Cada miércoles, frente al Congreso, se repite la misma escena: jubilados, personas con discapacidad y organizaciones sociales reclamando por derechos básicos, y un Estado que responde con gas pimienta, golpes y detenciones. En ese escenario, una figura se volvió referencia y escudo colectivo: el padre Paco Olveira, cura de barrios populares e integrante de Curas en Opción por los Pobres.
“Este es un gobierno represor. Claramente represor”, afirma Olveira en diálogo con Tiempo. Y va más allá: “La crueldad no es un exceso: es el método. Saben que para su núcleo duro sirve que caguen a palos a los jubilados todos los miércoles, entonces lo siguen haciendo. No les importan los jubilados ni las personas con discapacidad”.
Nacido en Málaga y radicado en la Argentina desde hace 38 años, Olveira se nacionalizó y eligió quedarse. Desde hace décadas trabaja en villas y barrios populares, donde la desigualdad atraviesa la vida cotidiana. “La desigualdad genera violencia, y después quieren esconder esa violencia criminalizando a los pibes, tratando consecuencias pero nunca las causas”, señala.
El sacerdote fue detenido y gaseado en distintas movilizaciones. Las imágenes circularon en redes sociales, aunque tuvieron escasa cobertura en los grandes medios: “Un miércoles vamos a tener un muerto o una muerta. Estamos hablando de personas de 80, 85 años, muchas con enfermedades y sin medicamentos porque ya no los pueden pagar. Y lo más grave es que una parte de la sociedad lo naturaliza y hasta lo festeja”.
La extrema derecha, el individualismo y la crueldad
Para Olveira, el escenario argentino forma parte de un fenómeno más amplio. “No es solo acá: en buena parte del mundo avanza la extrema derecha, el individualismo y la crueldad como forma de relacionarse con el otro”. En ese marco, advierte sobre el rol del discurso presidencial: “Si desde el presidente se insulta y se deshumaniza, el mensaje baja y se naturaliza”.
Las críticas apuntan con fuerza al Ministerio de Capital Humano, conducido por Sandra Pettovello. “Desde el nombre ya hay una lógica perversa: como si los seres humanos fuéramos un capital que se compra y se vende”, sostiene. Denuncia persecución a organizaciones sociales, trabas para sostener comedores comunitarios y abandono estatal: “Generaron un sistema imposible de cumplir y después acusan de irregularidades. Incluso dejaron vencer alimentos”.
Olveira remarca que muchos fondos destinados a comedores provienen de organismos internacionales y no del Estado nacional. “Aun así, se ponen excusas para no entregarlos. Por eso nuestra relación con el ministerio es a través de la Justicia, y hemos ganado porque tenemos la verdad y la razón”.
El Padre Paco y la salida colectiva
En materia laboral, cuestiona la reforma impulsada por el Gobierno. “No es una reforma para mejorar la vida de los trabajadores, sino para concentrar riqueza. A los trabajadores de aplicaciones no se les reconocen derechos y se recorta a los jubilados para cubrir indemnizaciones futuras. Es una reforma de esclavitud laboral”.
El sacerdote rechaza la idea de los liderazgos individuales. “No hay héroes personales. La salida es colectiva o no es. Cada uno aporta desde donde puede”. Reconoce el miedo y la bronca, pero insiste en sostener la organización: “Quedarse en casa sería aceptar esta crueldad como algo normal”.
Mientras el ajuste y la represión avanzan, la voz del padre Paco Olveira se mantiene como una de las más firmes en la denuncia del abandono estatal y la deshumanización de las políticas públicas.
