Los primeros meses del año tuvieron discusiones transversales a la sociedad en diferentes áreas y una de ellas es la propuesta para modificar la Ley 26.639 o “Ley de Glaciares”. Tratarla en el verano no es casual, ya que responde a cabildeo de sectores empresariales y a promesas aún no cumplidas por parte del Gobierno.

Es una modificación que viene a romper un consenso que habíamos alcanzado en 2010. No sin grandes discusiones. Es tragicómico repasar cómo los que en 2010 la defendían hoy consideran que no modificarla va a destruir el futuro mismo de Argentina.

Modificar una ley que protege los glaciares no va a hacer que los glaciares desaparezcan de un día para el otro. El impacto se produce con las puertas que abren en el futuro. ¿Quienes deciden qué ambiente se puede afectar y que cual hay que conservar? La respuesta es simple: investigadores que tienen información fundamental para tomar decisiones sólidas. Por ejemplo, el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) – CONICET.

Cuando las acciones pueden tener consecuencias a largo plazo, como ocurre en conservación de la biodiversidad, la toma de decisiones se debe basar en el principio precautorio. Tenemos que estar seguros de que si nos equivocamos en las predicciones sobre el impacto en la biodiversidad y en la sociedad, debe ser el menor posible.

Pensémoslo así: que pasaría si decidimos que no hay que afectar ningún glaciar ya que hay que conservar las cabeceras de aguas en el contexto de crisis climática global, pero luego resulta que el clima no cambia y todo sigue igual. No pasa nada. El único costo es perder un 1% de área explorable para minería.

¿Pero si tomamos la decisión inversa? ¿Si decidimos no proteger todos los glaciares y el cambio climático global si afecta la provisión de agua? Una decisión arriesgada pone en riesgo el futuro de más del 30% de la superficie del país y el del 15% de los argentinos.

No es el futuro en mil años, sino las próximas décadas. Aún no conocemos la dimensión de esta crisis climática y cuán escasa se tornará el agua en parte de nuestro país.

Acá entra el Río Santa Cruz, el principal curso de agua de esa provincia. Ya en los 70 existía la idea de construir dos represas, proyecto que se retomó y hoy conocemos como Néstor Kirchner (Condor Cliff) y Cepernik (La Barrancosa). Los argumentos socioeconómicos son variados, pero en general muy inmediatos, como fuentes trabajo durante el período de construcción (requieren poco personal una vez finalizadas). Pero los contra argumentos ambientales son mayores.

Este río tiene un estuario extremadamente productivo. Hay colonias gigantescas de pingüinos patagónico y lobos marinos.Grandes concentraciones de toninas overas y ballenas.También su productividad genera que existan las fabulosas colonias de aves marinas del Parque Nacional Monteleón.

Como broche de oro, durante el invierno el estuario alberga el cien por ciento de la población del Macá Tobiano, una especie críticamente amenazada de extinción y endémica nidificante de Argentina.

Su importancia para la biodiversidad debería ser razón suficiente para no alterarlo. Sin embargo, el gobierno anunció en marzo que los 5.000 millones de dólares necesarios provenientes de China -aunque no guste decirlo- estarían disponibles. Tras dos años de estar paralizadas se reactivan.

El río Santa Cruz depende de glaciares. Los lagos Viedma y Argentino, adonde se forma, son lagos glaciarios alimentados por los glaciares Perito Moreno, Spegazzini y Viedma, entre otros. ¿La modificación de la ley de glaciares los afectará? Posiblemente no, ya que están protegidos dentro del Parque Nacional Los Glaciares. Pero estos glaciares se están reduciendo a un ritmo acelerado, más de lo que se estimaba, como es el caso del Perito Moreno, como detectaron investigadores del IANIGLA-CONICET.

¿Qué pasará con las represas en un contexto de reducción de caudal, sequías y pérdida de glaciares? Lo esperable es que los cálculos realizados con caudales actuales y pasados no sean correctos en el futuro cercano. Es una obra que nace en riesgo por la crisis climática. No es arriesgado decir que los cálculos pueden fallar.Ya fallaron con la represa Néstor Kirchner, tanto que hubo que invertirla por errores en el cálculo de la estabilidad geológica de uno de sus lados.

No es confiable que los gobernantes tomen decisiones sin contextos a mediano y largo plazo. Menos aún con acciones que pueden afectar algo tan fundamental como es la provisión de agua para todos, para la sociedad y para la fauna.

Afectar los glaciares para sólo sumar un 1% al área minera explorable, así como afectar un río glaciario más importante de Patagonia austral, sin conocer el escenario climático del futuro cercano es fallar en el principio precautorio.Y como dijimos, no usar el principio precautorio puede ser una catástrofe socioambiental en el futuro muy cercano.