“Hay que asumir que la Patagonia está en condiciones de muchísima vulnerabilidad frente al riesgo de incendio. Un caño de escape puede desatar una catástrofe. Este escenario va a ser cada vez más virulento y frecuente con los años”, explica a Tiempo Argentino la codirectora ejecutiva de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, Sofía Nemenmann, quien si bien nació y se crió en Buenos Aires, desde hace 12 años vive en Bariloche donde desarrolla su militancia por el cuidado de la naturaleza. Junto a un equipo interdisciplinario publicaron esta semana el informe “Megaincendios en la Patagonia Norte: lo que está pasando y lo que no nos están contando” en donde se destaca la importancia de la normativa vigente, el desinterés de los diferentes gobiernos y las razones por las cuáles estamos frente a un fenómeno encapsulado en un loop destinado a repetirse.

La activista socioambiental admite que se trata de “la nueva normalidad de la crisis climática. Estas son las condiciones con las que empezamos a jugar cada verano en la Patagonia. Vamos a tener que aprender a manejarnos en este sentido: tanto el Estado como las personas que habitamos la zona”.
–¿Cómo se llegó a esta nueva “temporada de incendios”?
–Hay un proceso de desfinanciamiento evidente por parte del Sistema Nacional de Manejo del Fuego, pero también de algunos de los servicios provinciales como el de Chubut. Por otro lado, hay un problema sustancial: se está abordando el tema como si fuera un asunto de Seguridad. En el traspaso del Servicio Nacional de Manejo del Fuego al Ministerio de Seguridad, este gobierno toma a cada incendio como un caso aislado y se limita a buscar al supuesto culpable.
–¿Qué consecuencias tiene esa política?
–Nos condena a estar todo el tiempo apagando incendios, porque si uno no trabaja en la problemática ambiental ni en la previa de estas catástrofes, estamos condenados a salir todo el tiempo corriendo como bomberos, brigadistas, a poner todos los recursos posibles para atajar un incendio cuando ya no es manejable. El gran problema responde al desfinanciamiento, pero también a la falta de políticas públicas de prevención porque esta problemática, que llegó para quedarse, es profundamente ambiental y se la debe atacar, combatir, durante todo el año y no de manera reactiva.
–Más allá de la hipótesis intencional de los incendios, no hay sospechosos detenidos…
–Creo que el gobierno hace un uso inteligente de la criminalización de los incendios en la búsqueda de un culpable para simplificar una problemática que ellos saben compleja. Desvían el eje de atención a través de narrativas racistas, antiindígenas, como históricamente lo hizo el gobierno de Chubut. Esquivan así la responsabilidad que como gobiernos tienen que asumir ante una catástrofe de esta magnitud.
–¿Por qué se generan estos incendios y cuál es el rol del pino?
–La problemática de los incendios, sobre todo en el noroeste de la Patagonia Argentina, es multicausal. En relación a las plantaciones y al desmanejo de una especie que es invasora en la Patagonia, como es el pino, termina generando escenarios como el incendio de Puerto Patriada, que son catástrofes anunciadas como dice el biólogo Javier Grosfeld, que todos los que vivimos acá nos vemos venir y finalmente suceden. Llegamos a esta temporada tras décadas de sequías sin haber trabajado durante el año en la prevención, en la mitigación de daños, sobre todo en lo que es manejable. El caso del pino es emblemático porque no es una especie nativa, es exótica y no tiene ningún tipo de regulación. Se ha expandido a lo largo y ancho de la Patagonia de manera exitosa y el gran problema es que tiene una dinámica que responde a un ciclo de incendios: tiene al fuego como parte de su ciclo de reproducción, lo cual altera la frecuencia de incendios en la región, en detrimento del bosque nativo, del bosque andino patagónico.

–¿Existe la posibilidad de eliminar al pino?
–No soy bióloga, pero los especialistas dicen que en algunos sectores de la Patagonia ya no se puede, mientras que en otros todavía está esa posibilidad. Ahí hay que empezar a trabajar hoy mismo, y en los casos en los que no, igualmente se pueden mejorar las condiciones. Entre el desmanejo en el que llegamos a esta temporada y lo que se podría hacer hay un abismo que no implica erradicar el pino de la Patagonia, pero sí por lo menos acondicionar los sectores más cercanos a áreas de interfase, donde conviven la vegetación con las casas por lo menos para mitigar el daño. Incluso si erradicamos el pino de la Patagonia tendríamos grandes incendios y lo vemos en el Parque Nacional Los Alerces con el incendio inmenso que está activo y que no es un pinar, es un bosque nativo de calidad y aún así está ardiendo hace semanas por un rayo, tras una tormenta eléctrica. «
Las leyes que están en la mira
El informe elaborado por la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas y el Colectivo de Acción por la Justicia Ecosocial hace hincapié en que “la normativa está en plena vigencia, a pesar que desde que asumió este gobierno están en el ojo de la tormenta ya que con algunas modificaciones buscan cambiar la esencia de estas leyes”, resume Sofía Nemenmann.
Se trata de la Ley de Bosques Nativos (26.331) que obliga a ordenar el territorio y exige una evaluación de impacto y participación pública para ciertas actividades.
La Ley de Manejo del Fuego (26.815 y reforma 27.604) que creó el Sistema Federal de Manejo del Fuego y define obligaciones de prevención y planificación. Incorporó la prohibición de cambiar el uso del suelo por décadas cuando hay incendios.