Este sábado se confirmó el fallecimiento de Julio Le Parc a los 97 años de edad, una de las figuras más influyentes del siglo XX y un auténtico faro en el desarrollo del arte cinético y óptico a nivel internacional. El artista había nacido en la localidad mendocina de San Martín, en 1928, y su trayectoria trascendió las fronteras locales para conquistar los principales centros culturales del planeta.
La producción de Le Parc rompió los moldes de la contemplación pasiva y tradicional. Su obra se caracterizó por una constante y rigurosa experimentación con la luz, el movimiento real y reflejado, y, fundamentalmente, la participación activa del público, un elemento revolucionario que convirtió sus piezas en experiencias vivas y dinámicas. Con sus instalaciones lumínicas y sus célebres móviles, modificó de forma permanente la relación entre la obra de arte y el ciudadano común, transformando los museos en espacios de juego, sorpresa y democratización cultural.
Gran parte de esta revolución estética se gestó en Francia, país donde se radicó a fines de la década de 1950 y donde integró el histórico Groupe de Recherche d’Art Visuel (GRAV). Desde este colectivo de vanguardia, Le Parc impulsó nuevas formas de interacción social y estética que rápidamente llamaron la atención de la crítica especializada. Su consagración definitiva en la escena global llegó en 1966, año en el que obtuvo el Gran Premio Internacional de Pintura en la prestigiosa Bienal de Venecia, uno de los máximos reconocimientos a los que puede aspirar un artista en toda su carrera.
A lo largo de más de siete décadas de producción incansable, sus obras y grandes instalaciones cinéticas formaron parte de las colecciones de las instituciones más prestigiosas del mundo, incluyendo el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, el Centre Pompidou de París, y numerosos museos de Europa, América Latina y Asia. Pese a su proyección global, Le Parc mantuvo siempre un lazo estrecho con su tierra natal; Mendoza rindió homenaje a su figura en reiteradas oportunidades con muestras antológicas que celebraron no solo su innovación técnica, sino también su inquebrantable compromiso con el acceso popular al arte contemporáneo.