Un periodista se metió en la vida privada de un jugador sin mucha más evidencia que un prejuicio que ya lleva tiempo en el aire, este jugador comunicó que iba a iniciar acciones legales por difamación, y sus 25 compañeros unidos, con Lionel Messi como vocero, salieron a respaldarlo casi en cadena nacional después del triunfo ante Colombia en San Juan.
En el fútbol no hay mayor monstruo que Messi. Dentro de la cancha lo volvió a demostrar con el partidazo que hizo el martes y fuera de ella, cualquiera de sus movimientos repercuten. Que se dejó la barba, que se tapó un tatuaje, que tiene un perro grande, que la mujer se encontró con una amiga, que se le mojó el pelo por la lluvia, que, que y más que. Cada vez que hace y dice algo, todo el mundo lo mira, sin importar qué haga o qué diga.
Por eso el martes por la noche, cuando tomó el micrófono y comunicó que ese plantel no iba a hablar más con la prensa por la incómoda situación en la que se ve involucrado uno de sus compañeros, no hizo más que potenciar la calumnia. Si hasta ese momento alguien no sabía lo que había sucedido, de lo que habían acusado a este jugador o quién era ese periodista que no tiene problemas en decir barbaridades al aire, en ese instante se enteró gracias a Messi. Porque Messi es un monstruo al que ni Paul Anka podría quitar las miradas que recibe. Y con su mensaje no hizo más que alimentar a otro monstruo, el que se gana la atención de manera poco ética y sin grandes habilidades.
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