Diez años atrás, las calles, las plazas y hasta los vagones de tren no mostraban ese hormigueo diligente de ciclistas y motoqueros con mochilas térmicas en sus espaldas, con el naranja o el rojo de Rappi y PedidosYa. Diez años atrás, la población de monotributistas empezaba a crecer aunque todavía no había estallado exponencialmente como sucedería en 2018 pero sobre todo en 2020, producto de la pandemia, según estadísticas del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Diez años atrás gobernaba Mauricio Macri y un grupo de periodistas se constituía como cooperativa para continuar la historia de Tiempo Argentino.
Pasaron cosas. Una expresión de todos los días resume la mutación que vivió el país en la última década: desde el primer año de gestión de Macri hasta el tercero del ultraliberal Javier Milei, cuyo gobierno enfila el barco al medio del río para encarar “la maldición del tercer año”, como se conoce en el ambiente político al combo de dificultades económicas y malestar social que le pone fecha de vencimiento a los gobiernos argentinos.

En estos diez años se sucedieron una nueva deuda récord con el FMI en tiempos de Macri cuando el país se quedó sin financiamiento; turbulencias monetarias; sucesivas devaluaciones del peso; y un creciente impacto de la inflación en las vidas y relaciones cotidianas. La década, además, estuvo atravesada por fenómenos colectivos que sacudieron cimientos, tradiciones, prejuicios, a fuerza de movilización, creatividad y rebeldía: la irrupción y centralidad del movimiento de mujeres, la despenalización del aborto y el cuestionamiento al machismo dejaron marcas en la conversación pública. También debutó discursivamente el relativismo sobre las atrocidades de la dictadura. Con Macri se cuestionó la cifra de 30 mil desaparecidos y con Milei, el concepto de «memoria completa» apaña casi una reivindicación del terrorismo de Estado.
Desde aquel 2016, con un Macri que había ganado ajustadamente el balotaje, hasta este presente -que lo tiene a Milei ensayando una reconversión absoluta de la estructura económica- el país se convirtió en un laboratorio de transformaciones aceleradas. La Argentina en la que cumple diez años el colectivo de periodistas de Tiempo pretende ser reorganizada desde arriba bajo la lógica del darwinismo: aquello de la supervivencia de los más aptos, el “adáptense o mueran” dirigido a los distintos actores económicos. El «maximalismo» que se le atribuye a Federico Sturzenegger.

¿Y qué pasó, entretanto, con el famoso “impulso igualitario” que muchos intelectuales, entre ellos el sociólogo Juan Carlos Torre, autor de Diario de una temporada en el quinto piso, siguen definiendo como el rasgo diferencial de la Argentina frente a otras naciones latinoamericanas? La llegada de Milei a la Casa Rosada, ¿qué dice respecto a las creencias, valores y deseos de la población argentina hoy? ¿Hay un debilitamiento del sentimiento de comunidad, una valorización del interés privado y una lenta transición, promovida por elites locales y globales, hacia un “egoísmo social extremo”? De todo esto conversaron con este diario la cantante Liliana Herrero -también docente y licenciada en Filosofía-, el analista político Gustavo Córdoba (director de la consultora Zuban Córdoba), el ensayista e investigador Alejandro Kaufman y el politólogo Eduardo Rinesi.
Reunidos en estas páginas a raíz de los diez años de Tiempo en su etapa cooperativa, los cuatro aportaron reflexiones y también, si se quiere, provocaciones. Autora de interpretaciones muy bellas, Herrero advirtió sobre los efectos sociales que perduran desde los tiempos del aislamiento sanitario para prevenir el Covid. Mencionó, en particular, un proceso continuo de repliegue o “retiro individual”.
“En la pandemia se produjo una ‘doble captura’: en nuestras casas y en la tecnología. Aun cuando nos pudiéramos comunicar múltiples veces en el día a través de la computadora, estábamos solos. Además de la intemperie económica en la que quedaron millones de familias argentinas”, planteó. Desde esa premisa advirtió que el repliegue de millones de individuos hacia sus problemas y cuestiones personales puede derivar en “una devaluación peligrosísima de la potencia histórica de la comunidad”.

Herrero dejó una recomendación para quienes participan activamente en política: el mensaje sonó dirigido al arco opositor de cuño progresista y nacional-popular. “La militancia continúa sin comprender que un legado debe pensarse críticamente”, marcó. Al profundizar en los temas partidarios, el encuestador Córdoba hizo un análisis bastante crudo de la actualidad de Milei. “De alguna manera parece no lograr sostenerse en el tiempo, como no logró sostenerse ningún otro proyecto similar a este”, describió: lo hizo con la soltura de quien está habituado a lidiar con sondeos (públicos y reservados).
Córdoba sostuvo que el gobierno de La Libertad Avanza atraviesa “un momento complejo y peligroso” por “la contradicción moral” que supone haber popularizado el eslogan “no hay plata” y al mismo tiempo mostrarle a la sociedad hechos de presunta corrupción o nepotismo cual sainetes televisados: enumeró “la crisis de (Manuel) Adorni, el tema $Libra y los créditos hipotecarios para funcionarios de primera línea”. Y a esa saga, agregó, hay que sumarle un “problema geopolítico”. “Una eventual derrota de Trump en las legislativas intermedias de noviembre puede traerle a Milei problemas reales y concretos de gobernabilidad”, subrayó.
Desde estas premisas, el analista advirtió de todos modos que “la sociedad argentina está enojada con Milei pero al mismo tiempo sigue enojada con el peronismo”. Y añadió: “Yo podría decir, con mucha tranquilidad, que Milei hoy ya no es el problema sino la sociedad que lo votó.” Para Córdoba, las distintas figuras del mileísmo son el emergente de un nuevo clima de época, incubado silenciosamente por los “niveles de frustración muy altos” que arrastra la población argentina. “Hemos pasado de cuestionar los intereses privados a considerarlos superiores al interés público, y eso lo hemos normalizado. También tenemos un culto a la eficacia económica”, diagnosticó.
En cuanto a las chances de una articulación electoral opositora, Córdoba mencionó dos obstáculos. En materia política dijo que subsiste una “tensión importante” entre “las identidades un poquito más conservadoras de los distintos peronismos del interior de la Argentina” con el “peronismo nacional identificable con el bonaerense”. Se refirió a la dificultad de aglutinar al electorado kirchnerista con los votantes cordobeses que van poniendo distancia de Milei.
“Hay una especie de nostalgia de otras épocas en las que el trabajo era de 9 a 5, formal, y constituía la columna vertebral en la vida de la sociedad. Hoy el trabajo es otra cosa. Está mutando a una velocidad que los partidos políticos, ni las fuerzas emergentes, terminan de entender”, alertó, para luego insistir sobre los alcances y velocidad de las aplicaciones de la Inteligencia Artificial.

¿Década infame?
A la hora de imaginar futuros y trazar pronósticos, Kaufman y Rinesi -representantes ambos de la comunidad universitaria- coincidieron sobre los riesgos gravísimos de una continuidad del mileísmo. Crítico cultural y docente en varias universidades, Kaufman definió al período 2016-2026 como otra “década infame”. Y la caracterizó por “una novedad”, a la que identificó en el hecho de que “la ‘no política’ (por Macri) ahora ganaba elecciones”. “Macri no era un político sino un empresario que no iba a robar porque ya tenía plata y como era empresario sabía cómo gestionar: cómo y qué era mejor. Además no era corrupto y no sabía hablar, pero eso no importaba porque los políticos hablan demasiado”, ironizó en su análisis.
“Con Macri se generó una victoria electoral de una noción que es incompatible con la vida en común. Porque el discurso de un empresario está estructurado para no ser responsable. Por eso no puede gobernar”, arriesgó. Y amplió: “Ahora, con Milei, directamente caímos en el infierno, porque ya no tenemos a un empresario en la Casa Rosada sino a un ideólogo de los monopolios globales, que en realidad son diez o 20 ultramillonarios.”
Rinesi, en contraste con otras visiones, negó que en los últimos diez años la sociedad argentina se haya convertido en una población “egoísta, individualista, posesiva, desgraciada e insolidaria” para así dar cuenta -a modo de hipótesis intuitiva- del avance de Milei. “Nuestra subjetividad es un nudo abigarrado y complejo. No comparto la idea de que, porque la sociedad votó mayoritariamente a Milei, ahora los argentinos, o la enorme mayoría de ellos, son una porquería”, replicó. Y subrayó: “Los argentinos, al igual que todos los seres humanos, somos unos desgraciados y unos tipos macanudos. Somos egoístas y solidarios, somos individualistas y comunitarios. Pensamos en nosotros mismos y en los demás, todo eso al mismo tiempo y de modo complejo.”

También filósofo y autor del libro “Política y tragedia. Hamlet, entre Hobbes y Maquiavelo”, Rinesi recordó que la inflación cumple “un fenómeno disciplinador” (“lo es, junto con el terror, como tantas veces fue subrayado por León Rozichtner”) y citó una frase de Margaret Thatcher (“no existe tal cosa como la sociedad, existen hombres y mujeres individuales”) para advertir sobre los objetivos finales del proyecto mileísta. “La sociedad existe, porque existen las reglas, las leyes, las tradiciones, la cultura y las instituciones: hay sociedad porque nos preocupamos por nuestros padres y nuestros hijos. Este tipo (Milei) dice ‘nuestros padres ya fueron y nuestros hijos, ¿qué importan’. Él propone: ‘vivamos el presente’. Y que entonces no haya lazos intergeneracionales. Milei quiere destruir el Estado porque el Estado es una de las plasticolas (sic) que hacen que la sociedad exista”.
En cuanto al impulso igualitarista de la Argentina, Rinesi planteó que “sigue muy presente” en la sociedad. Y resaltó: “Eso se puede verificar en la cuestión universitaria, en la expectativa social de que los hijos puedan querer hacer estudios. Lo mismo en el movimiento de mujeres y el feminismo: es un campo de disputa con un gobierno furibundamente antifeminista pero como los caminos no se recorren gratis quedan sedimentos, huellas y vestigios”.