Polémica: los chicos ya no comerán pan en el menú escolar porteño

Por: Alfonso de Villalobos

Para el gobierno forma parte de un plan de “alimentación saludable” pero los gremios denuncian una nueva forma de ajuste. Los comedores atienden a 120 mil niños y los concesionarios facturan $10 millones diarios.

Las escuelas de la ciudad amanecieron este martes conmovidas por un fuerte debate. A partir de ayer, según informaron las autoridades educativas porteñas, el servicio público de comedores escolares no ofrecerá más pan a los chicos en las escuelas. 

Amparadas en un supuesto plan de “alimentación saludable” decidieron discontinuar el envío de pan tanto para el desayuno como para el almuerzo en el marco del programa “chau panera”. 

Gonzalo Lazzarin Lima, Director General del Servicio de Escuelas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires explicó a Tiempo que “trabajamos con un equipo de 20 nutricionistas y 2 bromatólogas. Le damos de comer a 120 mil chicos todos los días en establecimientos de educación pública”. 

El funcionario explicó que “el cambio de mosaicos (combinaciones de menúes), lo hacemos sobre la base de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y a partir del dato de que hay un 42% de chicos con obesidad y sobrepeso en la Ciudad de Buenos Aires. Queremos que esa curva se modifique acompañando con una alimentación más saludable y también como un aporte educativo.”.

En detalle, Lazzarin explica que “en realidad se cambió todo el menú. El pan se reemplaza por fruta. Lo sacamos para que los chicos no se llenen y coman los platos principales. El menú mejora porque se incorporan verduras y legumbres. Se agrega carne de cerdo y se elimina el medallón de pollo y la salchicha. Además, se reemplaza el alfajor por galletas de avena para el desayuno.”. 

Sin embargo, por el lado de los sindicatos, Eduardo López secretario general de la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) señaló a Tiempo que “sacar el pan de la mesa es un simple recorte y no un mejoramiento de la calidad alimentaria. Las prohibiciones y restricciones no son acciones educativas que propician la concientización y educación alimentaria.”. 

El docente explicó que “si la preocupación hubiera estado puesta en la alimentación de nuestros pibes otras hubiesen sido las políticas públicas en términos de prevención y educación de la alimentación” y, se preguntó, “¿Se elaboraron y suministraron materiales de difusión e implementaron campañas permanentes de concientización con criterio pedagógico acorde a cada nivel educativo, con las pautas y guías de alimentación saludable? ¿Se brindó de manera fehaciente información sobre la relevancia de la alimentación saludable y la actividad física regular, el fomento de la actividad física extracurricular, la importancia de la prevención de enfermedades derivadas de una mala alimentación, los centros de atención clínica y psicológica para el tratamiento de enfermedades derivadas de una mala alimentación? Estas acciones, sin embargo, están detalladas en el Artículo 9 de la Ley 3704/10”, en referencia a la «ley de promoción de alimentación saludable variada y segura de los niños, niñas y adolescentes en edad escolar» sobre la base de la cual el gobierno asegura impulsar los nuevos menúes.

Desde el la dirección de servicios escolares, sin embargo, aseguraron que “no es un ajuste, todo lo contrario. No reducimos los costos y se mantiene la unidad de ración que acompaña el valor licitación tras licitación. Reemplazamos el costo del pan por una fruta.”. 

Y explicaron que, por el lado de las empresas concesionarias que reciben $73,09 por almuerzo y $8,22 por desayuno, “no hay quejas ni cambios porque entienden que es un menú pensado para las necesidades de los chicos. No les cambió la estructura de costos.”.

El “cuerpo de delegados de asistentes a comedores”, compuesto por trabajadores no docentes afiliados a la UTE, por otro lado, también manifestó su desagrado y denunció que el gobierno tomó la decisión “sin ningún tipo de consulta ni argumentación abierta para los estudiantes, familiares y docentes”.

Al mismo tiempo explicaron que “se dispuso la quita inmediata de alimentos y el reemplazo de otros”. Acto seguido opinaron que “la retórica de la ‘alimentación saludable’ colisiona con la realidad de los comedores que ven porciones cada vez más pequeñas y de calidad deplorable”. Por último señalaron que “la comida es salud y es un derecho que no se puede intervenir con un mail a obedecer.” Según la visión de los trabajadores de los comedores que forman parte de la planta docente esta nueva política “instala la enseñanza de aceptar esta dieta sin cuestionamientos.”.

Tomando en cuenta los valores diarios de los menúes y la cantidad de chicos que abastecen está en juego un presupuesto diario de $10 millones que, para todo el ciclo lectivo involucra una cifra cercana a los $2 mil millones.

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