A pesar de ser dueño de una profusa trayectoria y de un gran prestigio académico, toda la obra de Ricardo “Mono” Cohen, conocido popularmente como Rocambole, parecería poder resumirse en el universo visual creado para Oktubre, segundo disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Sin dudas, el favorito de los fans a la hora de elegir algún ícono alusivo a la mítica banda para estampar en remeras y banderas o tatuarse.
En la misma dimensión en que el artista plástico marcó a fuego la simbología definitiva del grupo con este relato gráfico inspirado en las revoluciones sociales, la enorme popularidad de los Redondos y el peso específico de ese álbum en su discografía fueron determinantes en la trayectoria del ilustrador.
No abundan los creadores en su rubro que puedan presumir que les pidan autógrafos en la calle o que cuenten con un documental centrado en su figura, como sucede con Rocambole en el camino, una película dirigida por Marcia Paradiso y Matías González, que se estrenará el sábado 25 de abril en el cine Gaumont.
“Creo que esto es una cola del extraordinario fenómeno que fue Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Todo aquello que está un poco relacionado con eso participa de toda esa aura”, reacciona humildemente el “Mono” Cohen en diálogo con Tiempo, ante el hecho de ser protagonista de un filme biográfico.
Como su título lo sugiere, el documental muestra a Rocambole activo, dando conferencias, creando en su taller, repasando su recorrido artístico, reflexionando en torno a sus obras o contando anécdotas a través de diversas charlas con el periodista Oscar Jalil, con las calles platenses como telón de fondo.

Su rol como docente universitario, las portadas realizadas para otros artistas, su papel central en el colectivo La Cofradía de la Flor Solar o su labor como organizador de un memorable recital de música beat en los primeros años del rock argentino son algunos de los tópicos que van apareciendo a lo largo de la película.
Pero todos esos aspectos se difuminan cuando la narración vira hacia su participación en la mesa creativa de Los Redondos y el análisis al detalle de las gráficas de Oktubre, por lo que, sin proponérselo, el film construye su relato en torno a este hito.
“Yo creo que una cosa es el resultado de la otra”, naturaliza en diálogo con este diario al justificar que una de las etapas de su trayectoria haya alcanzado semejante dimensión popular como para opacar el resto de sus trabajos.
Y explica: “En la mayoría de los casos, yo caminé en la frontera que está entre las artes plásticas y el diseño de comunicación visual. La gente tiene esa idea romántica del artista encerrado en su taller al que le llega un rayo del cielo. Por otro lado, está el trabajo del realizador, que tiene que tomar decisiones para que el producto que hace tenga significación, que incida en un aspecto. A mí siempre me interesó andar serpenteando por ambos caminos”.
En tal sentido, el ideario revolucionario de Oktubre, expresado a través de serigrafías que devuelven imágenes de manifestaciones populares, pancartas, la Catedral de La Plata en llamas y, fundamentalmente, un esclavo rompiendo unas cadenas, resume el cruce entre los dos mundos creativos por los que se movió Rocambole, pero además oficia de gran síntesis de los preceptos que el artista ha manejado a lo largo de su trayectoria.
El joven hippie cultor de la autogestión, las largas digresiones filosóficas con el Indio Solari, Skay Beilinson y la Negra Poly Castro para darle forma a conceptos que cristalizaban en obras, y las creaciones que rompen las paredes de las galerías de arte para convertirse en bienes culturales de consumo popular confluyen en esta serie de dibujos que acompaña a la placa caracterizada por clásicos como “Ji ji ji”, “Nadie va a escuchar tu remera” o “Preso en mi ciudad”, entre tantos.
Así queda de manifiesto cuando el propio autor revela en el documental que la elección de la técnica utilizada para ese arte de tapa, la escasez de colores y el minimalismo en los trazos, fueron producto de la falta de recursos económicos del grupo en aquellos años.

“Esa tapa, igual que la de Gulp!, estaba sujeta a las condiciones de producción, como dirían los artistas plásticos rusos. En ese momento no había posibilidad de hacer una ilustración a todo trapo con mil colores. Nosotros provenimos de la cultura hippie y tenemos incorporada esta idea de hacer las cosas uno mismo. La serigrafía es un sistema artesanal de impresión que nos vino al pelo para poder producir esos envases”, reflexiona el artífice de la iconografía ricotera.
Y agrega: “Yo tenía que hacer imágenes que no fueran demasiado complejas, con pocos colores, bien recortadas, porque se trata de un sistema de impresión bien primitivo. Muchas veces las condiciones de producción precarias estimulan la imaginación. Con mejores condiciones de producción, la tapa de Oktubre no hubiera tenido tanto impacto. La necesidad es la madre de la invención, dice el refrán. Salió una tapa primitiva, pero se logró alto impacto con eso”.
Sin embargo, tal como lo repite varias veces en el documental, Rocambole sigue tomando distancia de quienes deciden tatuarse una imagen creada por él. “Yo de eso no me hago cargo, quiero eludir esa responsabilidad”, insiste, espantado por la perpetuidad del dibujo en la piel y en estado de alerta por las resignificaciones que se le puedan conferir a sus obras.
“Como decían los chinos, una imagen vale por mil palabras, contiene en sí misma muchas condiciones de significación -puntualiza-. Algunas veces me he sentido un poco ofuscado por el destino que se les dio. Algunas veces vi imágenes mías dibujadas en banderas, en situaciones que a mí no me complacían. Pero tampoco uno puede decir que es el absoluto dueño de una imagen. Uno tira una imagen al mundo y puede terminar ahí o puede continuar viviendo una vida propia”.«
Rocambole en el camino
Guion y dirección: Marcia Paradiso y Matías González. Estreno: sábado 25 de abril a las 20 en el Cine Gaumont, Av. Rivadavia 1635 (CABA).
