El Mundial de los desaparecidos

Por: Cecilia González

Mientras la FIFA y el gobierno mexicano celebran una fiesta masiva de espaldas a la realidad, miles de madres se movilizan hacia el Estadio Azteca para denunciar que el país es campeón en desaparición de personas y que la alegría pública no puede ocultar el dolor.

Es junio de 2026 y México recibe por tercera vez un Mundial de Fútbol. El gobierno y la mafia FIFA anuncian una fiesta masiva. Pero es una fiesta con 135.055 ausentes.

Esa es la cifra oficial de personas desaparecidas en México al inicio de la Copa. Cuando termine, el 19 de julio, serán más, porque el número crece a diario y supera récords durante la presidencia de Claudia Sheinbaum. A 20 meses de haber asumido, es inexplicable su indiferencia hacia las madres buscadoras, su negativa a reconocer la magnitud de la grave crisis humanitaria que explotó desde que en 2006 el expresidente Felipe Calderón declaró una inútil guerra contra el narcotráfico que solo exacerbó la violencia y colmó de sangre al país.

«No llego sola, llegamos todas», proclamó Sheinbaum hace dos años, cuando ganó las elecciones y se convirtió en la primera presidenta de México. Las madres buscadoras se ilusionaron. Esperaron empatía, creyeron que por fin tendrían el apoyo incondicional por parte de la autoridad más importante del país. Y cómo no, si se trataba de una líder de izquierda que prometía un gobierno humanista. Pero se equivocaron. Muy pronto asumieron que en ese «llegamos todas», no estaban incluidas ellas, las mujeres que buscan a sus desaparecidos y que, en muchos casos, descubren y escarban con sus propias manos las miles de fosas clandestinas que hay en el país con la esperanza de encontrar los restos de sus hijos.

Cuando le preguntan por las madres buscadoras, Sheinbaum adopta un tono aséptico y asegura que nunca va a confrontar con ellas. Pero pone en duda las cifras de víctimas, anuncia censos que intentan reducir el número de personas desaparecidas, critica a los colectivos nacionales e internacionales que denuncian la indolencia de las autoridades. Ya se enfrentó con el Comité contra la Desaparición Forzada, que depende de la ONU, porque advirtió que las desapariciones masivas podrían constituir delitos de lesa humanidad. Mientras las desapariciones aumentan, Sheinbaum delega en la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, la atención a los familiares. ¿Por qué se niega a abrazar de manera personal, literal y simbólicamente la lucha de estas mujeres? No hay respuesta.

Entonces llega el Mundial y las madres buscadoras saben que los ojos del mundo están atentos a México durante la competencia que comparte con Estados Unidos y Canadá. Tal y como hicieron las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en Argentina ’78, quieren aprovechar los reflectores, los micrófonos, las cámaras, los periodistas e influencers extranjeros para concitar el apoyo de la comunidad internacional.

Los colectivos organizan una agenda mundialista. Despliegan una bandera con el número +133 mil en el Ángel de la Independencia, hacen un mitin por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y realizan la marcha «Iluminemos la búsqueda, caminata por los desaparecidos». Convocan a «cascaritas» (improvisados partidos de fútbol callejero) por la justicia y contra el olvido en el Zócalo.

Marchan rumbo al Estadio Azteca y el portal «A dónde van los desaparecidos» rescata sus sentires: «protegen un balón en lugar de proteger al pueblo», «que sepan que hay desaparecidos, que México no es lo bonito que ven en las pantallas», «queremos hacer visibles a nuestros desaparecidos», «a ver si acá nos escucha el gobierno, pero parece que no, ojalá nos volteara a ver», «necesitamos que la prensa internacional sepa que hay una crisis de desaparición en México», «que haya presión para que el gobierno cambie sus políticas de seguridad», «al gobierno mexicano no le importa la crisis de desapariciones», «si ustedes vieran el dolor que cada una de nosotras cargamos, no deberíamos estar aquí, y sin embargo aquí estamos, por amor a ellos, a nuestros hijos», «México, con más de 134.000 personas desaparecidas, no estaba preparado para un Mundial, la prensa internacional y la gente que viene de fuera a ver los partidos ya se está dando cuenta», «yo le diría a la presidenta que se venga a poner en mis botas, mis guantes, por cinco minutos; que cargue mi pico, mi pala, cinco minutos nada más, yo pensé que, como mujer y como madre, iba a ser diferente, pero no nos da ni siquiera un minuto de atención», «que los otros países que ven el Mundial se den cuenta de lo que está viviendo México», «no son hechos aislados, las desapariciones son crímenes de Estado», «México es campeón en la desaparición de personas», «que la alegría pública no sirva para ocultar el dolor de las familias».

En redes se viraliza el video de una madre buscadora que implora a los policías: «queremos que nos comprendan, que nos dejen pasar, mientras ustedes están aquí, están desapareciendo más personas, no es justo, ayúdennos, por favor, somos madres, compadézcanse de nosotros, ustedes tienen hijos y un día van a necesitar que las madres buscadoras busquen a sus hijos, tengan compasión».

Un lema resume el significado del Mundial en México: la pelota vuelve a casa; los desaparecidos, no. «

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