El primer Foro Mundial Social de Porto Alegre de 2001, que tuvo la consigna de “Otro mundo es posible», se realizó en el marco de la coyuntura política a escala global del inicio siglo XXI, atravesada por emergentes políticos y sociales como el Chavismo en Venezuela, la crisis de la Convertibilidad neoliberal en Argentina, el crecimiento del movimiento indigenista en Bolivia, y toda una creciente marea antineoliberal, en Ecuador, Uruguay y el propio Brasil.

El escenario actual en el que se lleva a cabo el Encuentro Antifascista y Antimperialista Internacional en esa ciudad riograndense se caracteriza por el ascenso de gobiernos de extrema derecha como Javier Milei en Argentina, Viktor Orban en Hungría o Giorgia Meloni en Italia, y agrupaciones ultraderechistas que en la mayoría de los países europeos son segundas o terceras fuerzas políticas.

El eje central de esta cumbre es la resistencia a la hegemonía de las tendencias extremistas tanto en el campo electoral como en las luchas concretas en cada territorio.

La iniciativa de este encuentro surge de un llamamiento del Comité por la Abolición de la Deuda Ilegitima (CADTM) a comienzos de este año.

“Más de 555 personalidades de un centenar de países se suman a la convocatoria. El objetivo es reforzar la acción antifascista y antiimperialista internacional, después de que una oleada de 325 nuevos firmantes se hubieran unido a la iniciativa lanzada por CADTM internacional. Entre los adherentes figuran parlamentarios, universitarios, activistas, responsables sindicales, intelectuales y militantes feministas, ecologistas, antirracistas, anticapitalistas e internacionalistas para denunciar el ataque generalizado contra derechos sociales, las libertades públicas, los servicios públicos y el medio ambiente, así como la instrumentalización del racismo, el sexismo y la xenofobia”, detalla un documento de CADTM.

Según los firmantes, la pluralidad de fuerzas comprometidas contra la extrema derecha, lejos de ser un obstáculo, hace necesaria la coordinación común a la altura de las amenazas cada vez más graves.

Es por ello que esta segunda oleada de firmas reforzó considerablemente la representatividad del movimiento, integrando voces fundamentales del Sur Global y fuerzas políticas clave del Norte, subrayando en su convocatoria que «nuestra lucha debe ser internacional para ser eficaz”.

Los polos políticos que se han unido a la iniciativa tienen un fuerte impacto a todo nivel. Por ejemplo, en Estados Unidos firmó la dirección del movimiento político del que forma parte el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. A nivel individual fueron de la partida Annie Ernaux, premio Nobel de Literatura 2022; Paco Ignacio Taibo II, novelista y director del Fondo de Cultura Económica; Nancy Fraser, Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya, coautoras del Manifiesto feminista para el 99 %. Por Argentina figuran Verónica Gago (UBA), Claudio Katz (Conicet), Claudio Lozano (Unidad Popular) y Felisa Miceli (exministra de Economía).

Otros que aportan su firma son Zarah Sultana y Jeremy Corbyn, cofundadores del Your Party del Reino Unido; Jean-Luc Mélenchon y Manon Aubry (LFI); Olivier Besancenot y Christine Poupin (NPA_A); Raymonde Poncet Monge, senadora ecologista en Francia; también Yanis Varoufakis (exministro de Economía griego, por DIEM25) y Zoé Konstantopoúlou (Rumbo a la Libertad) en Grecia; Irene Montero (Podemos); Ada Colau (exalcaldesa de Barcelona), Ana Miranda (Bloque Nacionalista Gallego), entre otros.

Uno de sus principales organizadores del encuentro Eric Toussaint portavoz de la red internacional del CADTM enumeró ante Tiempo los temas a tratar dentro de las once reuniones plenarias y 150 conferencias autoorganizadas. Puntos principales son la cuestión de la resistencia antifascista y antiimperialista en las distintas regiones, la lucha contra el negacionismo climático, las estrategias para enfrentar al mileísmo, cómo impedir una victoria de la extrema derecha en Brasil en el próximo octubre y la lucha feminista y LGTB+, y la resistencia a los imperialismos en los territorios, como la lucha contra el sionismo del Estado de Israel y la defensa de la soberanía de los pueblos, Cuba, Venezuela y Palestina. También se incluyó la defensa de la Economía Popular Campesina como una de las alternativas a la crisis ecológica, y el apoyo a la resistencia de los Pueblos Nativos.

Tareas que deberán trascender el diagnóstico y avanzar en la organización de la resistencia en cada territorio, ante la ofensiva la extrema derecha y de los imperialismos encabezado por el gobierno trumpista.  «