Los impactos negativos del actual modelo se expresan en múltiples frentes, más allá de la amplia difusión dada por el gobierno a la medición del Indec que denota una baja de la pobreza y de la indigencia en el segundo semestre de 2025. Se intenta convencer de que los sacrificios están rindiendo sus frutos.
En realidad, la frecuencia (semestral) de los datos de pobreza e indigencia no permite ver lo ocurrido en el último trimestre del año pasado, un período particular porque es cuando empeora el aumento de los precios y se acumulan las pérdidas en los ingresos laborales.
De todas formas, hay números específicos que ayudan a entender qué está ocurriendo en la base de la pirámide: por ejemplo, en el último trimestre de 2025 el precio del pan de mesa subió respecto del trimestre anterior un 14,9% y la papa un 13%, muy por encima de la inflación. La elección no es caprichosa: son dos de los principales componentes de la canasta básica alimentaria, lo cual lleva a pensar que en los últimos tres meses de 2025 la indigencia y la pobreza tendrían que haber subido.
Cuesta pensar también que la situación social pueda estar mejorando cuando, según el Indec, la tasa de desempleo llegó al 7,5% durante el cuarto trimestre de 2025, 1,1 punto porcentual más alta que la de un año atrás.
Respecto del consumo masivo, que continúa cayendo, el ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo en una reunión con supermercadistas, y según medios de prensa: “El consumo cae por las altas tasas municipales y por la competencia del mercado informal”. Una semana atrás Caputo había dicho que el consumo, más allá de lo que ocurre con el segmento masivo, se encuentra en niveles récord.
La respuesta que le dieron algunos de los empresarios presentes habría girado en torno a la baja de los ingresos de la población. Sobre el argumento de la situación del segmento informal de comercialización, señalaron que allí también hay dificultades.
El ministro valoró la suba de los salarios por debajo del 2%, menor que la inflación; en realidad es una postal del cambio de precios relativos que se persigue y que explica en gran medida la debilidad del mercado interno. Sin ingresos suficientes para la ciudadanía, cuesta ver cómo al consumo le podría ir bien.
Seguramente haya un segmento minoritario de la población al que no le esté yendo mal. En la Argentina del 20-80, si el 20% de algo más de 47 millones de habitantes representa aproximadamente a unos 3 millones de familias, con ese número alcanza para que si se recorren algunos barrios se vea muchos restaurantes llenos. O para notar cómo el sector de mayores ingresos agota los pasajes en avión al exterior o aumenta su compra de autos cero kilómetro, algunos de lujo. No se debe naturalizar esta desigualdad.
Además, parte del consumo se orienta a bienes importados, que reemplazan a la producción local, y así se despiden trabajadores/as, éstos/as dejan de comprar y terminan afectando a otras empresas, que a su vez van a generar nuevos despidos, y la rueda se va agravando.
El sector manufacturero continúa debilitándose. De esta forma, el IPI del Indec arrojó en enero una contracción del 3,2% interanual, siendo el sexto mes consecutivo con números negativos. Varios rubros se encuentran afectados por la caída de las ventas. Fueron muy importantes las bajas en Vehículos Automotores (-25,7%), Productos Textiles (-24%) y Prendas de Vestir y Calzado (-21%). Casualmente, los sectores cuya demanda el gobierno dice que está creciendo aceleradamente: aquí aparece con claridad el impacto de las importaciones. También cayó Maquinaria y Equipo (-20%).
Estos números están en sintonía con la encuesta cualitativa sobre la situación sectorial relevada por el Indec, que sigue arrojando una visión mayormente negativa de los empresarios sobre el futuro del sector manufacturero a corto plazo, tanto en lo que respecta a la evolución de la demanda interna como en lo relacionado con la dotación del personal.
Respecto de la dinámica de la inversión, al margen de los anuncios en algunos sectores puntuales, asociados a la explotación de recursos naturales, la misma está lejos de reaccionar. El Estudio Ferreres indicó que en febrero, medida en volúmenes físicos, la inversión se redujo interanualmente (por tercer mes consecutivo) un 11,4%. En el caso de Maquinarias y Equipos, la caída en las compras de bienes nacionales fue del 9,2%, y de importados en un 23,9 por ciento.
En las licitaciones del último viernes de marzo se subastaron Bonares 2027 y 2028 (bonos emitidos y suscriptos en dólares), por U$S 300 millones en la primera llamada. El gobierno captó el monto máximo ofrecido, mientras que en el segundo llamado del lunes, en el caso del 2028 sólo se colocaron U$S 34 millones, por debajo de los U$S 100 millones habilitados. Por otro lado, la oferta de financiamiento de los inversores externos, y adicionalmente con los efectos del conflicto bélico, sigue siendo muy reacia a prestarle a un país altamente endeudado como Argentina.
La problemática del sector externo siempre está presente, pero se agudiza con las políticas desreguladoras y aperturistas del actual gobierno. Más allá de los saldos positivos en materia de comercio, y como producto de los pagos de intereses y de los viajes al exterior, en febrero la cuenta corriente cambiaria resultó negativa en U$S 115 millones. Ésta ya acumula cinco meses consecutivos en rojo: la última vez que resulto positiva fue en septiembre de 2025, cuando las retenciones a la soja tuvieron una reducción al 0% y se fomentó, previo a los comicios, la liquidación adelantada de las exportaciones.
Se mantiene a su vez la compra de billetes y divisas de los particulares, que llegó a U$S 2478 millones en febrero. Por otra parte, se evidenció una toma de préstamos por parte de las empresas y gobiernos locales por U$S 1729 millones. Para dimensionar la magnitud de este endeudamiento señalemos que durante los años 2020-2023 el promedio anual arrojó un desendeudamiento neto (U$S -5700 millones), mientras que 2024-2026 (a la fecha) contabiliza un endeudamiento promedio anual de U$S +8228 millones.
Los números aquí volcados resultan necesarios para tener una visión más amplia de lo que está ocurriendo en nuestro país, para contrapesar el discurso oficial de que “vamos bien” e intentar avanzar hacia la construcción de otro modelo de país: soberano, que garantice derechos, con crecimiento sostenible y con una equitativa distribución del ingreso y de la riqueza.

Honoris Causa
El martes, el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires, a través de la Facultad de Ciencias Económicas, me hizo entrega del doctorado Honoris Causa.
Más allá de la satisfacción personal, se trata de un homenaje al movimiento cooperativo transformador y a un modo de entender la democracia, la participación y la gestión de las instituciones. También es el reconocimiento al colectivo de dirigentes que me precedió y al que hoy me acompaña.
Desde hace décadas, participamos con nuestras ideas, convicciones y estilo en la historia política, social y cultural de nuestro país. Hemos apostado siempre por combinar los más profundos ideales y proyectos transformadores con la construcción de los más amplios consensos.
En el evento en Ciencias Económicas, luego de agradecer a la UBA por la distinción, cerré mi intervención parafraseando a Pablo Neruda: “Confieso que he vivido”. Y sumé: “pero tengo unas enormes ganas de seguir viviendo porque hay mucho que hacer y vamos a seguir trabajando y militando en ese sentido”. Nuestro movimiento tiene mucho pasado. Nuestro movimiento tiene mucho futuro. «