamente al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y al Ejército de Israel bombardear la provincia de Buenos Aires. El gesto, breve en apariencia, desató una tormenta.

El RT de Milei y sus repercusiones

  • El posteo original: escrito en hebreo, solicitaba una intervención militar extranjera contra Buenos Aires, gobernada por su principal rival político.
  • El retuit presidencial: lejos de ser un error aislado, se sumó a una serie de publicaciones polémicas que Milei había amplificado en los últimos meses.
  • La reacción inmediata: miles de usuarios denunciaron la gravedad del acto, que fue interpretado como una incitación a la violencia y una amenaza simbólica contra millones de argentinos.
Milei

El impacto político

  • Rechazo transversal: dirigentes opositores, periodistas y referentes sociales coincidieron en señalar que un presidente no puede legitimar discursos que llaman a la destrucción de parte del territorio nacional.
  • La provincia como blanco: el gesto se inscribe en una escalada de confrontación con el gobernador Axel Kicillof y con el conurbano bonaerense, donde Milei concentra sus críticas y ajustes financieros.
  • Debate sobre límites: la polémica abrió un interrogante sobre hasta dónde puede llegar un jefe de Estado en su uso de las redes sociales, y qué consecuencias institucionales debería tener un acto de semejante magnitud.

Una crónica del desconcierto

La escena se vivió como un episodio de surrealismo político: un presidente que, en medio de tensiones internacionales, decide amplificar un llamado a bombardear su propio país. El retuit fue borrado rápidamente, pero el daño ya estaba hecho. La captura circuló, se viralizó y quedó como testimonio de un estilo de gobierno que confunde provocación con liderazgo.

Más allá del gesto puntual, lo que se expuso fue una forma de ejercer el poder: gobernar desde la red social, sin medir consecuencias, con un tono beligerante que erosiona la institucionalidad. La crónica de este episodio no es solo la de un retuit, sino la de un presidente que parece dispuesto a dinamitar los límites de lo aceptable en la política argentina.