Primero fueron los despidos en Globant y Ualá en 2025; luego, Mercado Libre en 2026. Todos ellos bajo el argumento de incorporación de “nuevas tecnologías”, automatización de tareas y el posterior reemplazo en mano de la IA.
“El mercado laboral, en particular, y la industria tecnológica en general, está en un momento de reconversión”, dice Manuel Alonso, secretario Gremial de la Asociación Gremial de Computación de la Argentina (AGC). Reconoce varios motivos. Uno de los más destacados es el financiero: “Estas empresas se guían y se referencian por la voluntad de los inversores”. Durante la pandemia, la gran inyección de inversiones impulsó el crecimiento y el empleo. “De la pandemia para acá eso cambió bastante”, completa.
Cada vez que una empresa de inteligencia artificial anuncia que su producto tendrá un impacto directo en la modernización de ciertos sistemas operativos o de desarrollo de software, el mercado responde con una baja en el valor de las acciones de las empresas afectadas.
Este movimiento genera mucha incertidumbre en el mercado financiero. “Hoy muchos inversionistas se están retirando de esas empresas tecnológicas tradicionales como Globant, Accenture y otras que proveen estos servicios”, expresa.
Argentina suma un condimento más, el factor económico: “La relación del dólar con el peso, sumado a la inflación, tienen como resultado estas tensiones que estamos observando en las relaciones laborales y la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores”.
Problemas nuevos
Milagros Miceli, socióloga e ingeniera informática, dice: “Hoy la precarización también llegó al sector informático”. Agrega: “Lo que encontramos es que hay mucho consultor, o mucho lobby para incorporar tecnologías de inteligencia artificial y no hay un discernimiento en torno a la pregunta cero, si realmente necesito una inteligencia artificial para este problema que tengo, o si es que verdaderamente tengo un problema a solucionar”.
En un informe elaborado por el Observatorio del Trabajo Informático (OTI), la ACG y el Laboratorio de Innovación y Tecnologías Aplicadas al Trabajo (LITAT), denominado “Trabajo decente y desarrollo sostenible en la era de la inteligencia artificial”, se destacan dos tipos de problemáticas preponderantes, “detrás” y “delante del telón”.
El primer grupo atañe a todos los trabajadores productores de tecnología que desarrollan software, diseñan algoritmos y, de manera crucial, realizan el trabajo esencial pero “invisible” a la hora de preparar los datos que alimentan los sistemas de IA. Este grupo incluye las tareas de a/b testing (comparación de dos elementos digitales) y catalogación de productos.
El segundo tiene que ver con la dimensión que evalúa el impacto directo de la IA en las tareas y puestos de trabajo una vez que la tecnología es implementada, como pueden ser sus propios trabajos.
“Hay muchas tecnologías que las están vendiendo como que son de punta, y van y echan trabajadores. Después ocurre que, cuando esa IA no funciona como se esperaba, la tal optimización de ese proceso no ocurre. Y eso es porque se necesita del tiempo y de la intervención humana para que eso funcione como se necesita”, destaca Miceli.
El debate
Esteban Siargiotto, director del Observatorio del Trabajo Informático, dice: “La primera situación que queremos alertar es que la decisión de incorporar tecnología, en particular IA, por parte de determinadas empresas no tiene por qué llevar automáticamente a que se reemplacen trabajadores”.
Siargiotto observa que otra mirada es preguntarse qué está pasando con la productividad ganada con la incorporación de tecnología: “Resulta que los trabajadores somos más productivos. Siempre se dice que hay que aumentar la productividad, y que los sueldos tienen que aumentar por productividad. Entonces, ¿por qué no aumentan los sueldos?
Siargiotto considera muy importante la discusión en torno a la formación y la incorporación de nuevos trabajadores o los denominados primeros empleos. Los ejecutivos seniors reemplazan a los juniors con la nueva tecnología: “¿Quiénes van a ser los nuevos trabajadores del futuro si vos hoy nada más contratas seniors?”, señala.
“Un paso fundamental a seguir sería la incorporación de una mesa convencional -un lugar donde se sienten las empresas y los trabajadores-, y entre otras cosas se aborden estas temáticas referidas a roles, tareas y certificaciones de la carrera profesional de los trabajadores del sector”, concluye.
Excusas
Miceli coincide y aporta el concepto de IA-washing, o la “excusa” de que a causa de la implementación de IA se eche gente. “Ese despido se produce, en realidad, por el estado de la economía en lugares específicos del mundo, junto con las leyes que antes le daban protección al trabajador y hoy no existen más”.
Señala el caso Amazon y los cajeros del supermercado. “Se descubrió allí que no existía tal automatización, sino que lo que estaba oculto era la existencia de un gran call center con trabajadores en la India, donde obviamente les pagaban muy poco”.
Lo mismo pasó con TikTok en Berlín, en 2024. La red social dijo que estaba automatizando la moderación del contenido y despidió trabajadores. Luego se determinó que ese trabajo estaba siendo reemplazado por obreros tercerizados de una empresa con sede en Costa Rica.
“La narrativa corporativa de la IA como fuerza imparcial y generadora de prosperidad universal es insostenible. Muchas veces los compañeros que construyen y alimentan estos algoritmos son los que terminan quedando expuestos, lo cual vuelve más perversa y compleja toda la situación laboral ”, concluye Alonso de la ACG.