A pocos días de cumplirse el 50º aniversario del golpe de Estado cívico – militar que dio lugar a la Dictadura más sangrienta en la historia del país, la Iglesia argentina difundió un documento donde reafirma “de manera rotunda” el “nunca más’ a la violencia de la dictadura y ‘siempre más’ a una democracia justa”.
El mensaje de la Conferencia Episcopal Argentina también efectúa críticas precisas sobre las deudas económicas y sociales de la democracia, como el deterioro del trabajo, de la canasta familiar, así como la desprotección hacia niños, adolescentes y jóvenes que padecen el consumo problemático.
El documento no menciona a ningún gobierno en particular, pero es inevitable no vincular algunas de las críticas, en especial, a la actual gestión nacional, que en algunos casos implementa medidas en la dirección que critican los sacerdotes, y con la cual la CEA ya expresó desacuerdos en algunas leyes y políticas implementadas.
“Hoy decimos de manera rotunda: ‘nunca más’ a la violencia de la dictadura y ‘siempre más’ a una democracia justa. Reconocemos la gravedad de lo acontecido en esos años violentos y comprendemos que la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia presente en ella, que ayude a redescubrir y reconstruir el sentido de la fraternidad entre los argentinos», afirmó el Episcopado.
Mensaje de la 202ª Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina: “Nunca más” a la violencia de la dictadura y “siempre más” a una democracia justa.#Comunicación #CEAhttps://t.co/qVteQKVzDP
— Conferencia Episcopal Argentina (@EpiscopadoArg) March 19, 2026
«Queremos ser Nación sigue siendo un anhelo y una oración con la cual imploramos la ayuda de Dios para poder hacer realidad esta meta que nos cuesta realizar, tanto ayer como hoy”, expresó la CEA.
Memoria y nunca más
La Conferencia citó fragmentos de la encíclica Fratelli Tutti de Francisco, donde el fallecido pontífice argentino señaló que “nunca se avanza si memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”.
En esta línea, la CEA pidió: “Que esta memoria sea íntegra y luminosa en cuanto sea posible es algo que estamos llamados a intentar, una y otra vez, porque ‘la verdad nos hará libres’ (Jn 8, 31-32). ¿Qué es lo que no podemos olvidar? El dolor de los familiares que enfrentan la muerte violenta de un hijo o pariente, sabiendo que ese dolor se multiplica si se trata de un «desaparecido’, al no poder tocar su cuerpo, ni llorar ante él”.
Sin dejar lugar a dudas, el Episcopado reafirmó: “La libertad para una Nación nunca se construye por la vía de la violencia y la violación de los derechos humanos de otros hermanos y hermanas. La memoria del terrorismo de Estado ha de conducirnos hacia una vida democrática más justa”.

Desarrollo y trabajo digno
La CEA no ahorró críticas a la situación social y económica actual. “El desarrollo humano integral es, hoy, el nuevo nombre de los derechos humanos. Un desarrollo que abarque a todos, porque mientras una parte importante de nuestro pueblo sufre la miseria, ¿cómo podemos ser felices? La democracia se envilece cuando deja a alguien afuera, cuando no protege a niñas, niños, adolescentes y jóvenes de la amenaza del consumo problemático y el tráfico de personas. Una democracia justa no puede ser indiferente a las necesidades básicas de la canasta familiar y al deterioro creciente del trabajo digno”, señaló.
En esta línea, también vinculó los ejes trabajo y seguridad, una conexión que no suele hacer el gobierno nacional cuando plantea, por ejemplo, políticas punitivistas sin aportar medidas que incrementen efectivamente el empleo para los adultos, y cuyo desempleo o subempleo repercutirá en la educación y salud de niños y jóvenes.
“Cuando las instituciones democráticas favorecen la creación de trabajo digno para los adultos y aseguran una educación de calidad para niñas, niños, adolescentes y jóvenes, están llevando adelante, en definitiva, la mejor política de seguridad”, argumenta el Episcopado.
El riesgo del autoritarismo y la violencia
También la CEA abordó parte de los presuntos valores pregonados desde gobierno nacional, señalando también a los “populismos”. “Es clave recordar que la verdadera libertad va de la mano con la fraternidad y con una efectiva igualdad que permite a todos vivir con dignidad (…) Ahora bien, vivimos una época con una tendencia creciente al autoritarismo; un tiempo en que los populismos de distinto signo explotan la angustia de los ciudadanos, pero no representan el remedio de una vida buena”, afirmó.
“Un tiempo en que va predominando una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil, cuando la fortaleza de la democracia debería manifestarse en el cuidado a los más frágiles”, marcó.
La posición de la CEA en materia del cuidado de la “casa común”, el planeta tierra y sus recursos naturales, en esto caso en la Argentina, también contrasta con el negacionismo ambiental del gobierno nacional actual.
“Frente a esto, es necesario rehabilitar una política que ponga la economía al servicio de la dignidad humana, que promueva la paz y que cuide nuestra casa común, empezando por preservar el aire puro y las fuentes de agua dulce y potable. Para ello, es imprescindible recuperar el diálogo sincero, desinteresado y honesto al servicio de una verdadera amistad social”. Un párrafo ineludible en tiempos donde, por ejemplo, se debate la modificación de la Ley de Glaciares.
También, el Episcopado critica especialmente usar el insulto como moneda corriente en el debate público y la resolución de conflictos, así como la violencia en las redes sociales, otras dos materias donde el presidente Milei y parte de las huestes de “trolls” violetas tienen bastante participación.
“Tenemos que volver a elegir el diálogo para abordar los conflictos y los desacuerdos, sin caer en polarizaciones estériles. ¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor! Se torna peligroso acentuar la culpa ajena para proclamar la propia inocencia y justificar una agresión indeterminada” marcó la CEA.
“Debemos renunciar a todo tipo de violencia, sabiendo que su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción. No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación”, enfatizó, haciendo referencia a un recinto donde muchas veces no se salvan de efectuar insultos, “berrinches” y actitudes al borde de la vergüenza ajena tanto oficialistas como opositores.
El eje central: la Constitución Nacional
Por último, el Episcopado recordó que la democracia “prohíbe rotundamente la eliminación del adversario, no admite el derramamiento de sangre y sustituye la lucha cuerpo a cuerpo por el debate cívico”.
“Aquí es clave, entonces, una presencia inteligente y eficiente del Estado que vele por la dignidad de las personas, la igualdad de todos los ciudadanos y garantice su participación plena en la vida de la comunidad. La Constitución Nacional es la ley suprema, si en todo el territorio del país se garantizaran los derechos y se cumplieran las obligaciones que esta manda, todos viviríamos con mayor dignidad”, remarcó.
“Con todo cariño pedimos al Señor que bendiga nuestra patria y a la Virgen de Luján que no nos suelte de la mano en la búsqueda del bien común y la solidaridad con los más débiles”, concluyó.