Hay algo que The Rise of the Red Hot Chili Peppers: Our Brother, Hillel deja en claro desde el inicio: la historia de Red Hot Chili Peppers no nace de una línea recta, sino de una bifurcación. Antes de consolidarse como banda, fue una posibilidad entre otras.
Disponible en Netflix, el documental se centra en la figura de Hillel Slovak, pero evita convertirlo en un mito aislado. Lo ubica en una trama más compleja: la convivencia, a comienzos de los años ochenta, entre los Chili Peppers y What Is This?, el grupo paralelo que Slovak compartía con Jack Irons. Durante ese período, ambos proyectos coexistieron de manera inestable, al punto de que Slovak e Irons llegaron a priorizar What Is This?, lo que explica su ausencia en el debut discográfico de los Peppers.
Ese primer álbum, The Red Hot Chili Peppers (1984), fue grabado con Jack Sherman en guitarra. La entrada plena de Slovak en la discografía se produce después, en Freaky Styley (1985) y se consolida en The Uplift Mofo Party Plan (1987), el único registro de la formación original completa. El documental trabaja ese dato sin subrayados: no como corrección histórica, sino como indicio de algo más importante. Slovak no está en el inicio formal, pero sí en el momento en que la banda empieza a encontrar una identidad sonora propia.

A partir de material de archivo y testimonios actuales, el film reconstruye esa etapa como una zona de búsqueda. La relación entre Slovak, Anthony Kiedis y Flea aparece atravesada por la experimentación, pero también por un vínculo personal que excede lo musical. No hay aquí una narrativa de profesionalización: lo que domina es el impulso, una forma de tocar y de estar en escena que todavía no responde a ninguna lógica de carrera.
En ese contexto, la canción “Behind the Sun”, incluida en The Uplift Mofo Party Plan, adquiere un peso particular. El documental la presenta como un desplazamiento dentro del propio lenguaje del grupo: una apertura melódica en medio de un repertorio dominado por la energía cruda. Sin forzar una lectura teleológica, la señala como una pista de evolución posible, una sensibilidad que la banda desarrolla con mayor claridad en años posteriores.
Las adicciones golpean a los Peppers
El film también expone, sin rodeos, el trasfondo de las adicciones. Kiedis retoma su propia experiencia con las drogas y la inscribe en una dinámica compartida con Slovak, donde la intensidad creativa convive con la autodestrucción. No hay moralización ni distancia: lo que aparece es una lógica interna, difícil de separar en términos de causa y efecto. Flea, por su parte, se presenta como la voz más reflexiva del conjunto, no tanto para ordenar los hechos como para dimensionar su impacto emocional.
La muerte de Slovak en 1988, por sobredosis de heroína, funciona como un punto de cierre inevitable. El documental no avanza más allá. No hay desarrollo de la etapa posterior ni de la transformación de Red Hot Chili Peppers en un fenómeno global. La historia se interrumpe en ese momento de quiebre, cuando todavía todo estaba en formación.

Ese recorte define su alcance. Más que una biografía completa, Our Brother, Hillel construye una escena: dos bandas en tensión, una decisión abierta, una identidad en proceso. En el centro, Slovak no aparece sólo como origen, sino como catalizador de una etapa en la que nada está garantizado.
Lo que queda no es una explicación cerrada, sino un punto de partida. Uno en el que la música todavía no es destino, sino posibilidad. Y donde, antes que el éxito o la consagración, lo que define a una banda es el modo en que sus miembros se encuentran -y, eventualmente, se pierden.