Como si al monstruo de fuego que arrasa con el noroeste de Chubut no le hubiera alcanzado con devorarse pedazos de las localidades de El Hoyo y Epuyén, ya convertidos a cenizas, ahora avanza irrefrenable por valles y cañadones de bosque nativo rumbo al suroeste, directo hacia la localidad de Cholila. Allí va a reunirse con otro monstruo simétrico que nació hace 48 días en el Lago Menéndez, creció hacia el noroeste por las entrañas del Parque Nacional Los Alerces y marcha en línea recta también con destino a Cholila. Anoche, las llamas cercaban la pequeña aldea rural de Villa Lago Rivadavia, su último escollo en el camino.
Los dos brazos del enorme incendio forestal que sufre la región cordillerana chubutense ya quemaron en su camino más de 25 mil hectáreas de bosque nativo y pino invasor, y que pueden superar las 30 mil al sumar el todavía humeante incendio de El Turbio, al oeste del Lago Puelo. El desastre ambiental es incalculable por los millares de animales salvajes muertos o desplazados, y el quebranto económico que produjo por la pérdida de la temporada turística, y producirá por la falta de pasturas para alimentar en invierno al ganado ovino y bovino, abundante en la zona.

Cholila está asediada desde el noroeste por el fuego encendido el 5 de enero en el acceso al balneario Puerto Patriada, en la localidad de El Hoyo. Ese incendio recorrió los faldeos norte y sur del cerro Pirque, bordeó los parajes Rincón de Lobo y El Pedregoso, se adentró por entre chacras de Epuyén y cruzó la ruta 40 en Los Coihues con rumbo noroeste, hacia El Maitén. En su camino devoró unas 60 viviendas, y unas 13 mil hectáreas de bosques.
Otro brazo del mismo incendio marchó hacia Epuyén por la costa opuesta del lago homónimo por los faldeos que lo subieron por altura al cañadón del Arroyo Marcelo donde carbonizó los centenarios bosques vírgenes de Cipreses y Coihues, parte de ecosistemas inviolados hasta ahora. Ese cañadón lo encamina directo hacia las nacientes del Río Blanco que desagua en el Lago Lezama en las afueras del casco urbano de Cholila. En su trayecto inevitable hay un enorme pinar abandonado, que será combustible perfecto para consumar la tragedia.
Desde el suroeste avanza el fuego desatado por un rayo el 9 de diciembre en el Lago Menéndez. A su pasó ya quemó más de 12 mil hectáreas de bosques nativos hábitat de fauna silvestre, pasó por el Lago Verde y encendió los faldeos de los cerros La Momia y Coronado, en ambas costas del Lago Rivadavia, al límite norte del Parque los Alerces. Allí, a la salida del Parque, está la pequeña aldea rural Villa Lago Rivadavia, habitada por unas 10 familias ya evacuadas a mitad de la semana. Una de las chacras se quemó el miércoles por la noche.
La frustración fue mayúscula ayer cuando las fuertes lluvias previstas para el mediodía fueron apenas unas pocas gotas durante unos minutos. Solo una menor temperatura y la falta de viento permitieron operar a los aviones y helicópteros que llevaban largas horas paralizados. También sirvió para ralentizar la velocidad de avance de las llamas. Durante la noche del miércoles había diluviado por horas en Esquel e incluso con caída de granizo en Trevelín, ambas ciudades distantes a muy pocos kilómetros de Cholila pero en valles diferentes. Esa lluvia alimentó la esperanza de un alivió que finalmente nunca se produjo.
Para contener ambos focos trabajan brigadas forestales locales de Chubut, provinciales de Santa Fe, Córdoba, Neuquén, Río Negro y Santa Cruz, además de brigadistas de Parques Nacionales y del Servicio Nacional de Manejo del Fuego. Junto con ellos ponen el cuerpo los bomberos voluntarios de toda la comarca y cada vez más los miembros de las brigadas forestales voluntarias que fueron el corazón de la resistencia al fuego en la primera etapa en El Hoyo y Epuyén. Trabajan con el apoyo de siete helicópteros y seis aviones hidrantes, los pequeños AT-802 que pueden maniobrar entre las montañas. Del gigantesco y poco útil Boeing 737 alquilado y promocionado por el gobernador Ignacio Torres, nada más se supo.
Chubut y un sistema precario
La precariedad del sistema de Chubut quedó abiertamente expuesto esta semana, cuando los brigadistas provinciales precarizados superaron el temor a las represalias y comenzaron a salir por las radios de la zona para suplicar donaciones porque carecen de los equipamientos básicos para llevar adelante sus tareas, en las que corren riesgo de vida.
No son las únicas críticas que se hacen sentir contra el gobernador Torres. Esta semana la Cámara de Comercio, Turismo e Industria del Oeste de Chubut, y las Cámaras empresarias de Lago Puelo, Epuyén, Cholila y El Maitén cuestionaron con inédita dureza al Gobierno provincial por su “negligencia, incapacidad y falta de prevención” en los incendios forestales, a la vez que exigieron la renuncia de la cúpula de Parques Nacionales por el manejo del fuego nacido en el Lago Menéndez. La única Cámara empresaria de la región que no se animó a levantar la voz en defensa de sus afiliados fue la de la localidad de El Hoyo.

“Los resultados están a la vista: se destruyó gran parte de un patrimonio de la humanidad, con daños económicos majestuosos”, acusó el presidente de la Cámara chubutense, Carlos Miguens, para quien la situación de Esquel y Trevelin es gravísima, con una actividad económica que está por debajo del 30 por ciento. Productor de cerveza artesanal, Miguens se sumó al cuestionamiento contra Torres y el desplazamiento de la cúpula de Parques Nacionales y de las autoridades del Parque.
Donde tampoco están felices con el desempeño del gobernador, por su desidia y falta de políticas preventivas, es en las medianas y grandes estancias de la región, que debieron interrumpir las veranadas y bajar al ganado a la planicie para ponerlo a salvo del fuego. Eso interrumpe el ciclo alimentario y los obliga a consumir las pasturas destinadas al invierno. También, en muchos casos han conformado sus propias brigadas forestales con personal contratado al efecto, y dirigido por veteranos brigadistas de los servicios nacionales y provinciales.
Regresó Torres, aunque sin explicaciones
La jornada de ayer marcó el retorno del gobernador al escenario del incendio, acompañado por funcionarios y su nutrido equipo de comunicación. Hizo su conferencia entre los brigadistas y prometió la reconstrucción de todas las viviendas afectadas por el fuego pero, enfatizó, a cargo del Gobierno provincial y “sin la intermediación municipal”, lo que deja afuera a los intendentes de Epuyén, José Contreras, y El Hoyo, César Salamín, notoriamente superados en su impericia por el incendio. Salamín llegó a decir en la televisión porteña que los incendios eran intencionales con la finalidad de ocupar los terrenos quemados por personas provenientes del conurbano bonaerense.
Torres confirmó además que el Gobierno nacional prometió enviar a la provincia una asistencia de ocho mil millones de pesos en dos cuotas de cuatro mil, para enfrentar las consecuencias del incendio. Este fin de semana, el Quini 6 en sus tres sorteos suma premios por casi 13 mil millones de pesos, un 55% mayor a la asistencia del ausente Gobierno nacional. Tras el incendio del año pasado recibió siete mil millones, pero las víctimas del fuego siguen sin reconstruir sus viviendas y solo recibieron migajas de ayuda insuficiente.
Al mensurar la magnitud de la tragedia que enfrentan los habitantes de la Cordillera, el gobernador subrayó que “se está ante la peor sequía desde 1965”, aunque, en consecuencia, no abundó en explicar las razones por las cuales descartó implementar medidas preventivas durante el año, y por qué no utilizó los casi 1.500 millones de pesos provenientes de fondos internacionales y de la Ley de Bosques para la prevención de incendios forestales y la protección de bosques nativos.
