“No estamos en contra de la minería”. Esta frase se escuchó durante las audiencias por la Ley de Glaciares en el Senado Nacional en diciembre pasado pronunciada por representantes de ONGs ambientalistas y sorprendió que surgiera de ellos. ¿Por qué deberían decir esa frase? Es evidente que necesitamos discutir los impactos de las actividades humanas sobre la viabilidad futura de los ecosistemas y, consecuentemente, nuestro futuro en el planeta, pero el lobby empresarial es muy profundo y cala en sectores inesperados.
Una aclaración antes de continuar: todo lo que suceda hacia adelante tiene inevitablemente que entenderse en un contexto de cambio climático global, o más correctamente, crisis climática. Puede aburrir por reiterativo, pero preocupa que gran parte de la sociedad y de los gobernantes no dimensionen la urgencia. Es más, el Gobierno de Javier Milei directamente lo niega. No se trata de team invierno versus team verano. Los modelos predicen reducción en las precipitaciones en una gran parte de nuestro país, como ya mencioné con los incendios forestales de Patagonia. En este contexto de profundas sequías, los glaciares toman aun mayor relevancia.
Se estima que los glaciares proveen de agua a, al menos, 7.000.000 de argentinos. El 15% de la población nacional. Pero no sólo son importantes para nosotros. Hay ecosistemas enteros que dependen de su presencia y su estabilidad. Gran número de plantas y animales habitan en los sistemas peri-glaciares. Algunos, súper adaptados como Andiperlawillinki, el “Dragón de la Patagonia”, un invertebrado “famoso” que desarrolla su ciclo de vida completo en los glaciares. O la Diuca Ala Blanca, un ave que nidifica en las paredes de hielo glaciar de los Andes de la Puna. Son un ecosistemas en sí mismos y necesitan ser protegidos.
Ahora, ¿cuántos glaciares hay en Argentina? El Inventario Nacional de Glaciares (ING) realizado entre 2004 y 2016 y liderado por el Dr. Ricardo Villalba del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA)/CONICET detectó un total de 16.078 glaciares. Cubren un área de 5769 km2 y se ubican desde los 200 metros sobre el nivel del mar en el sur del país, hasta los 6900 en los Andes centrales. Hay que sumar otros 2.715 km2 en las Islas del Atlántico Sur.
Si bien casi el 60% del área glaciar se encuentra en Patagonia Austral, hay un detalle importante: el 70% del total de glaciares inventariados están en los Andes Centrales y Desérticos. Son relativamente pequeños, comparados con los campos de hielo de Patagonia, ya que representan el 35% del área.
Este 70% de los glaciares del país se encuentran en las “provincias mineras”, como Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, Tucumán, San Juan y Mendoza. Allí la principal fuente de agua es la proveniente de las altas cumbres, donde están los glaciares. Protegerlos como recurso ecosistémico es clave para el humano.
Para proteger los glaciares hay que cuidar los ambientes peri-glaciares. Esto es, la zona de influencia, con suelo congelado, que ayuda a mantener sus condiciones estables. En este punto clave se centra la ley nacional 26.639 “Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial” promulgada en el año 2010, bajo el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Argentina, fue el primer país en promulgar una ley nacional para proteger sus glaciares.
En 2024, con la llamada “Ley Omnibus” se intentó modificar la Ley de Glaciares. Como sabemos, debido a los rechazos en muchos artículos, la ley fue retirada y no se avanzó con la modificación. El único motivo que podemos considerar para plantear la necesidad de estos cambios es el lobby empresarial como complemento al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). La protección de los ambientes glaciales y peri glaciales reduce la posibilidad de exploración, pero también de afectación de zonas actualmente protegidas, limitando tanto las actividades de extracción directa, como los insumos y necesidades de transformación por las necesidades logísticas de los proyectos.

Una protección integral y nacional
Los cambios propuestos se esconden bajo lo que podría interpretarse como un falso federalismo. Y supuestamente, para evitar interpretaciones parciales de la ley. Sin embargo, la Ley de Glaciares es muy clara y precisa como está. Plantea una base clara a partir de la cual las provincias pueden ser más rígidas en la protección de los glaciares, pero nunca flexibilizar. Los cambios también proponen que el monitoreo e inventario esté a cargo de grupos locales, lo que facilita presiones directas desde los gobiernos provinciales -y del lobby empresarial- que anteriormente no existían ya que el inventario era realizado de forma centralizada. Por supuesto, son todos cambios que favorecen a las empresas extractivistas.
La debilidad de los glaciares no es solo frente a la crisis climática. Casi el 90% de superficie glaciar de Santa Cruz, por ejemplo, se encuentra dentro del sistema de parques nacionales y casi el 100% con algún grado de protección dentro del sistema de áreas protegidas. Además, esta provincia prohíbe la minería y otras actividades extractivas al oeste de la ruta nacional 40, donde se encuentran todos los glaciares. Ese es un escenario ideal.
Contrariamente, por ejemplo en San Juan, provincia minera por excelencia, sólo el 9,1% del área glacial está protegida, mayormente bajo el sistema provincial de áreas, que incluso habilita el desarrollo minero dentro de esas áreas.
Es decir que la existencia de una ley de protección de glaciares, transversal y nacional, es fundamental para garantizar la viabilidad a largo plazo de estos sistemas, independientemente de intereses puntuales.
La situación de los glaciares
Los resultados de la primera actualización del inventario nacional de glaciares presentada en 2025 para el sector de los Andes Desérticos muestra que en sólo una década se redujo su superficie de un 8%. Esto coincide perfectamente con lo observado a escala global.
A partir de observaciones glaciológicas y geodésicas, los estudios más recientes estiman que, entre 1961 y 2016, los glaciares aportaron cerca de 27 milímetros al aumento medio del nivel del mar a escala global. En la última década analizada, esta contribución rondó un milímetro anual. En conjunto, el retroceso glaciar explica entre el 25 y el 30% del aumento total del nivel del mar. Pero el dato más preocupante es la aceleración del proceso.
La pérdida de masa glaciar aumenta a un ritmo cercano a las 48 gigatoneladas por década, lo que explica entre el 6 y el 19% de la aceleración detectada en el aumento del nivel del mar. En las últimas dos décadas, el adelgazamiento de los glaciares se duplicó. Las tendencias actuales indican que varios glaciares de montaña podrían desaparecer casi por completo antes de que termine el siglo, mientras que las regiones con mayor concentración de hielo seguirán contribuyendo al aumento del nivel del mar más allá de 2100.
Para preocuparnos un poco más, podemos visitar la situación del glaciar Perito Moreno, en el Parque Nacional Los Glaciares, Santa Cruz. Este glaciar, tal vez uno de los más famosos del mundo, recibió a 1,7 millones de visitantes entre 2023 y 2025. Es decir que es una fuente de ingresos fundamental en esa región, pero incluso para el Estado nacional. Un estudio reciente del que participaron investigadores del IANIGLA-CONICET y de Glaciarium muestra cómo los nuevos datos de elevación de la superficie glaciar confirman que el deshielo se acelera de forma generalizada en la zona de ablación. En los sectores cercanos al frente la pérdida de espesor se intensificó de manera abrupta en los últimos años: entre 2019 y 2024, el ritmo de descenso de la superficie fue hasta dieciséis veces mayor que en el período 2000–2019.
De mantenerse las tasas actuales de desprendimiento de bloques de hielo, el glaciar podría iniciar un retroceso significativo al perder el anclaje que hoy lo sostiene en su frente. A medida que el frente retroceda hacia zonas más profundas del lago, una porción creciente del hielo quedará en contacto directo con el agua, lo que intensificará el derretimiento submarino y el desprendimiento de témpanos, alejándolo y haciéndole perder su impactante belleza escénica.