El viernes 12 de junio de 2026, Pulp volvió a instalarse en el Movistar Arena, recinto que los había recibido tres años antes. La banda encabezada por Jarvis Cocker confirmó que esta visita no era la repetición de una fórmula. Pulp no vino a hacer la plancha: trajo un disco nuevo y una puesta que eludió el paso del tiempo.
Cocker y compañía construyeron una carrera a base de esperas, con la paciencia de un orfebre: antes de la consagración masiva con Different Class en 1995, llevaban casi dos décadas de carrera, con cambios de formación y un éxito que siempre parecía estar a punto de llegar, pero no terminaba de concretarse.

Esa biografía errante se parece a la relación con el público argentino, que los adoptó sin preguntar mucho más cuando finalmente aparecieron en el radar. La gira You Deserve More llegó a Buenos Aires en su tercera visita al país y lo hizo sin dar por sentado nada.
Pasadas las 21, el Movistar Arena ya era una masa que esperaba. Pulp no se hizo rogar. Arrancó con «Sorted for E’s & Wizz» y apenas dio tiempo para acomodarse. Enseguida llegó «Disco 2000», y con esa canción el público se activó: no fue un estallido prefabricado, sino el reconocimiento de un himno que ya no necesita presentación. Siguieron «Spike Island» y «Razzmatazz». Cuatro temas y ya estaba claro el pacto de la noche.

La gente había asistido en manada a ver a sus ídolos del britpop, y los ídolos cumplieron sin vueltas: Cocker al frente, con esa mezcla de fragilidad y aplomo que lo hace único, y la banda sonando precisa. La música ya había empezado a hablar.

Un frontman como pocos
Jarvis es cantante, artista y trovador. En ese orden. O en desorden. La cuestión es que caminó por el escenario como si estuviera en su living, pero también como si supiera que lo estaban mirando. Camisa bordó y saco claro: vistió como el promedio, pero no te dejes engañar. Ese inglés no es uno más. La gente lo festejó durante toda la noche. La formación actual acompañó esta serie de presentaciones por estas latitudes.

El repertorio se dividió en dos bloques con un breve corte en el medio. Durante el final del intermedio, el público del Movistar Arena votó en vivo para elegir una canción, una decisión colectiva que rompió la cuarta pared y metió un guiño imprevisto en medio de la función. Antes y después de ese corte, la banda se lució. Doyle mantuvo las bases melódicas desde los teclados, Webber aportó texturas con su guitarra y Banks sostuvo los ritmos con un pulso constante. El apartado sinfónico con cuerdas le dio aún más volumen a un show que llegó a tener nueve músicos en escena.
Después del intermedio, Pulp volvió con un bloque sólido y prolijo de canciones para todos los gustos. La banda repasó composiciones de casi todos sus discos como quien busca algo que ordenó hace años, pero sabe dónde está de memoria. «Something Changed» sonó con esa certeza de las cosas que no se discuten. «Begging for Change» y «O.U. (Gone, Gone)» metieron un poco de aspereza en el Movistar. «Do You Remember the First Time?» y «Mis-Shapes» movilizaron a los que estaban esperando esos momentos, pero Cocker no se detuvo a festejarlos. Siguió de largo. «Babies», «A Sunset», «A Little Soul».

Jarvis vende su película. Y tiene banda sonora para hacerlo. La leyenda de Pulp no solo se escucha, también se ve. Dramático de a momentos, pero sin la cursilería del rockstar. Es un tipo que opera con tesis, antítesis y síntesis: sus canciones, su obra y el show entero funcionan así.

A eso de la mitad del show, el cantante quiso acercarse al público con unas palabras en castellano. Se notó que ensayó, que le puso voluntad: incluso sacó un papel para leer algo preparado. Pero el acento inglés es traicionero y se le entendió poco y nada. Lindo recordatorio de que hay fronteras que al rock todavía le cuesta cruzar. Cocker lo intuyó y volvió rápido al inglés. La gente no protestó. En el fondo, nadie había ido a escucharlo hablar en castellano.

Pulp, buenas ideas y grandes canciones
Las nuevas canciones de More, el primer álbum de estudio de la banda en 24 años, se integraron sin forzar la continuidad con los viejos temas. Uno de los puntos altos de la performance fue exactamente ese: el tamiz entre lo clásico y lo nuevo. “Disco 2000”, “Common People”, “Tina” y “Underwear” sonaron como piezas de un mismo rompecabezas que la banda armó con cuidado y cariño.
A diferencia de otras bandas de su generación, Pulp no se toma el escenario como un recuerdo de lo que supo ser. La novedad en esta visita fue que Cocker se permitió actualizar el repertorio sin que pareciera un terreno para negociar con quienes fueron a verlo, demostrando que el grupo sigue moviéndose sin miedo a revisar su propio archivo y, en el medio, hacer nuevas canciones para salir de gira. El tour los había traído desde México, tuvo que cancelar en Colombia, pero sí pudo presentarse en Chile y encontró en Buenos Aires una de sus últimas paradas antes de seguir su curso.
La noche terminó cerca de la medianoche, con un total de 25 canciones en poco más de dos horas y media de show y una certeza importante: Pulp todavía tiene cosas para decir y el público argentino sigue dispuesto a escucharlas.

