Columna de opinión.
El festival comenzó siendo una ventana fundamental para acceder al mejor cine independiente del mundo y ha logrado consolidarse entre su público en tiempos en los que la cartelera cinematográfica está tomada por el cine de Hollywood y el resto sólo pareciera tener lugar en el mundo online, confinado a la «seguridad» y «comodidad» del hogar. He aquí el segundo desafío transformado en logro y tradición: en nuestras vidas hiperconectadas e inquietas el Bafici convoca cada año a unos cientos de miles de espectadores a sacudirse la pereza, abandonar el encierro de sus propias pantallas, sacarse el pijama y sumergirse en la experiencia colectiva de ver cine en una sala llena.
* Docente UNQ, UNLP y UNAJ
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