Por Martín Núñez.
Pero todo se remonta a un año y medio atrás con Yuliya Stepanova. Ella fue la primera en dar la voz de alerta, impulsada por su marido, Vitaly Stepanov, ex miembro de la agencia antidopaje rusa (RUSADA), a brindar una entrevista a una revista alemana en la que denunció irregularidades y manipulación en las agencias controladoras con falsificaciones de los test de cientos de atletas rusos en Londres 2012 y en los Juegos de Invierno Sochi 2014.
Luego de una serie de investigaciones, el COI tomó la decisión de suspender a 67 atletas de ese país pero, cuando se amenazaba con una exclusión masiva, el presidente de ese ente, el alemán Thomas Bach luego de hablar largamente con Vladimir Putin-, no acató los reclamos de la Agencia Mundial Antidopaje y permitió al resto de los deportistas rusos viajar a Brasil.
Los últimos en dar el visto bueno a cada atleta fueron las federaciones de cada deporte y se confirmaron las prohibiciones a miembros del equipo de canotaje, de pesas y de pentatlón por doping positivo. Hoy, la delegación de Rusia, que en un principio era de 387 atletas, es de 302.
Y la historia de Stepanova no tuvo un final feliz: la Federación Internacional de Atletismo le había garantizado su participación en los 800 metros bajo bandera olímpica, pero el COI le negó ese permiso pese a «su contribución».
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