La muerte de Carlos “Indio” Solari generó una ola de despedidas de músicos, artistas y figuras de la cultura. Entre ellas sobresalió la de Ricardo Cohen, más conocido como Rocambole, el artista visual que durante décadas fue responsable de construir la identidad gráfica de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
“Adiós, amigo, tu luz seguirá iluminándonos”, escribió Rocambole en sus redes sociales para despedir al cantante, con quien mantuvo una de las sociedades artísticas más influyentes de la historia del rock argentino.
Para buena parte del público masivo, Rocambole es recordado como el autor de las tapas de los discos de Los Redondos. Pero su aporte fue mucho más profundo. Durante años fue el encargado de diseñar afiches, escenografías, entradas, programas y buena parte del universo visual que acompañó el crecimiento de la banda. Su trabajo ayudó a construir una identidad estética única, inseparable de la música y de la mitología ricotera.

Nacido el 12 de mayo de 1943, en el barrio porteño de Parque Patricios, pasó gran parte de su vida en La Plata. Artista plástico, diseñador gráfico y docente, formó parte de la escena contracultural de fines de los años sesenta y fue uno de los impulsores de La Cofradía de la Flor Solar, la célebre comunidad hippie platense que marcó a varias generaciones de músicos y artistas.
Su vínculo con Los Redondos se consolidó desde los primeros años del grupo y se extendió a lo largo de toda su trayectoria. Bajo el seudónimo Rocambole, inspirado en un popular personaje de folletines franceses, creó la totalidad de las portadas de los discos de la banda y desarrolló una iconografía que terminó convirtiéndose en una marca registrada.
Su obra mezcló elementos de la historieta, el collage, la propaganda política, el surrealismo y la gráfica underground. A diferencia de otros diseñadores vinculados al rock, no se limitó a ilustrar canciones o retratar a los músicos: construyó un universo propio poblado de personajes, símbolos y escenas que ampliaban el sentido de las letras y alimentaban la imaginación de los seguidores.

Entre sus trabajos más emblemáticos se encuentra la portada de Oktubre, probablemente una de las imágenes más reconocibles de la historia del rock argentino. Inspirada en la iconografía revolucionaria del siglo XX, aquella ilustración trascendió el disco para convertirse en un símbolo cultural que todavía hoy aparece en remeras, afiches, banderas, murales y tatuajes.
También fue el responsable de las tapas de álbumes fundamentales como ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado, La mosca y la sopa, Lobo suelto, cordero atado, Luzbelito y Último bondi a Finisterre, entre otros. Con el paso del tiempo, esas imágenes dejaron de ser simples portadas para transformarse en piezas inseparables de la memoria colectiva del rock nacional.
Por eso muchos seguidores suelen definirlo como “el cuarto Redondo”. No porque integrara formalmente la banda, sino porque su trabajo fue decisivo para construir la identidad artística del grupo. En una época anterior a las redes sociales y al predominio de la imagen digital, Rocambole ayudó a que Los Redondos fueran reconocibles incluso antes de escuchar una sola canción.
Su legado excede ampliamente la historia de una banda. A través de su obra demostró que el diseño gráfico podía convertirse en una herramienta narrativa capaz de dialogar de igual a igual con la música. Y que una imagen, cuando logra capturar el espíritu de una época, puede permanecer viva durante décadas.
La despedida que dedicó al Indio Solari resume también el final de una asociación artística que dejó una huella profunda en la cultura popular argentina. Una relación creativa que ayudó a definir no sólo cómo sonaban Los Redondos, sino también cómo se veían y cómo fueron imaginados por millones de personas.
