Ácido argentino, segundo álbum de Hermética, es uno de los discos más emblemáticos de la historia del rock argentino: un retrato áspero de un país atravesado por la crisis, la desigualdad y el desencanto, pero también una declaración de pertenencia para miles de jóvenes que encontraron en esas canciones una manera de nombrar lo que les pasaba. Detrás de ese sonido estaba la batería de Claudio “Pato” Strunz, un músico que llegó a una banda ya formada y terminó siendo parte esencial de su etapa más emblemática.
Strunz no fue el baterista original de Hermética. Cuando se incorporó en 1991, después de la salida de Tony Scotto, el grupo ya había editado su primer disco y comenzaba a definir el lugar que ocuparía dentro del metal nacional. Su llegada coincidió con el momento de expansión de la banda: fue el baterista de Ácido argentino y Víctimas del vaciamiento, los dos trabajos que terminaron de convertir a Hermética en una referencia ineludible del heavy argentino.
Su aporte no se redujo a la potencia de su sonido. En Hermética, la batería de Strunz funcionó como una base sólida para una música que tenía tanto influencias internacionales, pero ante todo una identidad local inequívoca. Mientras Ricardo Iorio escribía las melodías y letras que hablaban del trabajo, la calle, la injusticia y la vida cotidiana, la formación que completaban Claudio O’Connor y Antonio Romano construía un sonido directo, sin concesiones, que conectó con una generación que no se sentía representada por otros discursos del rock.

Ese fue uno de los fenómenos más singulares de Hermética: una banda de heavy que consiguió transformar una escena históricamente marginal en un movimiento masivo. No necesitó adaptarse a los códigos de la industria para encontrar a su público. Sus recitales, sus discos y sus canciones construyeron una comunidad con reglas propias. Y Strunz fue parte de esa maquinaria desde la batería, con un estilo que combinaba precisión, contundencia y una energía que parecía empujar cada tema hacia adelante.
Antes de llegar a Hermética, ya había recorrido el circuito pesado con Heinkel, una banda que luego derivaría en Jeriko. Su cercanía con la escena del metal argentino fue clave para su incorporación al grupo de Iorio. Después de la disolución de Hermética, a fines de 1994, su camino continuó junto a Claudio O’Connor y Antonio Romano en Malón, una banda que no fue simplemente una continuación sino una nuevo sonido.
Malón nació en un momento complejo: debía construir una identidad propia mientras cargaba inevitablemente con la comparación con Hermética. Con discos como Espíritu combativo y Justicia o resistencia, el grupo mantuvo viva una forma de entender el metal como una expresión social y cultural. La banda atravesó distintas etapas, separaciones y regresos, pero siempre conservó un lugar central dentro de la escena.

La relación de Strunz con su pasado también tuvo otros capítulos. Formó parte de La H No Murió, el proyecto que recuperó canciones de Hermética junto a Claudio O’Connor, Antonio Romano y Karlos Cuadrado, una iniciativa que volvió a poner en circulación un repertorio que ya pertenecía a la memoria colectiva del metal argentino. En 2021 anunció su salida tanto de Malón como de ese proyecto.
Pero su vínculo con esa historia no terminó allí. En los últimos años volvió a explorar ese legado con Hermética X Pato Strunz, una formación creada para recorrer el repertorio de una banda que, pese a haber existido apenas seis años, dejó una huella extraordinaria en varias generaciones de seguidores.
También hubo otros proyectos en su recorrido, como Simbiosis, experiencias que muestran una inquietud que muchas veces queda opacada por el peso enorme de Hermética y Malón. Porque la historia de Strunz no es solamente la de un músico asociado a dos bandas fundamentales: es también la de alguien que siguió buscando espacios para tocar dentro de una escena donde la permanencia siempre fue una forma de resistencia.
Su relación con la historia del heavy argentino también se expresó en el homenaje a Riff, la banda de Pappo que abrió las puertas del hard rock pesado en el país. En ese proyecto, Strunz volvió a conectarse con las raíces de una escena de la que después sería uno de sus protagonistas fundamentales.
Su prematura muerte, confirmada en la madrugada de este martes, dejó una profunda tristeza en miles y miles de metaleros que siempre lo acompañaron.