Por momentos, el sonido del metal parece una respiración. Una máquina arranca, otra responde. Los ruidos resuenan en las paredes gastadas de una nave industrial en Llavallol, partido de Lomas de Zamora. Allí, donde alguna vez hubo abandono e incertidumbre, hoy persiste una convicción: la de quienes decidieron quedarse cuando todos los demás se fueron. Ese es el corazón de Recuperar un futuro, el documental dirigido por Eduardo Schellemberg que se sumerge en la experiencia de la Cooperativa Cotramel, una metalúrgica recuperada por sus trabajadores en 2018. Pero la película, que se podrá ver en julio, no habla únicamente de una fábrica. Habla de una pregunta que atraviesa dos décadas de historia argentina: qué sucede cuando los trabajadores se convierten en los últimos guardianes de una empresa condenada al cierre.

Por estos días, cuando la precarización laboral y la incertidumbre económica ocupan buena parte de la conversación pública, el documental Recuperar un futuro, dirigido por Eduardo Schellemberg, vuelve la mirada hacia una experiencia que nació en la crisis pero que hoy enfrenta un desafío diferente: cómo sostenerse en el tiempo. “Tomar una fábrica para ponerla a producir es un acto de resistencia frente a la exclusión”, resume Schellemberg durante la conversación. Y esa idea atraviesa toda la película.

El director llegó a la historia casi por casualidad. Con una extensa trayectoria en periodismo audiovisual para televisión y documentales realizados para medios nacionales e internacionales, cuenta que conoció la cooperativa de trabajo mientras producía una nota para Telefe.

«Recuperar un futuro»: la lucha por Canale, una historia de resistencia y construcción obrera

“Nos enteramos de que había una metalúrgica que recibía chicos de escuelas técnicas para que hicieran sus primeras herramientas y tuvieran contacto real con el trabajo industrial. Fuimos a hacer esa nota y me encontré con otra cosa. Me encontré con toda la historia que había detrás”, recuerda. Aquella primera visita lo llevó a descubrir una experiencia mucho más profunda que un simple proyecto educativo. La planta funcionaba en un predio que décadas atrás había formado parte de la histórica Canale. “Era una empresa enorme. En esa parte se envasaban galletitas, arvejas y pescado. Había toda una historia industrial muy fuerte en ese lugar”, explica. En ese recorrido apareció también una figura central para el documental: Nicolás Machi, referente de la cooperativa y principal protagonista de la historia. “Después de varias entrevistas informales con Nicolás le propuse contar lo que estaban viviendo. Sentí que ahí había algo que excedía a una fábrica. Había una experiencia humana muy potente”, relata el realizador.

Cuando comenzó el rodaje, la situación de los trabajadores estaba lejos de resolverse. Aunque producían y mantenían en funcionamiento la planta, dependían de una medida cautelar. “Ellos podían trabajar, pero no tenían ningún marco legal sólido. Si esa cautelar se caía, podían ser desalojados. Era una situación extremadamente frágil”, explica.

Esa incertidumbre se transforma en uno de los motores dramáticos del documental. Los trabajadores sostienen la producción mientras esperan una resolución judicial que puede cambiarlo todo. Durante la investigación, Schellemberg descubrió además otro aspecto fundamental del conflicto: la necesidad de una legislación específica para las empresas recuperadas. “En ese momento me encontré con el proyecto que había impulsado Leonardo Grosso para darle un marco legal a estas experiencias. La cuestión de fondo era dejar de depender exclusivamente de la voluntad de un juez”, señala.

«Recuperar un futuro»: la lucha por Canale, una historia de resistencia y construcción obrera

La propuesta legislativa, presentada en 2020, buscaba garantizar continuidad jurídica a las cooperativas surgidas de procesos de recuperación. Sin embargo, distintos factores políticos y económicos postergaron el debate. “Hoy el documental también sirve para volver a poner ese tema sobre la mesa”, afirma.

Para el director, el problema actual de las empresas recuperadas ya no es exactamente el mismo que enfrentaban hace veinte años. “Estamos hablando de un fenómeno que ya tiene dos décadas. Muchas de las personas que recuperaron fábricas después de 2001 hoy están jubiladas o cerca de jubilarse. Aparecen nuevas generaciones y eso plantea desafíos completamente distintos”, sostiene. Según explica, la ausencia de un marco legal estable impide planificar. “No se puede vivir en un eterno presente pensando que mañana te pueden desalojar. Necesitan proyectar inversiones, incorporar tecnología, contratar trabajadores nuevos. Necesitan pensar qué va a pasar dentro de veinte años.”

La película recoge esa preocupación en numerosos testimonios de cooperativistas que ya no hablan solamente de resistencia sino también de continuidad. “Hay una necesidad de recambio generacional, tecnológico y productivo. Si no existe un marco legal, todo eso se vuelve muy difícil”, resume.

«Recuperar un futuro»: la lucha por Canale, una historia de resistencia y construcción obrera

Desde el punto de vista cinematográfico, Schellemberg eligió que la fábrica fuera el gran escenario narrativo. “Casi todo sucede dentro de la planta. Hay una búsqueda visual basada en los claroscuros, en esa luz industrial tan contrastada que acompaña la incertidumbre que viven los trabajadores”, describe. Sin embargo, aclara que la estética nunca estuvo por encima del testimonio. “En este trabajo privilegié lo testimonial. Creo que en el contexto que vivimos hay una responsabilidad de dar cuenta de determinadas realidades. Siempre existe una tensión entre la búsqueda estética y el registro documental, pero para mí era importante que la palabra de ellos estuviera en primer plano.”

Esa decisión narrativa se percibe a lo largo de toda la película. Son los propios trabajadores quienes reconstruyen su historia y explican cómo aprendieron a gestionar colectivamente una empresa. “Ellos cuentan el proceso con su propia dinámica. El guion está pensado para que la historia aparezca desde sus voces y desde lo que les fue ocurriendo”, señala. El rodaje se extendió durante aproximadamente dos años. Un tiempo que resultó necesario para completar el arco dramático que buscaba el documental. “Yo necesitaba acompañar el proceso hasta conocer el desenlace judicial. El rodaje termina cuando llega la sentencia que les reconoce derechos sobre los medios de producción que utilizan.”

Estrenar la película en el contexto actual tiene para Schellemberg un significado particular. “Poder estrenar hoy es un acto de resistencia. Hay una situación muy compleja para la cultura y para el cine. Pero justamente por eso es importante que estas historias circulen.” Y agrega una reflexión que resume el espíritu de Recuperar un futuro: “Las cooperativas nacieron de la necesidad de no quedar afuera. Pero con el tiempo construyeron algo más grande. Construyeron identidad, pertenencia y comunidad”. Las empresas recuperadas no encajan fácilmente en las categorías tradicionales, cree el director. “Son experiencias que escaparon a muchas estructuras teóricas. Surgieron en la Argentina al calor de la desesperación, pero también de la creatividad colectiva. Los trabajadores tuvieron que reinventarse completamente.” Esa reinvención es, quizás, la verdadera protagonista del documental. Más allá de las máquinas, de los juicios y de las leyes pendientes, Recuperar un futuro muestra a hombres y mujeres que decidieron no aceptar la desaparición de su lugar en el mundo. Y que, frente al abandono, eligieron producir. Frente a la incertidumbre, organizarse. Y frente a la exclusión, imaginar un futuro.

Recuperar un futuro

Documental dirigido por Eduardo Schellemberg. Tendrá su estreno en julio, los miércoles 1, 8, 15, 22 y 29, a las 20, en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Av. Corrientes 1543.