A partir de diciembre de 2023, las primeras medidas y anuncios del laboratorio libertario apuntaron contra las organizaciones sociales. Desde la aplicación del protocolo antipiquetes de Patricia Bullrich hasta “el que corta no cobra” de Sandra Pettovello reproducido en altoparlantes de estaciones de trenes, todas las primeras medidas fueron en contra de la organización de los últimos de la fila.
“Hubo una fuerte persecución, un intento de debilitamiento y persecución al sector cooperativista o de la economía popular. Eso se tradujo en la destrucción de políticas públicas que existían para acompañar a ese sector. Frente a sus especificidades, se destruyó toda política de sostenimiento y contención”. El que habla es Nicolás Caropresi, dirigente nacional del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) que forma parte de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP).

El plan de persecución y debilitamiento por parte del gobierno tenía cierto sentido desde la perspectiva ultraderechista de La Libertad Avanza y contenía ciertos elementos de revancha. Los movimientos sociales habían sido claves en la confrontación contra el gobierno de Mauricio Macri, y habían protagonizado sucesivos cortes y planes de lucha durante el mandato de Alberto Fernández. Su posición en la agenda política y social, sumada a la capacidad en el manejo de políticas públicas populares como la denominada integración socio urbana, implicaba un flanco muy débil para un gobierno recién surgido.
Eduardo “Chiquito” Belliboni es dirigente del Polo Obrero y ya desde diciembre de 2023 se transformó en uno de los principales objetivos de persecución por parte de la gestión mileísta. Tanta es la fijación, que su nombre encabeza una especie de manual difundido por el Ministerio de Capital Humano denominado “Museo de la Corrupción”. “Se lanzó un procedimiento de persecución judicial, iniciado por Seguridad y Capital Humano que, por ejemplo, a los jueces no les informaban lo que les pedían, es decir, las rendiciones de cuentas presentadas siguen siendo las nuestras. Pero según ellos nosotros no habíamos rendido cuentas de nadie y éramos unos delincuentes. Esto impacta, porque si toda una dirección está amenazada, enjuiciada, perseguida judicialmente, casi sin posibilidad de defenderse, qué queda para el resto de base”, comenta Belliboni.

Cabe preguntarse en primer lugar, cuál es la situación actual de los sectores más postergados y excluidos que han decidido organizarse ya sea en cooperativas como en meros espacios comunitarios. Eduardo “Negro” Montes es dirigente de la Federación de Trabajadores por la Economía Social (FETRAES) y considera que “el aumento de los servicios en hogares, el aumento de los alimentos, y los aumentos en los costos de las unidades productivas, sumados a la apertura de importaciones, implican un padecimiento para las cooperativas y la economía social. Hoy solo se subsiste y el Estado Nacional cada día se retira más”.
Al igual que Montes, Caropresi también suma el elemento de la apertura indiscriminada de importaciones: “Todos aquellos que producían, como los cartoneros, el sector textil, el sector de alimentos, todos se vieron debilitados de la misma manera, o peor, que el sector industrial, con la apertura de importaciones. Esto fue reemplazando, en el caso de los cartoneros, su materia prima. Es decir, se empezó a importar cartón (ósea, basura) desde Brasil. Eso fue una estrategia de ciertos sectores industriales que concentran la cadena en Argentina. Se importó cartón brasilero para tirar abajo el precio del cartón local, pero eso también hace tirar abajo el precio del trabajo de los cartoneros. Hablamos de decisiones macroeconómicas, como le gusta decir al presidente, que afectan al eslabón más débil de la cadena”.

Belliboni hace hincapié en la pauperización salarial de la clase trabajadora en su conjunto: “La situación del trabajador cooperativista, de economía popular, precarizado, del trabajo informal, o como se le quiera llamar, es gravísima por el mero hecho de que la situación del trabajador formal también es muy grave por los bajos salarios. ¿A quién le vende un cooperativista? El cooperativista de un barrio no va a vender en Palermo, en un shopping, le vende al trabajador y el poder adquisitivo de los trabajadores se está derrumbando. Entonces ya casi por una cuestión de lógica elemental, si cae el consumo de los productos más elaborados y con más espalda, imaginate el cooperativista que tiene un producto casi siempre elaborado artesanalmente. Es insostenible.”
Sumado a haber llevado casi a niveles de subsistencia el poder adquisitivo de los sectores más vulnerables, el gobierno se jacta casi cotidianamente de no haber sufrido estallidos sociales significativos aun aplicando el “mayor ajuste de la historia”. Por el contrario, el gobierno entiende que logró neutralizar el poder de calle de las organizaciones sociales.

Caropresi cuestiona este alardeo: “El gobierno hace alarde de haber frenado la movilización de las organizaciones, lo cual ya de por sí, es una mentira. Las movilizaciones han seguido, los movimientos sociales han seguido de manera activa confrontando contra este gobierno. Sí es cierto que hay un nivel de violencia frente a esa protesta, que hace difícil mantener algunos cortes o algunos reclamos en pie si no es respetando algunas de las cuestiones del protocolo, y a veces ni siquiera respetando el protocolo, porque nos ha pasado que muchas veces ni siquiera han dejado reclamar frente a edificios públicos”.
El 10 de abril del 2024, tanto la Policía Federal como la de la Ciudad, tuvieron su primer ensayo y teatro antidisturbios. Fue en una movilización masiva de las organizaciones sociales que se dirigían a Capital Humano donde, supuestamente, serían recibidas. Belliboni recuerda: “Tuvimos más de 70 heridos. Algunos de ellos todavía tienen secuelas. Ese día hubo 60 y pico detenidos. Ahora estamos viendo que hay detenidos casi con cada movilización que hay. Entonces el proceso de movilización lógicamente se ve resentido por eso. Vos vas a una asamblea con compañeras y compañeros de un barrio, que muchas veces van a las marchas con sus hijos, que después de las represiones dijeron ‘nos van a matar. Esta gente quiere matar a alguien’”.
Los tres dirigentes insisten en que el miedo se va perdiendo cada vez más y las oleadas de conflictividad se van tornando cada vez más frecuentes como inciertas. “La conflictividad va a seguir estando presente. Las políticas implementadas desde el gobierno nacional y el FMI, son de hambre, miseria y represión. En ese marco hay que ampliar la mirada, sumar fuerzas y una vez más resistir. Pero con un horizonte cercano, donde nuestra esperanza sea canalizada por un proyecto político que no titubee, que de pelea”, reflexiona Montes. Caropresi también ve que la confrontación va a seguir: “Ahora en el mes de abril sería el último cobro del Volver al Trabajo y del Acompañamiento social (los dos programas vigentes tras la eliminación del Potenciar Trabajo). Eso también va a generar un nuevo escenario de conflictividad, que veremos en que termina”.

Un debate en el campo popular es si los movimientos populares languidecieron o no. Si bien es real que el gobierno quitó del medio todo tipo de intervención de las organizaciones territoriales en el manejo de cualquier programa social, no es ese el único factor que generó mayor reflujo en las organizaciones. Caropresi reflexiona al respecto: “Yo creo que toda la organización política argentina, y eso incluye la organización gremial, pero también la organización partidaria, ha tenido un debilitamiento de toda forma colectiva de representación. Aun así Argentina, va generando algunas reacciones que encuentran en lo colectivo la única posibilidad de respuesta. Desde el cierre de fábrica hasta la construcción de nuevas alternativas laborales”.
Montes se expresa en la misma sintonía: “Las organizaciones del campo popular en general están en una etapa de reflujo. No solo las organizaciones sociales o las que pertenecen al mundo de la autogestión. Nuestro pueblo sufre una dura derrota, no solo electoral, sino claramente en la conculcación de sus derechos. Así también cabe destacar que existen debates de cara a nuestros compañeros y compañeras. Digamos que este proceso interno en esta etapa es de sostener lo que se logró consolidar. Pensar el presente, para generar una ofensiva cuando este ciclo político y económico fracase. Porque sin dudas sabemos que estas políticas de miseria planificada, fracasan”.
Belliboni hace hincapié en las condiciones de vida de sus compañeros y vaticina también un nuevo proceso de confrontación: “No hay un mango ni de casualidad, por lo tanto los compañeros se tuvieron que dedicar a organizar su vida, a ver cómo conseguían alguna changuita más, cosa que no han conseguido lamentablemente, o cómo hacían para cocinar algo y llevarlo a la feria. No obstante, las medidas que ha tomado el gobierno de Milei, en lo económico y social, nos indican que va a haber muchísima conflictividad, como ya lo estamos viendo en los cierres de fábricas. Volvemos a un proceso que yo viví en los noventa, con la liquidación del trabajo como lo conocemos”. «