Históricamente, desde la conferencia de Berlín en 1884, el continente africano se convirtió en una suerte de botín colonial de las potencias europeas. A partir de su independencia formal en los ’60, la nueva relación de dependencia económica, financiera y comercial se conceptualizó como neocolonialismo. En el actual escenario belicista en Medio Oriente, produjo efectos no solo en los emiratos petro-gasíferos del Golfo, sino que repercutió en la economía global. De esto no será ajeno el continente africano. Una realidad invisibilizada, de graves consecuencias en hambrunas, destrucción y desplazamiento masivo de poblaciones, tema del que el historiador africanista Omer Freixa es especialista.
-Son distintas las regiones africanas que viven en una situación preocupante. Gran parte de los países, tras décadas de neocolonialismo, viven en distintas formas de democracia, contradiciendo la idea occidental de que el común denominador del continente es una suerte de país homogéneo atravesado por guerras tribales, dictaduras, conflictos permanentes y corrupción. Pero no significa que no existan graves conflictos en distintas regiones, fogoneados por intereses económicos de potencias extranjeras.
-¿Cuáles son los conflictos bélicos más significativos?
-Un escenario complicadísimo, por motivos de seguridad es el Sahel, región amplísima que se extiende al sur del Magreb, con países como Marruecos, Mauritania, Argelia, Túnez. Distintos grupos yihadistas confrontan con gobiernos militares, con novedoso e importante apoyo popular: desde el 2020, en países como Malí, Burkina Fasso y Níger. Han constituido una confederación enfrentada con el gobierno francés, hostigada por estos grupos yihadistas. Si bien ha habido avances y retrocesos, enfrentan el avance de estos grupos. Otra zona conflictiva es Somalía, en el Cuerno de África, donde el grupo All Shabaab enfrenta a un debilitado gobierno desde el 2011. Y desde hace más de 25 años hay guerra en el noroeste de la República Democrática del Congo, con más de un centenar de grupos, entre ellos, las Fuerzas Aliadas Democráticas, que juraron fidelidad al Estado Islámico. Yendo al sur, hay conflictos en el norte de Mozambique, en el Cabo Delgado, ante una insurgencia yihadista desde el 2017, aún sin resolución. En casi todos los conflictos existen intereses económicos ligados a distintos recursos. La situación más grave es la de Sudán, que vive una crisis humanitaria de proporciones inéditas, producto de una cruenta guerra civil próxima a los tres años. Distintas negociaciones han hecho agua. Y Sudán del Sur que después de una guerra civil, nace como el país más joven: en apenas dos años hay una espiral de guerra civil que concluye en 2018, pero en constante riego de reinicio. Mientras persiste el flagelo de la enorme cantidad de desplazados, más de 14 millones.

-¿A qué países van estos sectores desplazados?
-En gran número a Egipto, el Chad, a Etiopía, hasta a Sudán del Sur, que justamente no es un santuario de paz. La situación allí está en suspenso. Y de no amainar la crisis, generaría una gran cantidad de refugiados en países como Uganda, que es el país de África que alberga el mayor número de refugiados del mundo.
-En el Sahel, específicamente, se han dado una seguidilla de golpes militares, pero enfrentados con el histórico colonialismo francés. Según el presidente interino de Burkina Faso, Ibrahim Traoré, el gobierno francés potenció a los sectores insurgentes del yihadismo.
-Yo pienso que no, algunas veces se fogoneó esta idea del fantasma francés, pero la expansión del Yihadismo emergió en el 2015. En el 2011 no era un fenómeno a tener en cuenta. Incluso Guinea Ecuatorial, hace poco presentó la denuncia que Francia estaba desestabilizando. Es cierto que a pesar de no haber sido colonia francesa Guinea tiene como moneda el franco francés y mientras eso suceda, es difícil hablar de una salida total de Francia.
Es cierto que la cooperación conjunta de Mali, Burkina y Niger, tuvo avances en la batalla contra el yihadismo y en la recuperación de territorio, pero el balance no es muy positivo si revisás las cifras de muertos del yihadismo del 2024/25. También Nigeria tiene lo suyo, pero es otro escenario. El gran problema de estos países es que se extienda como mancha de aceite el yihadismo, que se expanda a los países con salida al Golfo de Benín, como Biafra, Benín, Togo y lo que es el golfo de Guinea, incluso Senegal.

-¿Cuáles podrían ser los efectos de la ofensiva de EE UU e Israel a Irán, en países aliados como Níger y otros como Emiratos Árabes y Arabia Saudí con incidencias en África.
-Observo dos posibilidades. Que se pinche la injerencia y el interés de estas grandes potencias, inclusive las monarquías del Golfo Pérsico, por los escenarios bélicos conflictivos en África. O por el contrario, que recrudezcan las crisis y se fortalezcan las alianzas. En el caso de la Guerra de Sudán, el apoyo que tiene el bando disidente de las Fuerzas de Acción Rápida, un cuerpo especial que tiene el apoyo de Emiratos Árabes, está muy ligado a intereses extractivistas en relación al oro. Lo irónico que el cuarteto de países que son mediadores en ese conflicto está Emiratos Árabes, juez y parte. También la explosión de algunos focos yihadistas favorables a Irán, en Níger y Nigeria, aunque allí predominan los sunitas, la suna, y también hay comunidades chiíes. Igualmente, yo creo que Irán está para otras cosas, principalmente en su resistencia a la ofensiva estadounidense-Israelí. Una afectación económica que incide en el precio del petróleo el cierre del estrecho de Ormuz: queda la alternativa estratégica de la circunvalación en el Cabo de Esperanza, al sur, y también el Mar Rojo y el Golfo de Adén. Para Irán es un tema sensible.
-Una de las cuestiones más dramáticas, invisibilizada por Occidente es el efecto de la guerra en Sudán y la hambruna masiva que ha generado el desplazamiento de millones de seres humanos.
-Tanto Trump como la UE instalaron la idea del Estado Tapón impulsados por las políticas migratorias de la UE y el manejo de las fronteras y su carácter expulsivo. La novedad ha sido el envío de Trump de migrantes latinoamericanos a países como Guinea Ecuatorial o la antigua Suazilandia, hoy reino de Swatini, donde los expulsados del territorio estadounidense están en un limbo legal, sin poder legalizarse en países que no tienen ni tradición, ni infraestructura. Estos terceros Estados cumplen con el trabajo sucio. El caso de la Guerra de Sudán, con cerca de 50 millones de habitantes y más de 21 millones que sufren inseguridad alimentaria, no es una novedad en África, ya ocurrieron hambrunas similares a Etiopía en 1985 o en Somalía en 2011. No veo al mundo mire ese tremendo flagelo, lo le interesa. Cuando esto ocurre en Ucrania u otras regiones, hay una mayor sensibilidad y esos dramas opacan estos escenarios africanos. «