Un laboratorio. Eso somos. Un laboratorio que prueba hasta dónde se puede soportar el horror económico, social y político en marcha.

Una derecha inclinada a la guerra, despreciativa de lo humano puede expresarse con las bombas de Medio Oriente, cada vez más angustiantes para el mundo. O en la desventura argentina con un presidente en estado mental paupérrimo, exaltando el odio hasta límites inimaginables, fingiendo la voz de un monstruito para amedrentar a adversarios, como ocurrió el domingo pasado, nada menos que en Congreso.  Claro que se notó aún más, como contraposición, con el discurso de pocas horas después que brindó Axel Kicillof. El gobernador logró algo para nada difícil: diferenciarse de Javier Milei. Qué gracia.

Y fue el bonaerense quien subrayó la condición paupérrima de la economía: con las familias endeudadas, con colas de cientos de personas pugnando por cualquier trabajo, con empresas cerrando y abandonando a sus trabajadores a la desesperación, con reservas internacionales netas de menos de 3000 millones de dólares; con una fuga de divisas que supera, todo en menos de un año, los 36.000 millones de dólares; con el fugador Toto Caputo pidiéndole a la población que junta billete a billete con un tremendo esfuerzo, que vuelque sus dólares al mercado. Quiere timarlos una nueva vez.  Y lo dice suelto de cuerpo, como si quienes tienen esos dólares los van a soltar así nomás, a pedido de Caputo.

Han cerrado 22.000 empresas y los pronósticos para este año son del cierre de otras 31.000, mientras el salario cae un 16,5%, si apelamos a la verdad que el INDEC esconde. La recaudación está en caída libre de casi el 10% por un consumo que lleva meses de números paupérrimos. Encima, les bajan impuestos a los ricos para que sean los trabajadores, los que se hagan cargo de la deuda brutal. Con los jubilados atados a un bono que es el mismo al cabo de dos años y con la noticia de que el famoso campo argentino vio desplomarse la liquidación un 40%, incluso si la cosecha de trigo fue un récord. “¿Qué estabilidad tiene una familia amenazada por los despidos y las deudas?”, preguntó Kicillof. “¿Qué salida hay, si el gobierno celebra el cierre de empresas?”, agregó.

Es la situación temeraria de un país, en medio de un concierto internacional de guerras absurdas, destacadas por los medios del mundo como las más siniestras de estos tiempos. Allá, la muerte inmediata entre las llamas de los misiles. Acá, la aceleración de la muerte de un año para el otro, de más del 10% de la población mayor de 65 años. Así, de un año para el otro, murió el 10% más, con falta de medicamentos, con la salud mental a la baja y con todo lo espantoso que nos ocurre, lo que está provocando este gobierno.

Mientras vemos cómo se desperezan algunos dirigentes, después de dos años de gestión libertaria, en los que fueron cómplices a cambio de colosales prebendas. Tanto en la UIA como de la AEA. Son chepibes de lujo, y con pañuelo en el bolsillo del saco. Y ahora, recién ahora, quieren ponerle un freno a Milei. Le dicen que sin industria no se puede y que faltándoles el respeto, tampoco. Lo impulsaron a hacer la tarea de limpiarles el camino a través de las leyes más atroces de la lo que llamamos el capitalismo salvaje. Pero ahora los señorones de la UIA y sobre todo los de AEA, se arrabian por la falta de respeto del empleado más eficaz que han tenido en la Casa Rosada.

Loco sí, pero tampoco la pavada, le dicen a Milei. «Con nosotros no, Milei, payaseá contra los nuestros enemigos. Pero ponete un límite. Hay gente intocable por acá, ¿entendés?”. Quizás sea tarde y Milei termine resultándoles un caso perdido, porque al monstruito que les dio tanto resultado, les va a ser difícil frenarlo ahora. La UIA agradece que Milei le haya entregado en una bandeja de plata la cabeza de los trabajadores, pero no soportan los desplantes, cuando se dirigen hacia ellos. No les importa, claro, cuando arremete contra los sindicatos, contra los políticos populistas, contra los periodistas, contra Venezuela. A esos, dale nomás, pero con los dueños del país no te metas.

Y Milei vino para apretar el botón eyector en la Argentina. Los malos, esos personajes feroces del establishment, salen del terremoto quitándose algún polvillo que les queda encima de la ropa. Hacen así con la mano de revés y se los quitan, como a esos desplantes de Milei, por ejemplo. Pero ellos son siempre los ganadores. Ahora resulta que son los opositores a Milei. Ahora que ya está todo hecho. Un comunicado de la UIA al cabo de años y pico de un desastre sostenido en el mundo del trabajo, en la industria.

No les importan los millones de personas que han quedado por el camino. No los conmueve el destino de los vulnerables. Les importa el respingo de su nariz de señorones del horror.

Finalmente, voy a hacer una recomendación de una película que me gustaría que vean. Una noche de esta semana fui al Cine Arte Cacodelphia, a ver el film coreano No other choice (“No hay opción”, aunque la traducción oficial sea “La única opción”). Tal vez la mejor traducción, la más coloquial debería ser “No queda otra”. Es un discurso sobre el mundo del trabajo a futuro, cuando quede uno solo para cuidar los robots. Los laburantes matándose por ese lugar. Se trata de una metáfora dolorosa del presente tecnológico, pero también se sumerge en la valoración del trabajo como fuente de la felicidad.

La crueldad del mundo se nos viene encima, tomemos nota de una vez. No sobre los que ya estamos de vuelta. No, sobre nuestros hijos, sobre nuestros nietos: encima de ellos cae el futuro de este mundo pavoroso.

Pero que la vida sea insoportable, sin embargo, no debe ser el último estadío, ¿verdad? Está en nosotros tomar la bandera raída de la lucha y agitarla hasta que un viento transformador y progresista nos cambie la vida. No nos queda otra. «