Este helado miércoles 24 de junio, Redd Kross pisó por primera vez un escenario argentino. La cita fue en Uniclub, en el barrio del Abasto, una sala que suele recibir propuestas de culto y que para esta ocasión se llenó de curiosos, fanáticos de la primera hora y varios músicos locales que no quisieron perderse el evento. Después de más de cuatro décadas de carrera, la banda que nació en Hawthorne, California, a fines de los años 70, llegó a Buenos Aires con una formación que mantuvo a los hermanos Jeff y Steven McDonald (voz y guitarra y bajo, respectivamente), junto a Jason Shapiro en guitarra y Dale Crover (Melvins) en batería. No era un rejunte de ocasión: vimos la máquina funcionando.
Antes, The Tormentos y Gori se encargaron de calentar la invernal jornada del Abasto. Cuando Redd Kross saltó al escenario -más cerca de las 22 que de otra cosa-, lo hizo en un formato descontracturado, con roles flexibles y una energía sin solemnidad que, lejos de cualquier desorden, terminó sonando sólida y perfectamente aceitada. La banda arrancó con «Huge Wonder», «Peach Kelli Pop», «Stay Away from Downtown», «Stunt Queen» y «Uglier». La contundencia del set hizo parecer más chico el escenario de Uniclub de lo que realmente es.

Redd Kross creció en la escena punk del sur de Los Ángeles. Mientras el hardcore se volvía más rápido y más áspero, los McDonald introdujeron otra marcha al ritmo frenético del género: el pop de los sesenta, el glam, la psicodelia. Pero esa superposición nunca terminó de estabilizarse. Esa lógica, esa negativa a convertir la influencia en doctrina, los convirtió en una referencia de culto para varias generaciones de fans y músicos. La originalidad del grupo, la razón por la que sigue siendo relevante, no está en un sonido fijo, sino en el desparpajo con el que diseccionó su propio género y la cultura que lo acompañaba.
En la sala, entre el público, se podía ver a Walas, de Massacre; a Ariel Minimal, de Pez; y a Baltasar Comotto. Un indicio de que la banda convoca a otros músicos, no solo a oyentes. La visita a la Argentina se dio en un momento activo para el grupo. En 2024 publicaron un álbum doble homónimo de 18 canciones grabado con Josh Klinghoffer (ex Red Hot Chili Peppers) y estrenaron el documental Born Innocent: The Redd Kross Story.

Redd Kross, entender el chiste sin que te lo expliquen
Redd Kross es de esas bandas que nunca tuvieron un “hit”, pero siempre tuvieron una historia que contar. Este documental (Born Innocent: The Redd Kross Story) se encarga de contarla en hora y media, con la soltura de quien sabe que el material no necesita mucho más que orden. La película recorre los inicios del grupo con un Steven McDonald de once años, pasa por sus momentos de gloria subterránea y llega hasta el presente sin perder el ritmo. Hay testimonios de músicos conocidos y exmiembros que confirman lo que ya se intuía: Redd Kross no es un grupo cualquiera. El documental no se toma demasiado en serio -hay momentos muy Peter Capusotto y sus videos- y aunque pasa de costado por algunos detalles, la síntesis funciona.
El repertorio incluyó una tanda de covers que funcionó como un recordatorio de las canciones que los llevaron hasta ahí: «I’ll Blow You a Kiss in the Wind» (de Tommy Boyce & Bobby Hart) y «Crazy World» (de Frightwig). No sonaron como simples covers, sino como parte del ADN. La banda se movió en el escenario con una estética que cruzaba el imaginario de Alan Faena con el de los Beatles de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, una combinación que no pedía explicaciones (tampoco creo que las pudiéramos encontrar allá, en Guardia Vieja al 3360). La gira que los trajo a Buenos Aires continuará por San Pablo, el 26 de junio, y Santiago de Chile.

El set repasó canciones de varios discos: «Lady in the Front Row», «Mess Around», «I’ll Take a Word for It», «Candy Coloured Catastrophe», «Annie’s Gone» y «Emmanuel Insane». La banda sonó con una soltura que solo dan los años de ruta, sin que eso significara necesariamente comodidad. El cierre fue con tres covers seguidos: «Pretty Please Me» (The Quick), «Crazy Horses» (The Osmonds) y «Deuce» (KISS).
Redd Kross brindó un recital a la altura de su historia, lejos de un show vintage. Fue la continuidad de un proyecto que siempre se movió en tensión con sus propias coordenadas iniciales, rompiendo las bolas a quienes esperan «algo» de ellos. En un momento en el que muchas bandas de su generación terminaron fijando un sonido reconocible, ellos eligieron la inestabilidad permanente. Por eso nos caen tan bien por estas latitudes. Los que asistimos anoche nos quedamos con esa sensación de que Redd Kross no necesita apelar al recuerdo de un éxito, porque nunca tuvo uno que los encasillara. Y ese es su mayor logro.

