El pasado 4 de febrero el gobierno argentino suscribió en Washington y con la presencia de Marco Rubio (secretario de Estado norteamericano) al llamado “Marco para el Fortalecimiento del Suministro en Minería y Procesamiento de Minerales Críticos”, como parte de los acuerdos comerciales generales con Estados Unidos.

Los detalles y resultados del asunto los conoceremos con el pasar del tiempo, pero ya resulta evidente que la Argentina otorga prioridad absoluta a los Estados Unidos en un sector clave a nivel local e internacional.

La comunicación oficial de la Casa Rosada indicó: “la iniciativa apunta a consolidar cadenas de valor más sólidas y diversificadas, generar un entorno favorable para la llegada de inversiones productivas de largo plazo y responder al crecimiento de la demanda global y a la aplicación de tecnologías de vanguardia”.

Esta “asociación”, si es que así uno puede llamarla, hunde raíces en dos puntos fundamentales: el crecimiento del interés por los minerales críticos (como el cobalto, el Litio, el cobre, las “tierras raras”, etc), claves para la llamada “transición energética”, en el marco de una disputa geopolítica en la que China le saca ventaja a Estados Unidos.

El subcontinente representa un gran botín: hay un fuerte avance del negocio de la minería a nivel general en América Latina.

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Ningún cuento chino

Existe un consenso sobre que Estados Unidos se encuentra en desventaja en esta faceta de la guerra comercial.

China exhibe un carácter dominante en el campo de los minerales críticos: concentra el 70% del orden mundial en procesamiento y refinado.

Es por eso que Estados Unidos se decidió a avanzar. Lo hizo sobre África con la creación del Orion Critical Mineral Consortium, a finales del año pasado: una plataforma de inversión público privada con foco en la inversión en minerales críticos.

Hace unos días, ese consorcio avanzó en la adquisición del 40% de las acciones de dos compañías de la República del Congo (Mutanda Mining y Kamoto Copper Company), principal productor mundial de cobalto y uno de los más importantes en el cobre.

La desventaja también se ve, por ejemplo, en el caso del litio.

China tiene un control sobre cerca del 85%. El consumo del llamado “oro blanco” aumentó casi un 30% en el mundo hacia 2024 y, según el propio Departamento de Energía de los EE UU, en los próximos 10 años aumentará entre tres y diez veces más grande que el actual.

El país asiático se encuentra bien posicionado en el continente: tiene un ascendente sobre Chile en el Salar de Atacama y supera a Estados Unidos en Argentina, con claridad: la compañía Ganfeng Lithium posee el 46,6% de Cauchari-Olaroz (Jujuy) y la totalidad del proyecto Mariana (Salta).

No se puede leer el acuerdo comercial con Argentina pero fuera de esas claves geopolíticas.

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Las vaquitas son de Donald

América Latina lidera el ranking de inversiones del rubro. El «Informe Barómetro de Minerales del Futuro 2025: Medición del progreso en las cadenas de valor de minerales críticos: (McKinsey & Company/Future Minerals Forum)» indica, sobre el mercado mundial de transacciones mineras, que «en los primeros tres trimestres de 2025, se anunciaron 30.000 millones de dólares en fusiones y adquisiciones mineras, de los cuales el 74 % se produjo en América Latina, lo que refleja un mercado que está trasladando cada vez más sus inversiones a jurisdicciones consideradas más seguras (…) En los últimos cinco años, el valor de las transacciones en América Latina creció más del 200%”. Latinoamérica es un gran negocio.

El motor de este avance fueron los minerales críticos. En Argentina, por ejemplo, la “Extracción de minerales para la fabricación de productos químicos” (vinculado principalmente al litio) creció casi 42% interanual (de octubre 2024 a octubre 2025) mientras que el Índice General de Producción Industrial Minero subió 3,7% en el mismo período.

El gobierno nacional admite como un elemento fundamental del acuerdo que la minería está en crecimiento. “Las exportaciones mineras alcanzaron un récord de 6.037 millones de dólares”, indica el comunicado del acuerdo con Estados Unidos, que sólo le atribuye al RIGI esa situación y no a los procesos continentales y mundiales antes descriptos.

Sobre ese botín tendrá prioridad un actor que no es el principal.

Trump juega a la batalla naval y Argentina es solo parte del tablero.

Las penas son de nosotros. «