Natalia Dobransky es técnica en Gestión Integral de Incendios Forestales y coordinadora de la Brigada Forestal Mallín Ahogado. La brigada es autogestiva y es una Asociación Civil sin Fines de Lucro, que trabaja en la localidad de El Bolsón, Río Negro, con el fin de dar asistencia y respuesta en las emergencias de incendios forestales.
Dobransky está en la primera línea de la lucha contra el fuego –que tuvo varios focos reactivados el lunes último– y en el incendio declarado el 5 de enero, en la localidad de Puerto Patriada. Desde esa perspectiva, Natalia Dobransky dialogó con ANSOL.
–¿Cómo se originan las situaciones que desembocan en este tipo de incendios?
-Esta temporada tuvimos condiciones críticas a nivel meteorológico. En Patagonia, hubo muy pocas precipitaciones y temperaturas muy por encima de la media, con lo cual ya nos anticipábamos a tener una temporada de incendios bastante crítica. El primer incendio fue en diciembre, en el Turbio, Chubut, que todavía tiene actividad.
El 5 de enero, comenzó el de Puerto Patriada y, al mismo tiempo, tuvimos un incendio en la Loma del Medio, un paraje de interface en El Bolsón, que es nuestra jurisdicción y donde tuvimos que asistir rápidamente para que no se llevara las viviendas que estaban en la vera, que es un lugar muy crítico a nivel infraestructura y combinado con el bosque.

El incendio en Puerto Patriada
–¿Pudieron controlar ese incendio?
-Una vez que pudimos contener el incendio de la Loma del Medio, nos dirigimos hacia Puerto Patriada, en lo que se denomina ‘el ataque ampliado‘, que es cuando ya la jurisdicción no puede dar respuesta total al incidente y ahí nos pusimos a disposición. La zona de Puerto Patriada sería el ejido de Lago Puelo y de Epuyén.
Trabajamos con las instituciones de la localidad, pero el incendio ya había avanzado mucho en las primeras horas, con lo cual inmediatamente nuestra tarea fue asistir a los vecinos que se estaban evacuando y preservar las viviendas y los bienes de las familias que fueron sorprendidas por el fuego.
–¿Cómo se fueron conformando las brigadas?
-Muchos de estos grupos se fueron organizando desde 2021, para prepararse con equipamiento, motobombas y tanques de agua. Como lo hicimos nosotros, muchos otros grupos organizados empezaron a asistir a esta emergencia.
–¿Cómo son las tareas que hacen ustedes?
-Sobre todo, tiene que ver con aplicar agua, evacuar personas, asegurar las vías de escape para las evacuaciones, defender los bienes de las personas, los galpones, los animales y todo lo que tenga que ver con infraestructuras, para que los medios oficiales, que son los que están encargados de contener el incendio, puedan dar respuesta.
–¿Y cómo lo hacen, concretamente?
-Tenemos un camión autobomba y una camioneta de ataque rápido. Con esos móviles, llevamos a nuestras cuadrillas y empezamos tareas de liquidación: enfriar, defender las viviendas, aplicar agua, hacer cortafuegos, si es necesario; eliminar la carga de vegetación que hay entre las zonas donde se desarrolla el incendio y las infraestructuras, para evitar el avance del incendio a estos lugares y defender las viviendas.
Por más que tengas mucha agua o tengas los recursos necesarios o el conocimiento, hay una condición que es crítica: la exposición a las altas temperaturas. Cuando estás en un lugar donde todo alrededor se está prendiendo fuego, por más agua y recursos que tengas, muchas veces no se puede hacer nada. El incendio camina mucho más rápido que los recursos humanos y tiene una intensidad calórica que impide estar cerca de las llamas.
–¿Qué haces en esas situaciones?
-Muchas veces, si el lugar es indefendible, no queda más remedio que replegarse y poner a los recursos humanos y a las personas en un lugar seguro. En Patagonia, hay muchas viviendas que no están emplazadas en lugares seguros; todo lo contrario. Un gran porcentaje de las viviendas está en zonas de interface. Es muy difícil defender esos bienes porque es una cuestión de seguridad y siempre se va a priorizar la vida de las personas.

–¿Y si el lugar no es seguro?
-Si el ambiente no es seguro, si no tenemos vías de acceso que nos garanticen una rápida evacuación, si no tenemos un área segura alrededor de la vivienda, esos lugares son indefendibles. Tiene que ver mucho el ojo técnico de la persona que está en el lugar: conocer cómo es el comportamiento de los incendios, la topografía, cómo se mueve el fuego por el paisaje; conocer de combustibles, porque no es lo mismo un fuego en zona de arbustos que en zona de bosques densos, de pinos, cerrados; y, por supuesto, conocer la meteorología, porque podes tener lo otro en cuenta, pero si no sabés que ese día va a haber una rotación del viento, vas a estar trabajando en un lugar muy inseguro y toda tu estrategia se va a ir a la basura.
–¿Cuánto tiempo lleva una jornada de trabajo?
-Intentamos que el personal no esté más de 6 horas en el incendio, pero la realidad es que este tipo de incendios no nos permiten muchas veces replegar a tiempo o quedamos del otro lado del paso. Este incendio, por ejemplo, cruzó dos o tres veces la Ruta 40. Muchas veces nuestra jornada depende de las condiciones propias del incendio y eso puede derivar en quedarse hasta altas horas de la noche, cuando está garantizada la tarea.
–¿Podés marcar etapas en el incendio desde que arrancó hasta ahora?
-En realidad, este incendio todavía está en la segunda etapa. Yo diría que está más detenido que contenido. Hablamos de incendio contenido cuando ya se pudo contener todos los puntos, a abarcar todos los flancos: la cola, la cabeza, las bahías, los dedos y las islas. En este caso, como el incendio avanzó libremente y estuvo fuera de control durante todos estos días, lo único que realmente lo contuvo fueron las condiciones meteorológicas. Cuando llegaron las precipitaciones y el descenso de la temperatura, el incendio pasó a un estado de letargo; es decir, a estar detenido por las condiciones meteorológicas.
La primera etapa es cuando está fuera de control; la segunda es detenido o contenido, y la tercera es circunscripto, cuando ya se ejecutaron todas las líneas de defensa que rodean y bordean al incendio para que esté controlado, que quiere decir que desde ese punto ya no puede volver al punto anterior.
La etapa final, la cuarta, es el extinguido. Esta llega hasta el otoño porque tenemos combustibles gruesos y, una vez que arde, cuesta muchísimo que se apague. A veces, los incendios no se declaran extinguidos hasta que entra la etapa más fría de la temporada, que es el otoño-invierno.
Por qué se originan los incendios

–¿Tenés algún indicio de por qué se realizaron los incendios?
-Sí, generalmente, la estadística dice que sucede en los días críticos. Sabemos que, si vamos a tener días de temperaturas muy altas o de mucho viento, es muy probable que ese día, por algún motivo, tengamos un incendio de magnitud. La realidad es que no podemos asegurar si eso sucede de manera accidental o intencional.
Sería interesante saber en qué estado está la investigación y conocer los resultados. Pero la realidad es que acá hay una fuerte inclinación hacia que los incendios son generados de manera intencional, y no puedo decir que no, pero tampoco puedo asegurar que sea realmente intencional.
Es raro que en ese sector se haya originado este incendio. Siempre supimos que si había un incendio en Puerto Patriada, iba a ser muy difícil de controlar. Para quienes estudiamos el fuego, sabemos que es un lugar crítico por todas las condiciones que tiene: los combustibles, la topografía, la orientación del viento y la afluencia de personas. Es un lugar turístico.
–¿La capacidad de los bomberos en ese sentido y de los equipos oficiales está en condiciones?
–Este tipo de incendios de magnitud deja fuera de la capacidad de extinción a cualquier sistema. Creo que no es una cuestión solamente de recursos, sino que ya estamos en una situación crítica a nivel ambiental; sobre todo, en Patagonia, por el cambio climático. El índice de sequía que tenemos nos juega en contra. Entonces, por más recursos que tengamos, es probable que tampoco pudiéramos dar una respuesta que hubiera cambiado mucho la situación de este incendio.
Dicho esto, sí es cierto que, si nosotros tenemos más y mejores recursos adaptados a esta nueva realidad, a esta nueva dinámica del fuego, podemos anticiparnos. Establecer maniobras y estrategias de presupresión de incendios en los lugares críticos, por ejemplo, porque sabemos que en ciertos lugares no lo vamos a poder controlar.
Si podemos establecer políticas de prevención, donde la gente tenga la obligación de mantener sus predios y entienda que la responsabilidad del mantenimiento predial es de la persona que es dueña de la parcela, van a cambiar mucho las cosas.
–¿Pero solo las personas individualmente?
–El Estado debe permitir o aceitar esos procesos. Tampoco sirve exigir a personas que no tienen recursos que limpien su bosque, cuando le cobran por cada unidad forestal que deba mantener, raliar o podar. Ahí, es donde el Estado debería brindar ciertas facilidades. Entonces, si la persona no puede acceder a esto, tampoco estamos aceitando esta cuestión preventiva, que es sumamente importante.

–A nivel nacional, ¿qué políticas de Estado tendría que haber?
-Tiene que haber una política, primero, de ordenamiento territorial en los lugares sumamente críticos. Hay muchos barrios que no tienen agua ni los servicios mínimos y básicos para poder subsistir y para poder atender una situación de emergencia. Eso pasa en todos los barrios de la Comarca Andina. Y la otra son los servicios de energía eléctrica. Tenemos todavía cables metidos adentro del bosque.
La estadística dice que gran parte de los principios de incendio que hemos tenido estas últimas temporadas han sido por desperfectos en el tendido eléctrico, porque explotó un transformador, o porque un cable tocó una rama, como fue el 9 de marzo del 2021, en el paraje de Las Golondrinas.
A nivel recursos institucionales, los compañeros que trabajan en las instituciones carecen de los recursos que necesitan para poder combatir el fuego. En la temporada alta, no tienen un solo día libre porque tienen que correr de un incendio a otro. Van de una provincia a otra, sufren el desarraigo de la familia, para irse a acampar en el medio de la montaña, sin comunicación, haciendo un trabajo de altísimo riesgo, y percibiendo un sueldo muy por debajo de la canasta básica mínima.
–¿Cómo se estructura el trabajo de las brigadas voluntarias?
-Somos la única brigada comunitaria o autogestiva que tiene personería jurídica. No tomamos ninguna decisión operativa, a menos que estemos dando la primera respuesta ante una emergencia.
–¿Cuántos son trabajando?
-Aproximadamente, 15 personas, entre las partes de logística y el cuerpo activo que sale a terreno. Tenemos dos cuadrillas de cinco personas, para las tareas de control de incendios.
–¿En tu experiencia, qué te dejó esta vez este incendio?
-Desde el año 2021, veo que han cambiado muchísimo las condiciones ambientales. Son mucho más críticas que antes. Esperamos tener un momento más crítico de la temporada a fines de febrero y comienzo de marzo, cuando se acumula la mayor cantidad de tiempo de sequía, y eso ahora está sucediendo en diciembre y en enero.
Quienes estudian el comportamiento de la atmósfera, lo ven en los incendios. Después, a nivel comunitario, vemos una fuerte organización vecinal. Hay todo un sistema alternativo que está sucediendo en Patagonia, que arrancó en 2021 con mucha fuerza, cuando se dio el boom de las brigadas autogestivas. Es una fuerte articulación entre la comunidad organizada y las instituciones.
Antes, la policía sacaba a las personas de las casas. Hoy, se nos solicita en el lugar. ‘Chicos, ¿ustedes tienen este equipamiento? Quédense, vengan, síganos, hagamos tal cosa’. Es real que ha cambiado también el paradigma de las instituciones que trabajan en manejo de fuego, en cuanto a esta necesidad de no desperdiciar los recursos que están en el lugar.
Sería importante que todo esto continúe durante la temporada baja, que estos equipos organizados sigan, que la comunidad que decidió comprarse una motobomba para defender sus casas, sea consiente de tener un reservorio. Tener una motobomba o un generador porque, si pasa algo, nos voy a quedar sin luz nos vamos a quedar todos incomunicados. Que la comunidad que no va a ir al fuego, pero que quiere defender su vivienda y su parcela y su entorno, también sepa que no podemos solamente trabajar en la respuesta, sino que debe preparase.
Es decir, limpiar mi entorno, asegurarme de que en la entrada del camino pueda entrar un camión 4×4, que tenga una reserva de agua donde pueda recargar un hidrante, que tenga un cartel para poder llegar hasta mi lugar. También hay una cuestión difícil a nivel topográfico. Los callejones son muy largos, de mucha dificultad, no hay mucha señalización, no tienen nombre siquiera. Todo eso complica el ingreso de los servicios de emergencia.
El uso del fuego y la educación
Tenemos que prepararnos antes. Preparar el lugar, no solamente para combatir, sino para que, si hay un incendio en las inmediaciones y cae ceniza caliente en la casa, tenga el pasto húmedo, corto, aspersores, pero para eso debemos tener agua y poder llegar el agua al barrio.
Es una articulación. Nosotros decimos que es el manejo integral del fuego. No es solamente aplicar multas ni ir a combatir los incendios o comprarse el avión más grande, sino poder ver todos los actores involucrados en la problemática y cómo pueden interactuar para que no sea tan grave. No lleguemos a estas situaciones de saber que vamos a perder todos los barrios a la vera de ese incendio.
–¿Es una cuestión de concientización y educativa, también?
-Totalmente. Estamos en un lugar donde hay que saber de manejo del fuego. En Patagonia, las personas utilizan el fuego para calefacción todo el año, por ejemplo. Hay una cultura del fuego totalmente particular y la gente tiene que saber cómo hacer buen uso del fuego, en el momento indicado, y qué hacer cuando esa situación se descontrola.
Tenemos una alta estadística de viviendas que se prenden fuego por las salidas de las salamandras. Entonces, si la gente no sabe cómo hacer una instalación de su salamandra de manera segura o cómo prepararse, si en algún momento esa chimenea se tapa y se llega a prender a todo el techo, aparte de llamar a los bomberos, hay que saber qué técnicas puedo usar.
Lo mismo con los niños en la escuela. Tienen que interpretar que un incendio es una situación de peligro y que se debe hacer algo al respecto. Lo mismo con el uso del fuego. Tenemos que llevarlo a las escuelas, pero es muy escaso el conocimiento que se brinda en comparación con la magnitud de los eventos que estamos teniendo.
Dobransky, sobre la intencionalidad de los incendios

–¿Qué mirada tenés sobre las teorías que hablan sobre la intencionalidad de los incendios para negocios inmobiliarios?
–La realidad es que en cualquier lugar en donde hubo fuego, después hubo un asentamiento humano; una intervención, un cambio de uso del suelo, una construcción de un hotel, un camino que dio lugar a un loteo, etc. Si vemos la estadística de lugares que se incendiaron y después se construyó otra cosa privada, no es tan irreal pensar que hay una, no sé si intención, pero por lo menos se aprovecha como una situación de progreso.
Hay una ley y hay que ver qué es lo que hace la Justicia con esa ley y con quienes la infringen. Sabiendo que en esos lugares no se pueden hacer cambios de uso de suelo hasta 30 o 60 años después de un incendio.
–¿En cuanto a la infraestructura y los recursos con que cuenta el Estado, fue mermando en los últimos años?
-Hay que compartir los recursos. Las provincias de Chubut, Río Negro y Neuquén hicieron un convenio de colaboración mutua. Es por una cuestión de déficit de recursos; sobre todo, de medios aéreos, que sabemos también es un gran negocio. Hay algo que está faltando, que es lo más importante: el personal capacitado de tierra, bien entrenado y con todo lo que necesita para combatir. Es decir, buenos sueldos, control desde el aire, medios aéreos y aviones hidrantes.
Pero con la magnitud de eventos que tenemos en este momento, que una provincia y otra se tengan que prestar los recursos, habla de un déficit de recursos. Más allá de que es muy bueno que se hayan podido poner de acuerdo y que exista este convenio de colaboración, implica, a nivel Estado, que hay recursos que están faltando.
–¿Las fuerzas de seguridad cumplen un rol cuando ocurren estos hechos?
-Muy poco, muy escaso. Muchas veces la policía no sabe qué es lo que está haciendo cuando están en un incendio. Saben que los pusieron ahí para que no entre más gente, pero me ha pasado de estar en lugares en donde esas personas estaban esperando recibir órdenes, en un lugar totalmente inseguro.
Creo que no hay una buena comunicación o una buena integración de todas las fuerzas de seguridad porque tanto la policía, los agentes de vialidad y la gendarmería tienen un montón de recursos y mucho conocimiento en materia de rescate y de asistencia humanitaria. Ellos están preparados para trabajar en las emergencias; entonces, tal vez, tendrían que cumplir un rol un poco más importante.
–¿Hay instancias de estudios, de intercambio de experiencias con otras provincias o con otros países?
-A nivel intercambio y capacitaciones, se consiguió de manera autogestiva y voluntaria, pero a nivel institucional no hemos recibido ninguna capacitación internacional ni intercambio oficial.
Los servicios de Patagonia tienen intercambios con otros organismos oficiales de otros países. Se hacen entrenamientos, intercambios o jornadas internacionales. Pero no están incluidos los combatientes, que en definitiva son los que están en la línea al fuego y muchas veces no son escuchados porque las directivas vienen de más arriba.
Sería interesante que el personal de campo, que es el que está trabajando, pueda ser escuchado y brindar su opinión en una mesa operativa para que, en la siguiente intervención, las cosas resulten mucho mejor.