Hay silencios que aturden y silencios que emocionan. En el Goalball, donde la pelota de un kilo y cuarto rueda guiada por el sonido de sus cascabeles, el respeto de la tribuna es la regla principal. Pero una vez que suena la chicharra final, el silencio se rompe para darle paso al desahogo. Y en Valledupar, Colombia, el grito fue bien argentino. Los Topos, nuestra selección masculina, se colgó una medalla de plata inolvidable en estos Juegos Parasuramericanos 2026.

Para comprender la magnitud del esfuerzo, es vital conocer el goalball desde adentro. Es una disciplina deportiva extrema y fascinante, creada específicamente para personas ciegas o con baja visión. Se juega con dos equipos de tres jugadores cada uno en una cancha de 18 metros de largo por 9 de ancho, donde el arco ocupa toda la línea de fondo. Los atletas lanzan con la mano una pelota de 1,250 kg que contiene cascabeles en su interior. Es por esto que el silencio absoluto del público no es un detalle, sino una regla indispensable para que los deportistas puedan detectar y seguir la trayectoria del balón únicamente mediante el oído. En ese silencio de absoluto respeto, hoy resuena más fuerte que nunca el éxito y el sacrificio de Los Topos

El camino fue casi perfecto: cinco triunfos, apenas dos caídas y una final de esas que te dejan el corazón en la boca. Fue una ajustada derrota por 8 a 6 ante Brasil, la máxima potencia de la región. Sin embargo, lejos de la frustración, el saldo es de puro orgullo. Este plantel venía de meterse en un histórico sexto lugar durante el Mundial de China y ahora dejó en claro que aquello no fue obra de la casualidad. Hoy están para jugarle de igual a igual a cualquiera.

La magia de este grupo está en la química. Tienen caudillos curtidos en mil batallas y sangre nueva a la que no le pesa la celeste y blanca. En la cancha dejaron la vida Mario Velardez, Leonardo Jazmín, Oscar Méndez Silva, Gabriel Zacarías, Lautaro Fernández y Rafael Brítez, guiados por el cuerpo técnico de Damián Pelozo junto a Néstor Gauto y Ezequiel Martínez.

Plata que vale oro: los Topos hicieron historia en Colombia y miran a Los Ángeles

El propio director técnico, Damián Pelozo, analizó la campaña dejando un mensaje claro sobre el presente y lo que viene: «La medalla de plata ratifica lo que venimos trabajando, que nos posiciona a la par de Brasil, que es la potencia de la región. Lo que nos confirmó este torneo es que además de este presente, sextos en el Mundial en China y la posibilidad de enfrentar de igual a igual a las potencias, tenemos futuro porque fuimos con tres juveniles y demostraron que están a la altura y en competencia plena. Fuimos con un equipo en construcción, pero tuvimos la misma línea de trabajo y nos entendemos muy bien, lo que nos permitió pelear la final y trabajar cada vez más parejo con Brasil».

Esa unión entre distintas generaciones se palpa en cada testimonio. Leonardo Jazmín, jugador histórico de Los Topos, sintió esta presea como un premio gigante al esfuerzo colectivo: «La medalla es un reconocimiento al trabajo que viene haciendo el cuerpo técnico y los jugadores, rotando equipos de juveniles que pasan a la mayor, y los mayores que venimos respaldando el trabajo del cuerpo técnico. Es un reconocimiento al esfuerzo que ratifica que hay que sostener el trabajo que venimos haciendo, reforzarlo y mejorarlo».

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Y si hablamos de pibes que van al frente, lo de Rafael Brítez emociona. Disputó su primer torneo internacional con el equipo absoluto y no se guardó nada a la hora de expresar sus sensaciones: «La medalla significa orgullo porque es mi primer torneo internacional con la selección mayor. Así que contento con el rendimiento colectivo e individual. Además, significa orgullo, trabajo y sacrificio porque expone el trabajo que vamos haciendo y cómo, poco a poco, vamos subiendo escalones para el objetivo que queremos todos, que es el oro. Fuimos de menos a más. Tratamos de corregir los errores y en la final dimos todo, se nos escapó por poquito por algunos errores técnicos, pero muy contento. Si seguimos así vamos a seguir cumpliendo los objetivos».

La gesta cobra todavía mayor dimensión al enmarcarse en los II Juegos Parasuramericanos Valledupar 2026, celebrados del 5 al 15 de julio. Se trata de la cita deportiva adaptada más importante de la región, que logró reunir a más de 1.066 paraatletas de todo el continente compitiendo en 13 disciplinas, entre las que se destacan el paraatletismo, básquetbol en silla de ruedas, boccia, fútbol para ciegos y paranatación. Además de la búsqueda de medallas continentales, estos juegos representan un paso estratégico fundamental y el primer gran escalón en el proceso de clasificación rumbo a los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028.

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