Adrián Bar, uno de los pioneros del rock argentino, murió este martes, según confirmó su productora a través de un comunicado oficial. Tenía 73 años y una trayectoria extensa ligada a los márgenes más persistentes y creativos del género. Músico y compositor, fue una figura clave en la construcción de una escena que entendió al rock como forma de vida y canal de expresión cultural, lejos de la consagración masiva.
La muerte de Bar reactiva una pregunta incómoda y necesaria sobre el mapa del rock argentino: qué lugar ocupan sus pioneros menos domesticados, los que no entraron en la foto oficial pero ayudaron a construir el lenguaje. Bar fue uno de ellos. Un músico que nunca buscó la centralidad ni el brillo inmediato y que, precisamente por eso, dejó una marca profunda en la trama subterránea del género.
Nacido en 1952, Adrián Bar fue parte de una generación que pensó al rock como experiencia total: música, identidad, pertenencia y cultura. Su nombre quedó asociado a una consigna que funciona como declaración estética y ética: “Toda la noche hasta que salga el sol tocando en una banda de rock and roll, sin parar”. Más que un estribillo, una forma de estar en el mundo.

Bar con Orions y los Triciclosclos
Con Orions Beethoven primero y Triciclosclos después, construyó una obra atravesada por la búsqueda y la independencia. Sus canciones no respondían a fórmulas de época ni a estrategias de mercado: proponían climas, recorridos, una relación intensa con el escenario y el público. En sus conciertos, el rock era experiencia compartida antes que espectáculo.
A lo largo de su carrera, Bar eligió siempre el camino lateral. No se mimetizó con modas ni suavizó su lenguaje para entrar en circuitos más amables. Esa decisión lo mantuvo lejos del centro del canon, pero le dio algo más duradero: el respeto de colegas, músicos y oyentes que encontraron en su obra una autenticidad poco frecuente. Adrián Bar fue, ante todo, un artista que trabajó desde el arte y para el arte.
En los últimos años, su figura adquirió otro espesor: el de testigo activo de una historia que ayudó a fundar. No como reliquia ni como monumento, sino como alguien que seguía pensando el rock como territorio de libertad, conflicto y expresión cultural. Su palabra, como su música, conservó siempre una mezcla de sensibilidad, convicción y distancia crítica.
Según informó su productora, no se realizará una despedida pública en lo inmediato. Sus cenizas serán depositadas en el mar argentino, en Santa Clara del Mar, en una ceremonia a confirmar, con la presencia de familiares, amigos y quienes deseen acompañar. Un gesto coherente con una vida ligada al movimiento, al paisaje y a la idea de libertad.