Margarita Paksa: 20 años de arte conceptual y transformador

Por: Patricio Féminis

Las más de 60 obras en el MALBA exponen la labor central de Margarita Paksa en las instalaciones, los materiales industriales, lo experimental y el arte para el cambio social.

El arte ha muerto, viva el arte”, dicen unas letras de neón amarillas, celestes y rojas de 1979; en otras se lee “Run, Rush, Run” y “es tarde, vuela”. En una serie con tinta y grafito sobre papel, de 1967 y 1968, las palabras “justicia” y “libertad” son vistas con la mirilla de un fusil. Y más obras exponen la visión de Margarita Paksa entre lo político y lo performativo: “Tupamaros”, de 1966, “Buscamos armas”, de 1976, “Primit vita”, de 1980 o “Lo decía Kafka”, de 1983. La exposición Margarita Paksa: Ideas correspondientes, 1964-1984, en el MALBA, recobra su mirada total: entre las instalaciones y el cambio social.

¿Hace falta recordar quién fue Margarita Paksa? ¿O qué caminos siguió entre el conceptualismo rebelde y la tecnología? Ideas correspondientes, 1964-1984 -disponible hasta el 16 de febrero de 2026- repasa, en el Nivel 1 del MALBA, dos décadas creativas de Paksa a través “más de sesenta piezas gráficas y objetuales, instalaciones y documentación de proyectos”, dice el museo. Concebirla es sencillo: Margarita Paksa (1932-2020) fue pionera en lo que hoy se llama “instalación”, pero, a la vez, al haber vivido los ‘60, empatizó con el compromiso político: no disoció el arte de la revolución.

Dice el MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415) que la muestra “focaliza en los valiosos abordajes artísticos de Paksa en clave de emancipación y de justicia social. Hace hincapié en la riqueza experimental de sus producciones, que hoy claman ser revisadas con perspectiva sexual y de género”. Al mismo tiempo, la exposición articula su mirada proyectual con su compromiso teórico a través de “engranajes discursivos al servicio de la imaginación de modelos desviados de comunicación social”. Así, Paksa exploró diversos soportes, formatos y dispositivos alrededor de la dualidad, la identidad, lo social y lo colectivo.

Entre esos materiales están el acero, los caños, el acrílico, el plástico, las luces y el neón. Hay un núcleo para poder verla y pensarla: el Instituto Di Tella. Paksa formó parte de esa experiencia -clave para las vanguardias artísticas- y en 1968 presentó una de sus creaciones emblemáticas, “Comunicaciones”: un arenero con las siluetas de dos amantes y un wincofón que pasaba un disco con jadeos. Para la muestra, el MALBA recreó y reactivó esa instalación, que fue pionera para pensar la comunicación corporal y lo gestual.

Antes, en 1965, Paksa ya logró reconocimiento por “Calórico”, una exposición en la Galería del Centro Argentino por la Libertad y la Cultura (CALC). Luego hizo obras para denunciar la dictadura de Juan Carlos Onganía; fue parte de Homenaje a Vietnam, en la galería Van Riel en 1966, y del Tucumán Arde, en Rosario y en la sede de la CGT de los Argentinos, en 1968. “Algunos artistas nos dedicamos a insertar el arte en la política. Yo también incorporé los avances tecnológicos, sin por ello considerarme desvinculada de los conflictos políticos y de lo que interpretaba como el rol social del arte frente a la dictadura”, dijo en 2009.

Basta ver su obra “Es tarde”, hecha con aluminio y rueditas en 1976: lo experimental no se disocia de la angustia social. Y de su serie de “Dibujos Rorschach” resuena la obra “Polo sur”, de 1983, con acuarela, témpera, pintura metalizada y grafito sobre papel: un mapa invertido parece reflejar la opresión de las dictaduras sobre América Latina al servicio del ciclo neoliberal. Así Paksa desplegó sus armas: alternando entre la escultura, la pintura, el dibujo, el grabado, el diseño industrial, los objetos, las instalaciones, lo multimedial y el video. La mayoría de esos planos se ven en la muestra Ideas correspondientes, 1964-1984.

Margarita Paksa y la diversidad

La exposición, que puede visitarse de jueves a lunes de 12 a 20 y los miércoles de 11 a 20, es posible gracias a la colaboración de la familia de Paksa. Cuando falleció a los 88 años, el 5 de julio de 2020, se dijo que “murió la gran vanguardista del arte conceptual en la Argentina”. ¿Cómo interpela su arte a la actualidad? De su serie “Diagrama de batallas”, de los años ‘70, pueden verse, entre otras, las obras “Justicia”, “La Plata, operativo conjunto” y “Buscamos armas”: son dibujos de mapas y calles que representan algunas acciones guerrilleras conocidas. Para Paksa, el arte podía arder al son de las armas.

En la muestra también se presentan obras liberadoras de lo cotidiano a través del placer: por ejemplo, los huevos de colores de “Relaxing Eggs”, de 1967, o “Primit vita”, una escultura roja en resina y poliéster de 1980. Además se recrearon tres ambientaciones de Paksa y, gracias a la familia, se pudo contar con la obra de videoarte “Identidad en dos situaciones”, de 1967: son dos tótems de acrílico con tubos fluorescentes, separados por un vidrio, para formar dos ambientes. Del mismo año es la ambientación “Idea correspondiente” hecha con fibra de vidrio: para la reconstrucción se empleó madera, pintura epoxi y laca al agua.

“La muestra aborda lo performativo como una cualidad capaz de expandir la dramaticidad y belleza de su trabajo, situado en los relatos historiográficos como referencia ineludible de los conceptualismos en América Latina”, dice el MALBA. Pero Paksa siempre indagó acerca de la diversidad en su propia obra: “Me preguntaba a mí misma si luego de Mayo del 68 había tenido dificultades para continuar con mi obra: sí las tuve. Tuve un problema ético: ¿Qué sentido tenía expresarme con el minimalismo frente al momento de profundas revueltas que estaba viviendo el mundo y el hambre y la miseria imperantes en nuestro país?”, dijo.

Ya en 2006 obtendría reconocimiento internacional en La Scoperta del Corpo Elettronico. Arte y video negli anni 70, en Turín, Italia, por “Tiempo de descuento”, su performance de 1978: allí, un hombre corre sin avanzar, en una sutil crítica a la dictadura militar. Pero dos años antes los militares la fueron a buscar: Paksa escapó de su casa de Castelar junto con su marido, Osmar Cairola, y sus hijos. Justo en 1976, cuando, para la serie “Escrituras secretas”, había hecho la obra “Es tarde” con piezas en rojo, azul y amarillo, que enviaban aquel mensaje en código contra la opresión.

Pero la crudeza de la época no frenaría su producción: a lo largo de los años, Paksa hizo esculturas con acrílico, construcciones con poliéster y vinilo, dibujos y más instalaciones. Siempre pensando la comunicación en lo estético, ella abarcó el ready made, el collage y el uso vanguardista de la tecnología. Y hasta legó sus conocimientos a otros: durante mucho tiempo, Paksa fue profesora titular e investigadora en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), además de maestra de escultura y técnicas proyectuales en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA), hasta jubilarse.

Y supo unir el pasado con el presente: en 2019, durante la Semana del Arte que se hizo a la par de la 28ª edición de ARTEBA, volvió a mostrar “Comunicaciones”, aquella pieza-instalación exhibida en Experiencias 68, en el Instituto Di Tella, y que ahora se reconstruyó para el MALBA. Pero en 2019, junto a la arena con las siluetas de los amantes, dos parlantes capturaban el sonido de quien pasara: la intimidad se volvía un hecho transformador. Y cinco años antes, en 2014, había participado de la muestra artevida, en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, con una serie de sus dibujos políticos.

En 2012 “se publicó un libro sobre su trabajo a raíz de la exposición retrospectiva que le dedicó el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires”, recuerda el MALBA. Ahora, la muestra Margarita Paksa: Ideas correspondientes, 1964-1984 “estará acompañada por un libro bilingüe publicado por MALBA: incluirá ensayos de la curadora de la exposición, Nancy Rojas, y de Daniel Quiles, profesor en The School of the Art Institute of Chicago, y escritos y proyectos de la propia Margarita Paksa”.

El proyecto busca revisar su “incorporación de nuevas tecnologías, sus abordajes en clave relacional y social y la dimensión performativa de sus producciones”. Porque ella no frenaba: en 2006, con tipografías, hizo “Víctimas y victimarios”, por la Guerra de Irak. Diez años antes, en 1996, había hecho la instalación “El avance urbano”, sobre la ecología: un portón de hierro, sostenido por una cadena, amenazaba con caer sobre una parcela de pasto. El arte ha muerto, viva el arte”, había sido su famosa obra de 1979 con letras de neón amarillas, celestes y rojas: Paksa jamás dejó de mirar al porvenir desde el arte conceptual.

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