Oona Chaplin encarna el fuego en Avatar: fuego y ceniza, la tercera entrega de la saga creada por James Cameron que llegó este viernes 19 de diciembre a los cines. Su personaje, Varang, es la líder de los Mangkwan, también conocidos como los Na’vi de fuego o el pueblo de la ceniza: un nuevo clan de habitantes de Pandora que introduce, por primera vez en la franquicia, una dimensión oscura, beligerante y moralmente compleja dentro del universo Na’vi.
Los Mangkwan surgen de una tragedia: una devastación volcánica que arrasó su territorio y los llevó a sentir que Eywa, la deidad que rige la vida en Pandora, los había abandonado. A partir de ese quiebre, reniegan de la comunión con la naturaleza y del resto de los Na’vi, canalizando su dolor a través del odio y la furia. “Vienen de una parte de Pandora destruida y devastada por un volcán. La ceniza lo cubrió todo, el fuego quemó todo y mató a Eywa, mató a la vida”, explica Chaplin en una entrevista con Europa Press.

Lejos de huir, Varang decide permanecer en el epicentro de la destrucción. “En lugar de irse y buscar la vida en otra parte, se dirigió directamente a la fuente de la devastación”, señala la actriz nacida en Madrid. Allí, su personaje establece una relación casi mística con el fuego: estudia el volcán, se vuelve su discípula y construye una nueva mitología para su pueblo. Una cosmovisión nacida del dolor extremo, pero también de la necesidad de recuperar la fuerza perdida. “Encontró una mitología nueva que le permitió transformar ese dolor, que no tenía dónde poner, en energía”, resume Chaplin, quien define a Varang con una frase clave: “Utiliza el dolor como su superpoder”.
Chaplin y su personaje
Ese rasgo es, para la actriz, lo que vuelve verdaderamente inquietante al personaje. Varang no niega la rabia: la habita. “Cuando nos sentimos enfadados, la furia siempre esconde algo más complejo y más delicado”, reflexiona Chaplin. Sin embargo, su personaje elige no mirar debajo de esa superficie. “Está cómoda con la rabia y no quiere buscar más allá”, dice, marcando una diferencia con otros personajes de la saga, tradicionalmente ligados a la armonía y el equilibrio.

Chaplin encuentra en esa actitud resonancias contemporáneas. No solo en líderes que privilegian la confrontación por sobre el diálogo, sino también en la vida cotidiana. “En todas partes del mundo se ve cómo personas que han sufrido el trauma y el dolor de no ser comprendidas reaccionan con odio y furia”, señala. Incluso se permite una confesión íntima y humorística: “A veces, en el desayuno con mi marido, yo también me vuelvo un poco Varang”. La aclaración llega enseguida: “La furia nunca puede ser el motor”.
Dirigida, escrita y producida por James Cameron, Avatar: Fuego y ceniza continúa una franquicia que ya recaudó más de 5.200 millones de dólares con sus dos primeras películas. Avatar (2009) sigue siendo el film más taquillero de la historia, con casi 3.000 millones de dólares, mientras que Avatar: El sentido del agua superó los 2.300 millones tras su estreno en 2022. La saga tendrá, además, dos nuevas entregas previstas para diciembre de 2029 y diciembre de 2031, aún sin título oficial.

Con Varang y los Mangkwan, Cameron expande el mapa moral de Pandora y abre un territorio incómodo: el del dolor que no busca redención, sino poder.