“Querían sacar al indio del indio”: serían 6000 los niños muertos en Canadá

Por: Ricardo Gotta

En antiguos internados ya fueron hallados más de mil cadáveres sin identificar. El Estado y la complicidad de la Iglesia católica. Políticas de exclusión y negociados.

«El objetivo de los internados era sacar al indio del indio, que perdiéramos nuestro idioma, que perdiéramos nuestra cultura. Y los niños morían». Keith Crow pertenece a la agrupación indígena Similkameen, que integra Primeras Naciones, una de las que representan a los pueblos originarios de Canadá. Con contundencia, resume el concepto: “Fue un genocidio”.

Hace pocas horas se reportó un nuevo hallazgo de tumbas de niños indígenas no identificados. El pasado 29 mayo, en la Kamloops Indian Residential School, en la Columbia Británica, descubrieron restos de 215 niños. A principios de esta semana el Grupo Indígena Cowessess informó sobre 751 tumbas en terrenos de la Escuela Residencial Marieval, de la provincia de Saskatchewan. La reserva Lower Kootenay denunció ahora, otras 182 sin marcar en terrenos del antiguo internado St. Eugene’s Mission, ubicado en Cranbrook, no muy lejos de Vancouver. “Creemos que estas 182 almas pertenecen a la nación Ktunaxa y a la comunidad Aqam”, declaró Jason Louie Pierre, uno de sus referentes. Se estima que murieron unos 6000 niños, que fueron enterrados en tumbas sin nombres. Hasta la fecha se registraron más de 4100.

El primer ministro, Justin Trudeau, describió estos hallazgos como un «doloroso recordatorio» de un «capítulo vergonzoso de la historia de nuestro país». Hace unos años el estado canadiense asumió unas ambiguas formas de reconocimiento de responsabilidades y ofreció disculpas. Este año, el gobierno invirtió tres millones de euros para la búsqueda de los niños. Pero no calmó los ánimos de sectores de la sociedad, ni su indignación: de hecho, cuatro iglesias fueron quemadas tras los hallazgos.

Una costumbre siniestra. Desde 1863 hasta 1998, más de 150 mil niños indígenas fueron separados de sus familias y llevados a colegios estatales. El programa incluyó maltratos y abusos en 139 internados que en su 70% eran operados por la Iglesia católica, según informó la Sociedad de Sobrevivientes de Escuelas Residenciales de Indígenas. El Estado canadiense reconoció que se trataba de una política de “asimilación de los niños indígenas”.

No se les permitía hablar su idioma, así como otras prácticas de su cultura. Las denuncias no son nuevas. Ya en 2015 se conoció un informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que describió la política estatal como un «genocidio cultural» y que el objetivo era «eliminar a los aborígenes como pueblos distintos y asimilarlos a la corriente principal canadiense en contra de su voluntad (…) Deseaba desprenderse de sus obligaciones legales y financieras con los aborígenes y hacerse con el control de sus tierras y recursos».

El trabajo incluyó, entre otras, la versión de Joseph Maud, quien en 1966, con cinco años fue internado en Pine Creek, Manitoba. Intentaron que hablara inglés o francés, pero él sólo sabía su nativo Ojibwa. Sufrió inhumanos tirones de orejas, cuando no le lavaban la boca con jabón. Evelyn Camille, sobreviviente de la escuela Kamloops se acercó al memorial de las víctimas y describió diversos vejámenes. Como si no bastara con “estar separada de mis padres, primos y tíos”. El trabajo detalla otros aspectos aún más espantosos, como fallas en los edificios donde eran alojados, poca calefacción, insalubridad, carencias de personal médico capacitado. También que muchos de ellos sufrieron abusos emocionales, físicos y sexuales.

Un aspecto aún más oscuro lo representa un poco claro experimento de nutrición, en el que les escatimaban adrede el suministro de vitaminas y minerales esenciales. Las investigaciones describen el aval gubernamental y mencionan a tres ideólogos especialistas en nutrición: Frederick Tisdall (creador de la comida infantil Pablum, director del Hospital para Niños Enfermos de Toronto) Percy Moore y Lionel Bradley Pett.

 “No cometimos ningún delito. Solo ser nativos. Supongo que ese es nuestro crimen», subrayó Gerónimo Henry, otro de los indígenas sobrevivientes, ahora con 85 años. Tenía seis cuando lo llevaron a la escuela Mohawk y 17 cuando salió. Le brotan las lágrimas cuando la prensa lo consulta por los últimos hallazgos. «

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