Javier Milei ha vuelto a confirmar que su residencia oficial no es la Quinta de Olivos, sino la cabina del avión presidencial. En un contexto de asfixia económica interna, el mandatario inicia este sábado un nuevo capítulo de su turismo ideológico, con el objetivo de sellar su alineación incondicional a la agenda de Washington bajo el ala de Donald Trump.

La agenda del «Fan número uno»

El cronograma en Florida parece diseñado para alimentar el algoritmo de redes sociales más que para traer soluciones concretas a la Argentina. A las 14:00 (hora argentina), Milei ingresará a la Cumbre “Escudos de las Américas”, un club de naciones alineadas con el objetivo de expulsar la influencia de China en la región.

El plato fuerte llegará a las 15:15 con un almuerzo de trabajo ofrecido por Trump. Allí, el mandatario argentino buscará la foto de rigor, actuando como el principal delegado de los intereses estadounidenses en el Cono Sur. Mientras tanto, en Argentina, los sectores productivos miran con espanto cómo el presidente dinamita los puentes con el gigante asiático, principal destino de las exportaciones agroindustriales del país.

Cuba

El club de la derecha regional

En la mesa de Trump, Milei no estará solo. Compartirá el catering con otros mandatarios y referentes del conservadurismo regional, como el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, y representantes de Paraguay, El Salvador y Ecuador. Al finalizar la cumbre, participará de la Hispanic Prosperity Gala, un evento de pura liturgia republicana.

Nueva escapada VIP: Milei participa de la cumbre de Trump en Florida

De Florida a Nueva York: El «tour» sigue

Lejos de pegar la vuelta tras el banquete, Milei partirá a las 21:30 hacia Nueva York. Allí participará de la «Argentina Week», otro evento de vidriera mientras en Buenos Aires el «año más reformista» que prometió ante el Congreso empieza con la calle caliente y los bolsillos vacíos.

Esta fuga constante hacia el exterior ya no es una excepción, sino la matriz de su gobierno: un esquema de «presidencia outsourcing» donde el líder se dedica a las relaciones públicas globales mientras el ajuste real y la gestión diaria quedan a la deriva o en manos de su «mesa chica» de asesores digitales.