Que el gobierno de las noticias falsas (fake news) haya lanzado una oficina de chequeo de discurso y noticias dirigida a los medios de comunicación es un acto de provocación propio del estilo de gestión libertaria, seguramente destinado al olvido.
Lo es porque ocurre una semana después de que la renuncia del extitular del Indec, Marco Lavagna, dejó al descubierto la decisión del ministro de Economía, Luis Caputo, de esconder las cifras reales de inflación del gobierno libertario, sosteniendo un viejo índice de medición que incluye insumos obsoletos y le resta peso a las tarifas de servicios de luz, agua y gas, entre otras, que revelarían los porcentajes reales del aumento del costo de vida en los hogares argentinos.
Lo es porque, detrás de esa decisión, como se dijo sobradamente en estos días, se esconde la profundización del ajuste sobre salarios y jubilaciones que se rigen, en parte, por ese índice mensual, por ejemplo.
La oficina de respuesta oficial -rebajada a simple cuenta de X con el paso de los días-encierra tantas paradojas que no alcanzarían las líneas de esta columna para desarrollarlas.
Es el «chequeado» del gobierno del presidente que inventó que había heredado una inflación del 17.000%, y ahora miente sus propias cifras para que no se le termine de caer la idea de que derrotó un índice que no detiene su crecimiento mes a mes.
Es la «agencia de desmentida» del gobierno más protegido por los medios hegemónicos librando una guerra de negocios con los dueños de la información, pero haciéndoles pagar a los trabajadores de prensa las consecuencias, minando su credibilidad y las condiciones en que deben ejercer su profesión.
Es la «herramienta de batalla cultural» del gobierno que busca derogar el Estatuto del periodista profesional, en un contexto de salarios de hambre y multitarea, buscando estigmatizar a quienes trabajan en las peores condiciones que se recuerden desde el regreso de la democracia.
Dicho sea de paso: ¿Será pura casualidad que esta cuenta oficial se haya creado un día después de que trabajadores y trabajadoras de prensa, junto a legisladores nacionales de distintos bloques opositores, rechazaron en el Congreso -y con 3000 firmas de respaldo- la derogación del Estatuto del Periodista Profesional incluida en el proyecto de reforma laboral impulsado por el gobierno?
Volviendo a las paradojas de la Oficina en cuestión: vale recordar que esta «creación digital» responde al jefe de Estado que no da ninguna conferencia de prensa con medios en general-y curiosamente nadie parece reclamársela, como en otros tiempos-, y será utilizada para emitir un mensaje unidireccional sin posibilidad de pregunta o repregunta.
A poco de andar, esta especie de «grupo de tareas del discurso oficial» ya evidenció que desde un piso de la Casa Rosada se dedicará a demoler moralmente a algunas figuras de los medios -el propio Javier Milei bautizó este sábado a Luis Novaresio como «ensobraresio», luego de un chequeo de su flamante creación, y los trolls se dedicaron a convertirlo en tendencia-, mientras restringe, vía Decreto 780/2024, el alcance de la Ley de Acceso a la Información Pública.
Demasiadas contradicciones de un gobierno que exige un trato honesto a los periodistas, pero desde hace dos años gobierna desde el lodo.