Se conoció el IPC del mes de febrero que registró una variación en su nivel general del 2,9% mensual. Van nueve meses consecutivos que no desciende, al contrario, viene aumentando. Para marzo se espera un mayor peso en los precios del aumento de combustibles, derivado de la guerra en Medio Oriente, dificultando aún más la baja de la inflación prometida por el oficialismo.
Sobre las mediciones de febrero, el ministro Luis Caputo afirmó: “La economía argentina todavía se encuentra en un proceso de corrección de precios relativos, tras más de dos décadas de acumular distorsiones que generaron estancamiento del nivel de actividad y el empleo y una tendencia inflacionaria creciente”.
Entre los precios relativos también están los salarios, que no llegan a equiparar a la inflación. Además, el poder adquisitivo se ve aún más deteriorado por los aumentos de precios en los bienes y servicios básicos. Febrero es un buen ejemplo: “Alimentos y bebidas” creció un 3,3% mensual, y “Vivienda, agua, gas, electricidad y otros” un 6,8%, es decir, ambos por encima del nivel general. Por caso, el precio de la carne se elevó un 7% mensual, una variación que quedó muy por delante de la que tuvieron los salarios. Por otro lado, la Canasta Básica Alimentaria, la cual determina el nivel de indigencia e incluye los principales alimentos, se incrementó un 3,2% mensual en febrero y ya lleva cinco meses consecutivos con mayores variaciones que el nivel general del IPC.
El interrogante sería ¿cuál va a ser el ingreso disponible (el ingreso “de bolsillo” de las personas) luego de descontar los consumos “inevitables”, como los alimentos y los servicios públicos que vienen registrando aumentos superiores al nivel general de los precios al consumidor?
No es casual que se conozcan a diario noticias relacionadas con el cierre de empresas, y la suspensión, despido o retiro voluntario de trabajadores y trabajadoras.
Según datos brindados por cámaras empresarias pyme, en los últimos dos años cerraron cerca de 30.000 compañías, una cifra que ya supera el número de fábricas que bajaron sus persianas entre 2019 y 2023.
Preocupante también es el caso de quienes perdieron su empleo en la vorágine de cierres y reducciones de la actividad productiva. Según los últimos datos disponibles, entre noviembre 2025 y el mismo mes de 2023 se registran casi 200.000 asalariados privados menos. En particular, la caída en ese mismo lapso fue de algo más de 66.000 trabajadoras y trabajadores en la construcción, 60.000 en la industria manufacturera y 22.000 en actividad inmobiliaria, y de alquiler.
El modelo no cierra. Incluso en el caso de que creciera el PIB y bajara la inflación, eso no le llegaría a gran parte de la población, menos aún a quienes se quedaron sin empleo. Un modelo que ya conocemos y que caractericé como las 4M en varias oportunidades, en alusión a las gestiones de Martínez de Hoz, Menem, Macri y Milei.

“Argentina Week”
En la apertura de este evento que tuvo lugar en Nueva York y que busca “atraer a inversores al país”, el Presidente señalo que “Argentina es un excelente caso de negocios”. La pregunta a hacerse sería ¿negocios para quién?
El gobierno está ofreciendo nuestro país al mundo, en especial a EE UU, como una gran oportunidad de negocios y eso es lo que fue a hacer la comitiva argentina a esta convocatoria.
Sostengo que lo ideal sería que los recursos estratégicos queden en manos de empresas estatales, pero si no se pudiera lograr, porque se requiere, por ejemplo, el acceso a tecnologías de punta, la asociación del Estado con el sector privado es adecuado. Sin embargo, en la actualidad, la cuestión pasa por los términos de la negociación: este gobierno no está gestando procesos asociativos equitativos, sino de entrega de la casi totalidad de los beneficios al sector privado. Eso es bueno para quienes van a hacer los negocios, pero no para la población.
En ese sentido cabe resaltar las políticas que está aplicando la Comisión Europea con las empresas extranjeras. Se propone que el sector público ayude a sostener la demanda de áreas estratégicas industriales a través de contrataciones públicas, las que deben tener en cuenta “requisitos de origen de la UE, de bajas emisiones, o ambas” y también plantea la exigencia de que los inversores extranjeros no podrán superar el 49% del capital invertido y deberán garantizar que al menos el 50% de la plantilla de las empresas sea europea en todas las categorías, incluyendo los puestos calificados. Un modelo de Estado presente que brega por el desarrollo industrial.
El discurso del presidente Javier Milei en la “Argentina Week” parece haber ido en sentido contrario a estas políticas europeas. Allí señaló: “Si yo le devuelvo la libertad a los argentinos, que puedan disponer libremente de sus ingresos, obviamente van a asignar los recursos donde les conviene más, entonces van a pagar los neumáticos más baratos, quedará dinero disponible y lo gastarán en otros bienes, por lo cual va a haber eficiencia económica”.
Una ideología que, como se ha mencionado en otras ocasiones, deja las principales decisiones económicas a merced de “los mercados” que reflejan los intereses de los capitales más concentrados, principalmente los extranjeros. La participación de estos últimos llevaría a reprimarizar la economía con el acuerdo del gobierno argentino, una economía caracterizada por las exportaciones con bajo o nulo valor agregado. No es lo mismo exportar baterías que exportar litio o minerales en su estado natural.
El ministro Caputo también señaló que “hoy se percibe más en el exterior que en la Argentina el cambio”. ¿Será acaso porque acá los argentinos y las argentinas no la están pasando nada bien, con un modelo de “modernización” que va en contra del salario y con políticas que destruyen puestos de trabajo?
Respecto de que los inversores externos sí estarían viendo el cambio, por el momento el único apoyo concreto provino de Donald Trump, durante las elecciones de medio término. El resto son propuestas de inversión en el marco del RIGI que aún no se han plasmado en divisas contantes y sonantes.
Si antes del conflicto bélico ya se complicaba la salida a los mercados internacionales de deuda, con la sucesión de hechos ocurridos en Medio Oriente y las perspectivas de que el conflicto continúe, difícilmente se pueda concretar. En el año se deben afrontar por lo pronto unos 12.000 millones de dólares de capital e intereses de la deuda de abril a diciembre, de los cuales U$S 3500 son con el FMI, U$S 4200 son bonos y U$S 3200 con otros organismos, entre los más relevantes. La restricción externa está más presente que nunca.
Es el modelo al que he denominado recientemente como “Naranjo en Flor” por una de las estrofas de este tango que expresa “primero hay que saber sufrir”. Se naturaliza el sufrimiento y el sacrificio con la esperanza de en algún momento estar mejor, algo que no se ve ni se ha visto reflejado en los hechos. Desde que asumió la actual gestión, los principales objetivos económicos (principalmente bajar la inflación y que ingresen inversiones del exterior) se han venido incumpliendo, a pesar del mayor ajuste y desregulación “de la historia universal”. Está claro que el camino para que mejore la vida de los argentinos y las argentinas, no es por acá.«